VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Comunidad de base3Brasil, agosto de 2021.
CEBs juveniles: “Colaboradores del Reino”.
Aunque se pueda discutir si la Constitución Dogmática Lumen Gentium deba ser considerada la “piedra angular” de todos los documentos conciliares 4 , no se puede negar que, desde el final de la primera sesión, bajo la fuerte influencia de los cardenales Suenens y Montini, se fue imponiendo cada vez más la tesis de que la
discusión sobre la Iglesia era el gran objetivo del Concilio. Y en esa discusión, un punto fundamental se refiere a la estructura social de la Iglesia que es inseparable de su misión de ser “signo e instrumento” de salvación o del reinado de Dios en este mundo.

Es verdad que el Vaticano II no superó completamente la comprensión clerical clásica de la Iglesia, formulada en términos de “jerarquía y laicado”. Pero, al comenzar hablando del “pueblo de Dios” y, sólo después, distinguir en ese pueblo los distintos carismas y ministerios, el Concilio puso las bases para una comprensión de la Iglesia como “comunión” que después se va a explicitar y formular en términos de
“comunidad, carismas y ministerios” 5 .

Esa nueva comprensión de la Iglesia encontró en las comunidades eclesiales de base (CEBs) en América Latina su expresión más básica, más creativa y más fecunda. La Iglesia como pueblo de Dios con sus carismas y ministerios se realiza primariamente en comunidades concretas que se constituyen como lugar de oración, de
vida fraterna y de compromiso con los pobres y marginados y como lugar donde se ejercitan y se desarrollan carismas y ministerios importantes y necesarios para la vida de la comunidad y el ejercicio de su misión en el mundo.

Esas comunidades de base son en sí mismas y simultáneamente “signo” (expresión) e “instrumento” (mediación) de salvación o del reinado de Dios en este mundo.
Aquí está una de las intuiciones y una de las características más importantes y más originales del proceso de recepción del Concilio en América Latina: la traducción/concreción del “pueblo de Dios” en términos de “comunidad eclesial de base”. Ciertamente la Iglesia como pueblo de Dios no se agota en la
comunidad de base, pero tiene ahí su expresión más elemental y más fundamental. Y ciertamente la Iglesia latino-americana desarrolló muchos otros procesos creativos y fecundos de comunión eclesial (colegialidad episcopal, comprensión y ejercicio del ministerio episcopal y presbiteral, vida religiosa inserta, carismas y
ministerios, estructuras de coordinación pastoral etc.), pero todos esos procesos, de alguna forma, están vinculados a esa expresión básica y fundamental del pueblo de Dios que es la comunidad eclesial de base.

En el Documento (15,10) sobre “Pastoral de Conjunto”, Medellín habla de las “comunidades de base” como:
1. Pequeñas comunidades que permiten la “convivencia personal fraterna”;
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3 Doctor en teología por la WestfälischeWilhelms-Universität Münster – Alemania; profesor de teología en la Faculdad Católica de Fortaleza (FCF) y en la Universidad Católica de Pernambuco (UNICAP); presbítero de la Diócesis de Limoeiro do Norte – CE.
4 Cf. PHILIPS, Mons. La Iglesia y su misterio em el II Concilio del Vaticano.
Historia, texto y comentario de la Constitución Lumen Gentium.
Tomo I. São Paulo: Herder, 1968, p. 1.
5 Cf. CNBB. Misión y ministerio de los cristianos laicos y laicas. São Paulo: Paulinas, 2012, Nº 104-105.
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2. “Comunidades de fe, esperanza y caridad”;
3. “Primer y fundamental núcleo eclesial” o “célula inicial de la estructura eclesial” y
4. Renovación de la parroquia;
5. “Foco de evangelización” y “factor primordial de promoción humana”;
6. Comunidades que tienen sus “lideres o dirigentes” y en las que todos los miembros asumen la misión “sacerdotal, profética y real”;

7. Finalmente, como “un signo de la presencia de Dios en el mundo” 6 .
Las CEBs marcaron decisivamente el proceso de recepción del Concilio en América Latina y por décadas se impusieron como el hecho eclesial y social más importante de nuestra Iglesia. Mucho se ha escrito sobre ellas, tanto desde el punto de vista teológico-eclesial, cuanto desde el punto de vista sociocultural 7 . Un aspecto
decisivo, aunque tenso y ambiguo, para esa importancia de las CEBs y el carácter institucional que ellas adquieren en las conferencias de Medellín y Puebla.

