Moceop

Creemos, sin arrogancia, que Moceop ha sido y es un camino de libertad, que ha facilitado el ejercicio libre de los derechos humanos personales y comunitarios. Lo hemos dicho muchas veces; lo habéis dicho muchos y muchas y de muchas maneras: “Moceop es un espacio de libertad y hasta libertario”; espacio, a la vez, “de defensa de las libertades en la Iglesia”. “Somos Iglesia en libertad… horizonte de libertad, en donde la voz de los que no tienen voz en la Iglesia convencional, puede hacerse sentir”.
Moceop “es intuición e hijo del Vaticano II, recreando la igualdad y derribando las fronteras entre laicos y clérigos, hombres y mujeres, célibes y casados, jerarquías y fieles, sagrado y profano”. Para Moceop la libertad es un derecho y un ideal que “nos ha hecho soñar nuevos sueños y olvidar ensueños y pesadillas”

¡ALLÁ TU CONCIENCIA!

Es una frase que se suele usar mucho, después de un intercambio de opiniones y no llegar a un acuerdo: ¡Allá tu conciencia! ¡Allá te entiendas con tu conciencia! Y efectivamente, con la conciencia es con la que tenemos que entendernos y decidir.
Moceop siempre tuvo como principio rector de actuación la libertad de conciencia, porque la autoridad de la conciencia antecede a los códigos y a la administración de las autoridades y rechaza imperativos absolutizadores.

El primado de la conciencia personal es un principio cristiano y evangélico, reconocido por la teología católica de todos los tiempos, a la vez, que es signo de los tiempos comúnmente aceptado y que constituye hoy la calidad ética. Es “ la conciencia personal la que deja en manos de la propia responsabilidad aquellas decisiones que afectan a los modos de amar, esperar, relacionarse”, dice el Grup de Rectors del Dissabte, sacerdotes en parroquias populares y obreras de Valencia.

Desde la libertad de conciencia es desde donde hemos hecho nuestros procesos individuales, hemos afrontado las búsquedas y dudas y hemos tomado decisiones que, en ocasiones, han supuesto graves rupturas vitales y/o soledades.
En conciencia hemos decido vivir experiencias que pertenecen al núcleo más personal: el amor, el sexo, la fe, la maternidad-paternidad, el compromiso social, la participación ciudadana…Desde la conciencia “he captado el sentido profundo de ‘ y vio Dios que era bueno’ y que no hay contradicción entre las aspiraciones, el amor, la fe, la Iglesia, los compromisos sociales, los hijos, el sexo, las culturas, etc…”, decía un moceopero hace algunos años.

MI MADRE ME PARIÓ LAICO

“La dignidad sacerdotal es tanta que merece la pena hacerse sacerdote para decir una única misa y después dejarse morir de asco debajo de una alcantarilla”. Frase lapidaria de un director espiritual de seminario. Tanta era la grandeza que se daba al sacerdocio que se olvidaban de la humanidad. Pues no.

Yo nací laico; laico me parió mi madre. Y Cristo nació y fue parido laico. Y laico vivió. No es de menor dignidad ser laico que sacerdote. Lo digno, igual para todos, es ser humano.
Por eso uno de los objetivos específicos de Moceop es la lucha por la desclericalización de la Iglesia. Muchos de los integrantes del movimiento hemos pertenecido al clericalato, a la casta sacerdotal; éramos “los liberados para lo sagrado”. Y nos dimos cuenta de que desde este pedestal o trono “no se veía la tierra”; estábamos “segregados puritanamente del común de la gente mediante un estilo de vida raro y especial (hábito, soltería, sin trabajo corriente, ser llamado padre, mucha pompa ritual,etc…) y empezamos a “liberarnos de esa sublimación ideológica que nos llevaba a seguir sacrificando casi todo a la trascendencia sublime”.

Y apostamos por la libertad del estado laical; “nos sentimos libres y felizmente retornados a la común y originario, reencontrados con la fraternidad inicial”, decíamos el año 1.988 en una Asamblea de Moceop. “Esto no suponía una reducción al estado laical, como la oficialidad nos exigía. ¡Reducción! Qué palabra tan fea, qué mentalidad tan triste, qué práctica tan poco cristiana.

