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Otra pesadilla: Bolivia ha caído. Ecuador está bien caído, desde 2 años y medio. Eso no va a dar marcha atrás a corto plazo. Es el resultado del colonialismo del siglo 21. Sigue igual que desde la colonia, igual que en la colonia, más sutil, más campante, más descarado con la complicidad de las oligarquías nacionales, por obra y gracia del gobierno de los Estados Unidos. No es que el colonialismo ha cambiado, es peor. Mata más gentes por la pobreza creciente, más ‘almas’ por la destrucción de la dignidad, porque la dignidad es “ser sujeto y no mero espectador engañado y vejado”. El colonialismo no ha cambiado por la sencilla razón que antes no nos dábamos cuenta.

Ahora sí, somos más numerosos a haber abierto un poco más los ojos, a haber tomado conciencia de nuestra triste y decepcionante realidad. Pesadilla de un sueño que logra acontecer por la indiferencia de muchos, muchísimos que prefieren “las cebollas de Egipto al escaso maná del desierto”. Así les pasó a Moisés y Miriam cuando estaban sacando a sus compatriotas de la esclavitud de Egipto y de sus ricas pero ajenas cebollas…

Moisés y Miriam tenían un triple propósito que habían preparado lenta y tenazmente con las y los que decidieron salir de las garras del Faraón. Recordaban el sueño de Abraham y Sara, lo asumían y decidieron hacerlo realidad. “Deja tu tierra, a los de tu raza y a la familia de tu padre”, es decir, ‘deja tus raíces’ que no son más que lazos de esclavitud organizada por los pequeños reyes de la época, con la complicidad de los terratenientes y de las familias acomodadas. ‘Deja la fe en muchas divinidades’ que no son más que la justificación de la misma esclavitud. “Anda a la tierra que yo te mostraré”, es decir, ‘descubre que estoy contigo, entre ustedes, como compañero fiel y liberador, hasta que tengas tu propia tierra’. Todo proyecto social comienza con un triple objetivo: un pueblo, un proyecto y una tierra. En eso están los Indígenas de América Latina.

Unos 250 años después de Abraham y Sara cuyos descendientes hebreos habían caído en esclavitud en Egipto, Moisés, Miriam y un grupo de Hebreos valientes logran hacer realidad el sueño de sus antepasados Abraham y Sara. Eso es el “éxodo”, a la vez ‘salida’ de Egipto y ‘emprendimiento’ de un nuevo proyecto social, económico y religioso. Antes de llegar a la Tierra prometido, tuvieron que pasar 40 años por el desierto, aprendiendo a vivir ya lo que sería su organización en la tierra de sus sueños: proteger su libertad alcanzada, confirmarse en la equidad para cada uno tenga lo que necesite y purifique su fe en un Dios amigo y liberador. Como misión divina Jesús de Nazaret retomaría el mismo sueño y proyecto y lo llamaría ‘Reino de Dios’. ¿Es esa la fe de los cristianos de hoy que poco sabemos solidarizarnos con los proyectos y levantamientos populares…? ¿Es esa la fe de todas las y los que luchamos por un sueño de libertad colectiva, de sociedad equitativa y de espiritualidad liberadora?

Son estos los criterios que nos permiten evaluar la situación actual de Ecuador y de América Latina: Un pueblo, un proyecto y un espacio para hacer realidad el proyecto de un pueblo organizado. Primero “un pueblo” consciente, organizado, decidido, valiente. Hoy, ¿con quiénes contamos para un sueño colectivo diferente? Luego “un proyecto”. Circulan plataformas: ¿las hacemos nuestras, las construimos juntos, nos unificamos a partir de un mínimo común, las estamos viviendo ya en nuestras familias y con nuestras amistades? En fin “un espacio común”. Este espacio común son nuestras reuniones, nuestras actividades de compartir equitativo, de dignidad alcanzada, de acciones solidarias, de visibilidad… perseguida. ¿Sabemos liberarnos del consumismo que nos esclaviza, del individualismo que nos paraliza, para vivir desde la familia la equidad, la responsabilidad, la colaboración? ¿Nos guía una espiritualidad liberadora y celebrativa, más allá de las religiones enfrascadas en un pasado superado?

Cada vez que se produce un levantamiento, estamos dando unos pasitos más. Al haber logrado muchos países de América Latina “una década ganada”, ponemos bases para afianzar un nuevo proyecto de sociedad. Pero vemos que no es suficiente. La ola fascista que ha invadido América Latina en este nuevo milenio viene para quedarse: tiene los mismos actores internos en sus oligarquías y gobiernos vende-patria; tiene el mismo amo en el Tío Sam o compadre traidor. Nos falta mayor conciencia, preparación, organización, valentía y decisión. No estamos viviendo lo suficiente la libertad necesaria, ni la equidad obligatoria, ni la espiritualidad transformadora.
Volvamos a recomenzar desde abajo, desde lo cotidiano, desde el corazón, desde la familia, desde nuestras pequeñas comunidades de amigos… hasta nuevos levantamientos que tengan dimensión latinoamericana, para que retroceda el colonialismo del siglo 21 y amanezca un pueblo más digno, participativo, equitativo y festivo.

   
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