VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Querido Mohamed, hijo mío querido, mi niño:
Porque así te sigo viendo, pequeño y precioso, con tus ojos oscuros y esos rizos tan bonitos que te cubrían la frente. Mi niño, acurrucado en mis brazos y agarrando
con tus manitas mi pecho mientras te alimentaba. Mi niño…
Mi niño, el mayor de todos nuestros hijos, tan serio y responsable, siempre pendiente de tus hermanos, siempre deseando ayudar a tu padre y a mí. Te veo joven y fuerte trabajador, sin cansarte nunca.

Por eso querías ir a España, a un sitio que te habían dicho, donde había grandes campos para recoger frutas en la primavera. Nos costaba dejarte ir pero ya eras mayor y libre de hacerlo. Ahorraste para el viaje y te vimos marchar alegre porque ibas a algo bueno y tu deseo era mandarnos dinero pronto.
Nos llamaste al llegar a Algeciras y decías que desde allí se veía nuestro país muy cerca; que era bonita España.
Encontraste a unos chicos de Senegal que también iban para esos campos que te habían dicho.

Luego era difícil hablar contigo; pasaban días y no sabíamos de ti pero pensábamos que estabas trabajando y no podías llamar. Tampoco nos mandabas fotos y eso
nos extrañaba porque queríamos conocer donde estabas.
¡Cómo íbamos a pensar que ibas a tener que vivir entre cartones y plásticos en medio de un descampado seco, sin luz, sin agua, sin retrete, casi sin techo! ¡Cómo ibas a decirnos que la primera noche ni siquiera en la estación de autobuses os dejaron poner vuestras maletas en el suelo y dormir…! ¡Cómo ibas a decirnos la cantidad de horas que echabas en el trabajo y lo poco que te daban en pago! ¡Cómo ibas a llamarnos si tenías que andar muy lejos hasta encontrar un punto de luz para cargar el móvil!

Por eso no nos mandabas fotos. No querías que supiéramos lo mal que se está allí.
Y ahora me vienen muchas, muchas preguntas, que se me agarran a la garganta y me duelen. ¿Cómo dormías, Mohamed? ¿Cuánto debías caminar para encontrar agua
buena? ¿Qué comida podías hacer? ¿Dónde la comprabas? ¿Cómo te aseabas tú, tan limpio siempre? Y la ropa ¿dónde la lavabas? ¿Qué hacías si te encontrabas
enfermo?

No quiero recordar el momento en que supimos que habías muerto. Pero ¿cómo? ¿un accidente de coche? ¿una enfermedad? No. No. Un incendio mientras dormíamos.
Nunca nos lo hubiéramos imaginado. Nunca. En ese país que creemos rico…morir así. Qué injusto, qué triste. Qué terriblemente triste.

Tu compañero Mamadou se ha encargado de todo. Nos entendemos bien con él, que también habla francés. Él tiene quemaduras en las manos, no puede trabajar con
ellas y quiere volver con su familia.
Nos consuela saber que tenías muchos amigos, que te veían alegre y bondadoso; que te gustaba una chica rubia y bonita que era de otro país de Europa y que tú también
le gustabas a ella. ¡Y a quién no le gustarías tú, Mohamed, hijo mío querido, mi niño! Nos gustaría escribirle.

Nos ha dicho que había personas buenas en España, que se preocupaban por vosotros; que había un albergue donde podíais encontrar servicios y comida pero erais
tantos que apenas podía vivir allí un grupo pequeño.
Nos ha dicho que han escrito cartas al gobierno para que quienes vayan a trabajar ahí tengan un sitio para vivir.
Ojalá sea así y ninguna madre, ningún padre, ninguna novia ¡nadie! sufra lo que nosotros estamos sufriendo.

Tengo mucha pena, mucha pena y también tu padre y tus hermanos pero estamos orgullos de ti porque siempre has sido bueno, porque solo soñabas con trabajar para
ayudarnos a salir adelante.
Queremos pensar que no sufriste al final, que tu espíritu bondadoso sigue con nosotros, que te cubre la paz, que el amor sigue uniéndonos.
Y te sigo viendo, pequeño y precioso, con tus ojos oscuros y esos rizos tan bonitos que te cubrían la frente. Mi niño, acurrucado en mis brazos y agarrando con tus manitas mi pecho mientras te alimentaba. Mi niño…

Mayo 2022

   
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