VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Después de arduas negociaciones, el salario mínimo interprofesional es España ha
subido 15 euros, quedando en 965 euros mes. A este acuerdo no se ha sumado la
patronal por considerar que era excesivo, que no se debía subir nada.
Por otro lado, según los últimos datos que he podido conseguir en Googl,
correspondientes a la primavera de 2020, se llegó entonces a un acuerdo entre la Liga
de Fútbol Profesional (LFP) y la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), para que en Segunda División, el sueldo mínimo fuera de 77.500 euros, mientras que en Primera
División esa cantidad se duplicaba, alcanzando los 155.000 euros.

Claro que eso son los mínimos, luego están los máximos:
Messi – 8,3 millones de euros al mes.
Ronaldo – 4,5 millones de euros al mes.
Neymar – 3 millones de euros al mes.
Griezmann – 2,9 millones de euros al mes.
Luis Suárez – 2,9 millones de euros al mes.

Estos son los datos que había en lo más duro del confinamiento provocado por la
pandemia, cuando todos, menos los trabajadores esenciales, estábamos encerrados en
nuestras casas. Entre esos trabajadores y trabajadoras esenciales había limpiadores y
limpiadoras, transportistas, repartidores, cuidadoras, cajeras…, trabajadores y
trabajadoras que andan muy cerca del salario mínimo, pero que era esencial que
siguieran desempeñando sus tareas. Mientras tanto todos los futbolistas se quedaron
en su casa porque era evidente que su trabajo no era esencial, ni siquiera
mínimamente necesario.

De esto se ha hablado muy poco en los medios de comunicación; parece que
consideran normal que un trabajador no esencial cobre más de 8.000 veces lo que
cobran muchos trabajadores esenciales. Desde luego, la patronal no ha visto el menor
riesgo para nuestra economía en que un futbolista cobre más de 8 millones al mes, ni
le parece mal que use todas las artimañas posibles para no pagar los impuestos que le
corresponden.

Sería bastante lógico que nos preguntáramos por qué hay tan poco interés en sacar a
la luz estas cuestiones. Podríamos buscar una respuesta remontándonos a los tiempos
del Imperio Romano cuando los emperadores y los patricios, para mantener tranquila
a la plebe recurrían a ofrecer generosamente Pan y Circo. Y parece que durante
bastantes siglos la cosa les dio resultado

Al llegar al siglo XIX, en España se transformó en el conocido Pan y Toros. La fiesta
taurina –me niego a llamarla “fiesta de los toros”, porque para los toros no es ninguna
fiesta- cumplía el papel del circo romano: entretener al pueblo llano, y darle unos
temas de charla y discusión para que olvidara los conflictos sociales.

A mediados del siglo XX eso se había convertido en Pan y Fútbol. En la España del
franquismo este deporte se fomentó como centro principal de las inquietudes
sociales. Esto funcionó muy bien para la justificación del régimen: aprovechó que el
Real Madrid había ganado las primeras Copas de Europa para alardear de que España
marchaba muy bien.

La funcionalidad de centrar la atención en este tema era clara: los problemas sociales
podían canalizarse de forma políticamente inofensiva en discusiones de bar sobre
partidos ganados o perdidos. Y para que no se quedara todo en la satisfacción por el
triunfo de nuestro equipo, el juego de las quinielas – que mantenía pendientes de la
radio las tardes de domingo a los que no iban a los partidos– le añadía un aliciente
económico a los aficionados más expertos, por su conocimiento y visión certera de
jugadores y clubs.

La oposición al franquismo uso el tema para ironizar sobre el sistema: “En España hay
libertad, puedes ser del Madrid o del Atlético”. Pero no debe ser una tontería lo de
fomentar ese tipo de libertad. Ayuso ha recurrido a ella, le ha añadido la libertad de
tomar la cerveza con un bocadillo de calamares o con un pincho de tortilla, y mira lo
bien que le ha ido.

Ahora lo que resulta necesario es cambiar lo del pan. Ha quedado obsoleto. Por
mucho pan que comamos la economía capitalista no funciona. Hace falta que
compremos coches, y cuanto más grandes mejor. Es verdad que hay unos científicos, la
inmensa mayoría, que dicen que nuestro planeta no puede aguantar tanta cantidad de
coches. Pero el sistema capitalista nos asegura que no hay que hacerles caso, son unos
agoreros, el mercado lo solucionará todo. Y mientras tanto que el futbol entretenga a
la gente y se olviden de esas monsergas del cambio climático. Si para eso hay que
darles unos buenos milloncetes a los futbolistas que logran tener a la gente más
obnubilada, pues bien empleados están.

   
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