El creyente laico, al igual que las creyentes nunca son personas reducidas, disminuidas, venidas a menos o quedadas incompletas. Volver al laicado era vivir en la libertad de los hijos de Dios sin perder nada en el camino y sin “caer en un proceso de descomposición personal o deterioro espiritual”; era “ir descubriendo de qué maneras Dios se manifiesta en lo secular”…”tanto más cerca de lo temporal, tanto más fácil me resulta el descubrimiento de la presencia de Dios en lo que vivo”, reconocía un laico después de bajar del trono clerical.
En esta libertad laical hemos encontrado otras formas ministeriales, entre ellas el amor, ministerio compartido y el matrimonio, sacramento de vida.

PROFETIZANDO A LO LIBRE

En Moceop siempre nos hemos sentido Iglesia, Por eso la función profética nos ha urgido como una misión que todavía nos incumbe. Anunciar y denunciar siguen siendo tareas y deberes prioritarias para nosotras/os, desde esa zona de marginación eclesiástica en la que nos encontramos las gentes de Moceop, simpatizantes y lectores de la revista: curas secularizados, esposas de curas y laicos.

Desde la marginalidad podemos y debemos evangelizar con libertad. Intentamos hacerlo desde lo cotidiano, en un contexto de vida de familia, laboral asociativo o social, “dejando que hablen nuestras vidas, nuestros estilos, nuestros trabajos, nuestras referencias, nuestras ideologías”, decíamos hace tiempo. Evangelizar, sí. No eclesiangelizar (palabrota inventada por un cura de barrio simpatizante de Moceop, luego cura casado) Eclesiangelizar es una peligrosa herejía de nuestro tiempo; es “anunciar a la Iglesia en lugar de anunciar a Cristo, sustituir la buena noticia del Evangelio por la institución”

La denuncia libre y sin censuras eclesiásticas nos hace ser profetas sin presunción ni chulería. Hemos denunciado, denunciamos, la falta de libertad de pensamiento y de expresión en la Iglesia, la falta de libertad de disenso, de celebración, la falta de valoración personal, de corresponsabilidad, de aceptación de lo femenino, etc… Estas y otras denuncias son gritos de libertad, que reclaman un cambio de actitud en la Iglesia jerárquica. El disenso, la expresión, la creatividad, la innovación, la corrección fraterna, la igualdad son virtudes públicas de la Iglesia, que a nadie se le pueden prohibir. Con la denuncia, no pretendemos, como a veces se nos ha tachado, abolir la jerarquía ni enmudecer su voz. Sólo se pretende que la jerarquía ocupe el lugar que le corresponde con el único poder de servicio que le asignó Jesús; y así el pueblo, los humildes, los excluidos podrán tener su lugar en esta iglesia discipular, pueblo de Dios.

Un instrumento de nuestra libertad profética ha sido, es, nuestra revista Tiempo de Hablar-Tiempo de Actuar, que, sin bendiciones ni subvenciones episcopales, se ha convertido en “un marco de expresión libre del mensaje de Jesús y de su Espíritu y el espacio más asequible donde se pueden beber aires de libertad en el campo de las ideas y vivencias de fe cristiana desde otra perspectiva humana y social”, según lo han reconocido varios de nuestros lectores.

LIBERACIÓN DE LO FEMENINO LIBERACIÓN DE LA MUJER

La liberación de la mujer, la presencia de lo femenino y la valoración positiva de la sexualidad son asignaturas pendientes en la Iglesia, a la vez que carencias fundamentales.
Desde nuestra andadura hemos “exigido que se resitúe lo femenino en nuestra iglesia y nos hemos comprometido a resituarlo en nuestras vidas y en las de nuestras comunidades”.
Muchas de vosotras y nosotros hemos vivido un encuentro en el amor que inicialmente fue gratificante y que con el tiempo se fue convirtiendo también, y a la vez, en cuestionador: la presencia de la mujer en pie de igualdad; “presencia que necesariamente renueve, fecunde y termine aportando todo lo que del mensaje evangélico en una iglesia machista no ha sabido desentrañar o ha ocultado interesadamente”