Aparecen en los documentos finales de esas conferencias no sólo como una experiencia identificada y hasta valorizada en América Latina, sino como proyecto pastoral o,
en todo caso, como parte integrante y fundamental del proyecto pastoral que se diseña y se propone para el conjunto de la Iglesia latinoamericana. Es verdad que esto nunca fue tan tranquilo y consensuado como puede parecer a primera vista y que fue, inclusive, uno de los puntos tensos y controvertidos en Puebla. Pero no se
puede minimizar el hecho de que, en medio de tensiones y conflictos, fueron asumidas oficialmente como orientación/ propuesta pastoral para todo el continente y que eso fue asumido por una parte significativa de la Iglesia y en un contexto de creciente movilización y organización social en América Latina.

Pero esa situación cambió radicalmente en el contexto eclesial que se va diseñando e imponiendo en América Latina a partir de los años 80. Y es de fundamental importancia analizar la actual situación eclesial (diagnóstico) para comprender bien el lugar y las perspectivas de las CEBs en ese nuevo escenario eclesial (pronóstico).

I – CONTEXTO ECLESIAL ACTUAL
Las CEBs aparecen en Medellín y Puebla en el contexto y en el horizonte más amplios de recepción del Concilio y renovación de la Iglesia en América Latina: el “pueblo de Dios” tiene su concreción más básica y elemental en la “comunidad eclesial de base” y la misión de ser “signo e instrumento” de salvación o del reinado de Dios en el mundo se realiza en la vida fraterna y en el compromiso con los pobres y marginados.

Aparecen, por lo tanto, como elemento fundamental de la estructura de la Iglesia (“primer y fundamental núcleo eclesial”, “célula inicial de la estructura eclesial”) y como lugar y forma privilegiados de ejercicio de su misión en el mundo (vida fraterna, opción por los pobres y compromiso con la justicia) y son presentadas
oficialmente como proyecto pastoral o, en todo caso, como elemento fundamental del proyecto pastoral que se diseña y se propone para el conjunto de la Iglesia.
Este aspecto institucional de las CEBs fue fundamental para su desarrollo cuantitativo y cualitativo y para su importancia en la Iglesia y en la sociedad. No obstante sus ambigüedades y contradicciones, sin él no se pueden entender adecuadamente las CEBs ni mucho menos el florecimiento y el impacto socio-eclesial que tuvieron en las décadas de los 70 y 80.

Tanto que, en la medida en que la Iglesia latinoamericana, sobre todo a
partir de la segunda mitad de los años 80, va tomando otros rumbos pastorales, las CEBs van perdiendo progresivamente fuerza, relevancia y espacio en el conjunto de la Iglesia.
Es verdad que se continuará hablando de CEBs en la Iglesia, inclusive en los documentos del CELAM y de las conferencias episcopales. Pero, además de las sospechas, advertencias y correcciones que normalmente acompañan o están detrás de esas expresiones, la perspectiva eclesial es muy otra: por un lado, las CEBs ya no
aparecen como el “núcleo fundamental” o la “célula inicial” de la estructura eclesial, sino como una organización o hasta como un movimiento entre otros.

Por otro lado, y esto es aun más determinante y decisivo, se va imponiendo una comprensión de la misión o evangelización (la llamada “nueva evangelización”)
de carácter marcadamente religioso y doctrinal que, aunque no lo niegue explícita y teóricamente, en la práctica, poco a poco, va relativizando y hasta prescindiendo del compromiso con los problemas sociales y del
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6 Cf. CELAM. “Conclusões de Medellín”. In: Conclusões da Conferência de Medellín – 1968. Trinta anos depois, Medellín ainda é atual: São
Paulo: Paulinas: 2010, p. 207ss.
7 Cf. MATOS, Henrique Cristiano José de. CEBs: Uma interpelação para ser cristão hoje. São Paulo: Paulinas, 1985; MUÑOZ, Ronaldo. A
Igreja no povo: Para uma eclesiologia latino-americana. Petrópolis: Vozes, 1985; TEIXEIRA, Faustino Luiz Couto. A gênese das CEBs no
Brasil: Elementos explicativos. São Paulo: Paulinas, 1988; BOFF, Leonardo. E a Igreja se fez povo. Eclesiogênese: A Igreja que nasce da fé do
povo. Petrópolis: Vozes, 1991; BOFF, Clodovis [et al.] As Comunidades de Base em questão. São Paulo: Paulinas, 1997.
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compromiso con los pobres y la justicia social. Se trata de un proceso progresivo (más práctico que teórico) de la cerrazón al mundo y del auto-centrismo eclesial.
Si las CEBs nacieron y se desarrollaron en un contexto de renovación eclesial y como parte o elemento esencial de ese contexto, a partir de la segunda mitad de los años 80 se encontraron en un contexto eclesial extremadamente adverso, tanto desde el punto de vista de la estructura eclesial, cuanto, sobre todo, desde el
punto de vista de la acción pastoral-evangelizadora. Si antes eran asumidas y propuestas oficialmente como parte o aspecto esencial del proyecto pastoral para toda la Iglesia latinoamericana, perdieron esa centralidad institucional y, en la mejor de las hipótesis, son aceptadas y/o toleradas como una posibilidad entre otras, pero
ya no como elemento esencial para toda Iglesia.

