VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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El 24 de septiembre del 2015, he aceptado recibir el ministerio del episcopado entendiéndolo como un servicio.
Ha sido un ministerio no fácil de realizar, porque cuesta entender que estamos rompiendo esquemas y conceptos que han estigmatizado dicho ministerio como tal.
Por donde se busque, qué es ser “obispo”, bien sea Hechos de los Apóstoles, en Wikipedia, en internet, artículos y reflexiones, no se encuentra sino un enjambre de conceptos, con definiciones e instrucciones para que la persona “elegido/a” debe cumplir y hacer, para complacer a la sociedad imperial necesitada de guías para proteger la doctrina, la disciplina en la exigencia de una unidad ficticia.

Lo dicho no es que sea malo, esos conceptos y criterios sirvieron en su tiempo. Hacen parte de la Historia de la Iglesia.

En el episcopado femenino muchas no llevamos Mitra, ni Báculo, ni anillo, ni pectoral. Todo ello muy hermoso y costoso. Llama la atención no lo dudo y que se distinga a la legua en medio de muchos/as, haciendo del personaje un centro de atención, veneración, o repudio. Son emblemas de punta de lanza para la crítica, el desprecio, marginación y sobre todo abuso de autoridad y de poder. Lo que hace decir a algunos/as: “obispos/as malqueridos/as”.

Siento que este ministerio, es para servir, no para ser servido/a, menos para creernos los más dignos/as representantes de la Divinidad en la tierra. Este ministerio es de carácter Sinodal, es decir representa el desafío de un trabajo conjunto, circular donde todos/as podemos trabajar juntos/as activamente en el anuncio de la Buena Nueva. No cuidando normas, leyes, doctrinas o defendiendo conceptos, sino viviendo lo esencial del Evangelio, como mensaje humano liberador.

Para ello, es necesario de un trabajo de despojo total de las vestiduras y ataduras ajenas que nos han impuesto. Siendo creativos/as, originales. Dejemos de mirar la paja, la suciedad, los errores del otro/a, empecemos por nosotras/os mismas/os, dejemos las prevenciones, desconfianzas, celos, rencores. Aceptemos con humildad nuestra ignorancia en el saber. No todo nos lo tenemos que saber.

No le tengamos miedo a la libertad, la creación no ha sido terminada en los 7 días como nos dice el Génesis. No seamos miopes, miremos alrededor nuestro. ¿Qué vemos? La energía Divina, sigue creando en nosotras/os y en el planeta, no ha descansado. En cada despertar a la mañana, somos sorprendidas por la creación, que nos invita a ser más humanas/os, ella nos grita y hace gritar: ¡sí a la Vida!

Así como la creación no ha descansado aprendamos de su desafío de seguir creado en la creación desde nuestro ser interior. Una de sus maneras en que avancemos humildemente sin que seamos humilladas/os es no descuidar nuestra formación permanente.

Tenemos dudas, preguntemos, investiguemos, leamos, escuchemos, critiquemos, reflexionemos no nos quedemos en los meros conceptos recibidos en la escuela, o en la religión. Todo es cuestionable.

Por eso, no soy ni obispa, ni pastora y no quiero serlo, porque el concepto como han sido entendido, no va con mi conciencia para someterme o someter a otras/os a leyes, normas y cánones que oprimen, fomentan y sostienen un imperio de disciplina militar que niega la libertad y nos hace esclavos/as de un sistema patriarcal dominante.

Doy gracias a la Divinidad, porque me permite buscarle en mi misma y poder darle a conocer, no en el espacio, sino aquí en la tierra, a través de cada ser humano como hermano/a.

Amén.

Olga Lucia Álvarez Benjumea

*Presbitera católica romana

Envigado, septiembre 24/2021

   
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