VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Mons. Cristóbal Bialasik:
Te escribo con toda sinceridad, desde el lugar de mi exilio, al que me has condenado, sin tener el valor de reconocerte responsable de la decisión de destituirme de Rector del Santuario de la Virgen del Socavón y echarme de Oruro.

Tú bien conoces el deseo de una Orden religiosa, de tener la mayor armonía y colaboración con la iglesia local donde están presentes sus comunidades. Por eso el Prior Provincial ha accedido a tu exigencia e imposición de mi traslado. Reconocerlo públicamente, sin mentir, a pesar de la gravedad del hecho, te habría obtenido la dignidad que has perdido tirando la piedra y escondiendo la mano. No puedo entender porqué has mentido al clero y al pueblo.

Has visto la reacción espontánea de la gente. El caso mío ha sido sólo el detonador, la chispa que hizo estallar la dinamita acumulada en años de sufrimiento. El pueblo no se ha manifestado sólo en mi defensa. Quiso manifestar su descontento y su profunda molestia por tu forma de conducir la iglesia local.

Muchos se han preguntado sobre los motivos de tu larga persecución en contra mío, concluida triunfalmente con mi alejamiento: tal vez por mi edad (los ancianos son muy respetados en el mundo andino); tal vez por mi exposición en los medios de comunicación (san Pablo hoy los usaría muy eficazmente); tal vez por los celos por un Santuario que ha llegado a ser un Centro de evangelización tan importante (la devoción a la Virgen del Socavón está en el corazón de todos los orureños y de la mayoría de los bolivianos); tal vez por el deseo de apropiarte del Santuario y del “tesoro del templo” (el Santuario, su progresivo embellecimiento, las obras sociales que lo rodean, son fruto de duro trabajo y de la generosa colaboración de bienhechores nacionales y extranjeros, sobre todo de otros Santuarios marianos de la Orden de los Siervos de María).

Tú decías también que exigías mi alejamiento por mis errores. Pero nunca te has animado a indicar al menos uno, tal vez consciente de tu fragilidad teológica, bíblica y espiritual. Estudias el derecho canónico más que el evangelio.

A pesar de todo esto, yo te perdono, por lo que depende de mí.

Y me permito darte un consejo (aunque tú no quieras aceptar consejos de los que consideras jerárquicamente inferiores a ti): no vuelvas a Oruro.

Oruro no te necesita. Bolivia no te necesita. Es un pueblo sufrido, explotado y humillado por siglos. Ahora está levantando la cabeza y construyendo con dificultad su identidad rica y compleja. No vengas a imponer tu autoridad tan condicionada por tu formación polaca y tus complejos psicológicos, exigiendo dependencia y sumisión como a un antiguo señor feudal de la edad media o a un patrón del tiempo de la colonia.

Tus métodos pastorales más que a la figura del Buen Pastor, se acercan a las actitudes de los pastores de que habla el profeta Ezequiel: “Profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Se comen su enjundia, se visten con su lana, matan a las más gordas, y las ovejas no las apacientan. No fortalecen a las débiles ni curan a las enfermas ni vendan a las heridas; no recogen las descarriadas ni buscan a las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras salvajes… Esto dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentar a sí mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar” (32, 2-5. 10).

¡Cuántos son los laicos que has perseguido en estos años! ¡Cuántos sacerdotes han tenido que dejar la diócesis! Y conociéndote, ya se puede prever cuáles serán tus próximas víctimas.

¡Quédate en Polonia! Pero no busques allá otra diócesis. Has demostrado claramente tu incapacidad en dirigir una iglesia local. Te sugiero que busques un Santuario allá, donde aprendas a escuchar el dolor y el sufrimiento del pueblo, ofreciendo la acogida y la misericordia del Padre, ministro de reconciliación y de paz.

Podrás celebrar allá algún pontifical solemne, que tanto te gusta, con los ornamentos más preciosos y los aplausos de los fieles.

No vuelvas a Oruro. No vuelvas a Bolivia.

Atte.

P. Bernardino Zanella

Santiago de Chile, 08/05/2012

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

   
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