Esa pérdida de centralidad institucional repercutió mucho en la importancia y en el lugar de las CEBs en el conjunto de la Iglesia. Por un lado, es cada vez menor el número de comunidades que se reconocen como CEBs, y menor aún el número de comunidades que se identifican y asumen con convicción esa forma de ser
Iglesia. Buena parte de las comunidades que existen hoy y de sus líderes nunca oyó hablar de CEBs. Por otro lado, ese modo de ser Iglesia, comprometido con los pobres y marginados y sus luchas y organizaciones, y cada vez más marginal y extraño en la Iglesia. La inmensa mayoría de las comunidades está reducida al culto y a la
doctrina y tiene un carácter marcadamente devocional-pentecostal. Y todo eso desafía a las CEBs a repensar su lugar (cada vez más marginal) y su actuación (cada vez más profética) en el conjunto de la Iglesia.

II – PERSPECTIVAS PARA LAS CEBS

Ante todo es preciso reconocer que la Iglesia cambió mucho y cambió en dirección contraria al Concilio Vaticano II y su recepción en América Latina a partir de la Conferencia de Medellín. Y eso tuvo muchas implicancias en la vida de las comunidades eclesiales de base, en cuanto expresión privilegiada del modo de ser
Iglesia que se gestó a partir del Vaticano II y de Medellín.

Ese modo de ser Iglesia se hizo cada vez más marginal en el conjunto de la Iglesia. Y no sólo desde el punto de vista de la orientación y conducción pastoral por parte de los ministros ordenados, sino también, y lo que es peor, desde el punto de vista de las bases de la Iglesia y de sus líderes. Sin olvidar ni desconsiderar el peso
decisivo que los medios religiosos de cuño pentecostal-devocional-conservador (católicos y protestantes) tiene en el imaginario religioso y en la vivencia religiosa actuales. Tenemos una Iglesia profundamente auto-centrada
y clerical. Eso ayuda a comprender, inclusive, las resistencias que el Papa Francisco ha encontrado en su proyecto de renovación eclesial – un verdadero “cisma blanco” en que, aun cuando no se hacen críticas abiertas y hasta se le tejen elogios (“el santo padre”) y se lo cita (¡muy selectivamente!), no se toman en serio o hasta se
boicotean sus orientaciones pastorales 8 .

En ese “nuevo” contexto eclesial, las CEBs ocupan un lugar marginal en el conjunto de la Iglesia. En general, en la mejor de las hipótesis, son aceptadas o toleradas como una entre las muchas expresiones eclesiales y una expresión poco relevante y poco atrayente. Y eso ha generado muchas desilusiones y ha desafiado a sus líderes a encontrar formas creativas y eficaces de “conservar la fe” en un mundo y en una
Iglesia que, en muchos aspectos, va a contramano del Evangelio de Jesucristo.
Parte de sus líderes históricos más convencidos y creativos fue siendo marginada y excluida de las instancias de articulación y coordinación pastoral de las parroquias y diócesis y/o desilusionándose y apartándose de esas instancias y, poco a poco, perdiendo espacio en las comunidades y pastorales.