Creemos que es tarea importantísima y urgente a realizar dentro de la vivencia cristiana, porque la mujer sigue estando oprimida en la iglesia y en la sociedad; crece y se socializa en un ambiente patriarcal, dominado por varones; “se le supone sumisa, pasiva, dependiente, senti-mental. Se le reserva para «profesiones de servicio, como mano de obra barata, dócil e insustituible». Es una compañera de vida desigual. En la Iglesia se la considera impura desde el punto de vista ritual, debido a su menstruación (de ahí los ritos de purificación). Se la propone como ideal de esposa sumisa, casta, trabajadora e incluso sufrida. La forma de ganarse más respeto es abrazar la virginidad. Los hombres, en contra, son los mediadores rituales y controlan los papeles de autoridad y sacerdotal, dice el teólogo indio Amaladoss.

Así mismo tendremos que seguir abriendo caminos de libertad en la sexualidad, considerándola como parte substancial de la humanización integral. No hay que negarla, sino aceptarla para que dé fruto en una generatividad polifacética que se oriente a promover la vida. “La sexualidad es –dice un moceopero- una vivencia trinitaria: Padre-Hijo-Amor; Esposa-Esposo-Amor”

En un contexto cultural más amplio, la liberación de la mujer, la sexualidad vivida como don de Dios, supone, en realidad, la liberación de lo femenino que hay en todos nosotros. Lo masculino y lo femenino son dos elementos de una misma totalidad, simbolizados de diversos modos mediante el yin y el yang, el amor (ágape) y la sabiduría (gnosis), la contemplación y la acción, lo cósmico y lo metacósmico. Esta visión hay que hacerla vivencia cristiana. A ello ayudaría la visión de Dios como masculino y femenino, desafiando la concepción patriarcal reinante en la Iglesia oficial, tradicional.

No es que se trata de adscribir características sexuales a las diferentes personas del a Trinidad, pero sí de utilizar más las imágenes femeninas que la Biblia utiliza para hablar de Dios: señora (Sal 123,2),matrona y enfermera (Sal, 22,9-10), parturienta (Is. 42,14), madre (Num. 11,12;Os. 11,3-4). Nos ayudaría a superar el machismo, si miramos a Dios no sólo como Padre y Amante, sino también como Madre y Amada. “De este modo incluso todas las relaciones humanas sentimen-tales y de parentesco pueden simbolizar la relación humano-divina. Por eso, se debe pedir a la Iglesia que tenga una postura inclusiva respecto a lo masculino y lo femenino, ya que las dos dimensiones, masculina y femenina, promueven la armonía y la igualdad entre hombres y mujeres.

TODA LA LIBERTAD

Podríamos ir enumerando otras libertades y/o sueños de libertad vividos, o al menos intentados, por muchas y muchos cercanos a Moceop. Así la libertad social, como elemento básico para encontrar un lugar en la ciudadanía; libertad en lo celebrativo-oracional como expresión de la vivencia cristiana personal y comunitaria; libertad en lo laboral-profesional, en lo económico ( con el sudor nos ganamos el pan), en lo cultural, etc..para ir capeando el temporal y no caer en globalizaciones, consumismos, fundamentalismos; libertad ecuménica, como proyecto interreligioso de liberación; liberación integral para llegar a la plena humanidad.

Me ha gustado mucho el libro “VIVIR EN LIBERTAD. Las teologías de la liberación del continente asiático” del teólogo indio Michael Amaladoss, del que extraigo estos párrafos, para terminar: “Para vivir en armonía necesitamos ser libres. No es sólo una libertad de las múltiples fuerzas que nos oprimen, ya sean del exterior mediante personas, ya internas como cosmovisiones y sistemas de valores interiorizados; es también la libertad de nuestras propias limitaciones, como el egoísmo y el deseo, tanto individuales como colectivos. Cuando seamos liberados de estas opresiones, externas e internas, seremos libres: libres para vivir de forma auténtica, para relacionarnos, para crear comunidad, para vivir en armonía con todo el universo”

   
© 2012 Redes Cristianas Suffusion theme by Sayontan Sinha