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¿Cómo escribir una carta a esa Energía Divina de amor y de luz, que me habita, que habita en mis entornos que se expande en la tierra y el agua? ¿Cómo decirle? ¿Cómo interpelarlo/la? En otras etapas de mi vida, me habría sido más fácil: Desde distintos imaginarios: Dios padre creador – omnipresente, Dios de Jesús y de María de Nazaret, Dios de la vida y la liberación… mi ser estaba siempre lleno de palabras a Dios: preguntas, reclamos, interpelaciones… ¡agradecimientos por supuesto!

Pero ahora, desde la altura de mis años y desde la vaga conciencia de una Energía Divina a la que no puedo aprisionar ni encasillar en una imagen… a la que apenas puedo expresar de alguna forma… las palabras se esconden, las preguntas se enrollan en sí mismas, el silencio y asombro es lo único que me llega. Por ello, en estas líneas voy a hacer un gran esfuerzo de expresión, partiendo de una realidad rotunda y clara: hablo de y a una metáfora, me comunico con imágenes difusas de una Realidad que se escabulle en cada intento de retenerla, de una Realidad de la que la teología puede opinar muy poco, de una Realidad a la que recurrimos con facilismo y ligereza.

¿Y qué puedo decir?
Eres una presencia contundente y real en todo el recorrido de mi vida. Eres añoranza y búsqueda, eres consuelo y norte… Eres inseguridad y roca que sostiene. Eres horizonte, llamada y paradigma. Eres la alegría serena, la paz incontestable, la felicidad intermitente. Eres la Presencia abarcante que siempre ha sido testimoniada por hombres y mujeres, desde lo más profundo de los siglos.

Muchas veces me ha habitado la rebeldía al atribuirte poderes que hoy no sé cómo realmente funcionan (El Dios Crucificado):
¿Por qué el dolor… por qué la injusticia… por qué el mal en el mundo? ¿Por qué permites que el corazón humano sea habitado por tanto sentimiento enfermo y dañino? ¿Por qué no se logra motivar la hermandad? ¿Por qué no deslumbras y paralizas con tu aliento?

Otras veces me ha habitado y habita la tristeza:
¿Por qué las iglesias han dañado tu imagen? ¿Por qué la mediación se ha convertido en un cristal que empaña y que deforma?
¿Por qué tu imagen se ha manipulado para dañar a las mujeres y para marginar a los sin-poder?
¿Por qué se han apropiado algunos del supuesto camino que pueda conducirnos a mujeres y a hombres a la vivencia de tu Divinidad?

¿Y qué puedo decir?
Me duele tu silencio en este mundo posmoderno, ciudad globalizada.
Me duele tu silencio en este siglo XXI tan lleno de conquistas y de técnicas, tan lleno de los mapas genéticos y de los ADN.
Mundo en el que supuestamente no haces falta, mundo en el que trascenderse a sí mismo no se busca, no se desea y en muchas ocasiones no se puede.
Me duele tu silencio en las dinámicas de horribles desniveles y desigualdades en las cuales mientras algunos viven en paraísos de confort y de lujo, otros no alcanzan al alimento diario, al cobijo que abriga.
Me duele tu ausencia en mi país en el que la injusticia, la guerra y el dolor dañan la vida y la no vida.

Me duele tu silencio en el camino de la ética que hombres y mujeres no hemos podido encontrar más allá de imposiciones y de dobles morales.
Me duele la no-ética, la incapacidad del cuidado hacia la comunidad humana más lejana o más próxima, hacia la madre tierra, hacia el agua -manantial de la vida-.
Me duele la devaluación de tu imagen, convertida tantas veces en oferta de supermercado para el mejor postor, el programa de televisión para el que más bulla logra hacer… Pasión de búsqueda que quedó reducida a un centímetro cuadrado de profundidad.
Me duele intensamente tu imagen masculina que nos excluye a las mujeres del ámbito sagrado.

Quizás esta carta, escrita en vísperas de esa celebración tan bella, si horadamos su esencia: la gran metáfora del Dios encarnado, hecho un niño en los límites de una ciudad en fiesta… Dios en un vientre femenino en gestación y espera… puede terminar finalmente en una invitación:
Regala a nuestra historia una dinámica nueva, una dinámica de profundización que nos permita encontrar otros rumbos… habita el corazón de los humanos de tal forma que logremos un círculo hermanado de reconciliación, para que en este tiempo descubramos la realidad de las palabras de Hildegarda de Bingen:
La Palabra Divina está en toda la creación, visible e invisible.
La Palabra está viva, existe,
Espíritu, todo verdor,
todo creatividad.
Esta palabra destella en
cada criatura.
Es así como el Espíritu está encarnado
-la Palabra lo Divino son indivisibles.

Termino finalmente invitando a los hombres y mujeres que lean estas páginas a que no se pronuncie tu santo nombre en vano, a que hinquen su rodilla y eleven sus manos y su pecho ante una Realidad que nos trasciende y nos llama más allá de nosotros y nosotras… a que no manipulen esa imagen que sólo puede ser un símbolo abierto al más allá. A que no bendigan a Dios al mismo tiempo que ignoran al vecino-vecina que pasa por su lado.

Entre todas y todos podemos traer a la Divinidad encarnada a nuestro mundo. Como nos dejó dicho Meister Eckhart: La semilla Divina está en nosotr@s. Si la semilla tiene algo bueno, sabio y trabajador que la cultive se desarrollará mejor.

Cali, Noviembre de 2013

   
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