Aun conservando la fe y reconociéndose como Iglesia, no encuentra más espacio o no se encuentra más en los actuales espacios eclesiales (excesivamente devocionales y reducidos a culto y doctrina y con mentalidades y relaciones de poder profundamente clericales). Esa situación, dolorosa y comprensible, acaba produciendo en
la vida de algunas personas un proceso de des-eclesialización de la fe que es trágico para la propia vivencia de la fe. Una nueva versión del “Jesucristo, sí; Iglesia, no”. Ese proceso de des-eclesialización de la fe se da tanto en la medida en que se prescinde explícitamente de la comunidad (no es necesaria) cuanto, y de modo más
sutil, en la medida en que, aun afirmando su importancia, no se vincula a ninguna comunidad real/concreta (idealización de la comunidad). Y eso es trágico para la propia vivencia de la fe porque compromete un aspecto fundamental de la fe que es constituirnos real/visiblemente como comunidad (“pueblo de Dios”, “cuerpo de
Cristo”, “templo del Espíritu”) y porque, al prescindir de la comunidad real/concreta, acaba reduciendo la fe a
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8 Cf. AQUINO JÚNIOR, Francisco de. “50 anos de Medellín – 5 anos de Francisco: Perspectivas teológico-pastorais”. Perspectiva Teológica 50
(2018) p. 41-58, aqui 45s.
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una cuestión individual y disolviendo su carácter de cuerpo y/o de fuerza social y, así, comprometiendo su eficacia en el mundo.
Otros líderes, a su vez, han resistido profética y creativamente en comunidades de base, en áreas pastorales, organismos y servicios sociales, en estructuras parroquiales y diocesanas y en articulaciones de sectores populares de la Iglesia. Saben que la Iglesia, en las últimas décadas, tomó un rumbo muy diferente y en
muchos aspectos hasta contrarios a los rumbos dados por el Concilio Vaticano II y su recepción en América Latina a partir de la Conferencia de Medellín. En el lenguaje del Papa Francisco, se fue volviendo cada vez más una Iglesia “auto-referencial y auto-centrada” (en vez de una “Iglesia en salida hacia las periferias”) y una Iglesia
clerical (en vez de una Iglesia pueblo de Dios con sus carismas y ministerios). Pero saben también que la fe nos hace Iglesia y se vive en Iglesia (comunidad concreta/real y no sólo ideal) y que la misión se realiza como Iglesia
y no sólo como individuos (cuerpo o fuerza social) y no se desentienden de ese aspecto fundamental de la fe y de la misión.

Por eso resisten profética y creativamente en la vivencia eclesial de la fe y en el ejercicio eclesial de la misión. Y de muchas formas: participando de comunidades y áreas pastorales; asumiendo servicios o ministerios en la comunidad; articulando comunidades y sectores populares de la Iglesia; sensibilizando comunidades y áreas pastorales con los problemas y las luchas del pueblo; vinculando esos problemas y esas luchas a la catequesis, a la lectura de la Biblia y a la liturgia; estando atentos a las diversas situaciones de sufrimiento que marcan la vida de tanta gente; haciendo trabajo de base con adultos, niños/as, adolescentes y jóvenes; despertando, cultivando y acompañando nuevos liderazgos; participando y/o fortaleciendo las áreas
pastorales, organismos y servicios sociales en la Iglesia; movilizando actividades eclesiales que abren la Iglesia hacia los grandes problemas del mundo (Campaña de la Fraternidad, Grito de los excluidos, marchas por los derechos, defensa de comunidades y grupos marginados e injusticiados etc.); apoyando y participando de luchas y organizaciones populares etc. Hacen eso en un ambiente eclesial extremadamente adverso, no sin dificultades y hasta sufrimiento, pero como aspecto fundamental e irrenunciable de la forma cristiana de vivir la fe y asumir la misión que nos fue confiada.

El hecho es que las CEBs, como modo de vivir la fe, tienen cada vez más un lugar marginal y una actuación profética en el conjunto de la Iglesia. Más que nunca deben asumir características de “fermento”, de “sal”, de “luz”, de “semilla”. Y eso en un contexto social y eclesial adverso. No se puede hacer de cuenta que nada cambió y seguir organizando grandes encuentros intereclesiales como si las CEBs fuesen la base de toda la Iglesia. No se puede ignorar la sensibilidad actual para cuestiones subjetivas y cotidianas, tan bien captada por los movimientos pentecostales. No sirve criticar y lamentar los “nuevos” rumbos de la Iglesia sin disponerse a
vivir y construir en la base el modo de ser Iglesia de las CEBs.

No se puede coordinar y articular las CEBs sin formar parte de ninguna comunidad concreta. No sirve idealizar y celebrar el pasado con sus luchas, sus
profetas y mártires sin asumir con seriedad el tiempo que nos toca vivir: sus desafíos, sus luchas, sus profecías…
Tampoco sirve admirar y aplaudir al Papa Francisco en su empeño profético por una “Iglesia pobre y para los pobres” o una “Iglesia en salida hacia las periferias” sin disponerse a vivir y animar en el día a día ese modo de ser Iglesia -aunque marginal y a contramano del modelo clerical y auto-referencial que se impuso en las últimas
décadas- como hace el Papa Francisco y como hicieron todos los profetas y movimientos proféticos a lo largo de la historia…

No basta lamentar el pasado y criticar el presente. Importa actualizar crítica y creativamente ese modo de ser Iglesia en el contexto eclesial y social en que estamos insertos. Siempre sobre los pasos de Jesús de Nazaret, en la fidelidad al Evangelio del reinado de Dios, en la fuerza del Espíritu, en el servicio a los pobres y
marginados.

   
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