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Comunidad de base3“No es fácil hacer participar a los pobres”, escribe P. Pedro en su libro “La Esperanza de un pueblo” en la p. 44. Nuevamente retoma la experiencia que han vivido tantas veces en la construcción de CEBs. Un pequeño grupo (entre 10 y 15) empieza a reunirse de tal manera que todos y todas puedan opinar, exponer lo que sienten, viven y opinan.

Se aprende a escucharse unos a otros. Se aprende a expresarse. Desde el inicio esta experiencia eclesial nace desde la participación de las y los pobres. ¿No son ellos los más indicados para enseñar lo que significa ser empobrecido, explotado, excluido,..? La dinámica del grupo retoma el método de VER – JUZGAR – ACTUAR acerca de los problemas concretos que vivimos a nivel personal, familiar, comunitario o nacional. En el juzgar escuchamos la Palabra de Dios para que el Espíritu nos ilumine. Nacen los primeros pequeños compromisos.

Es de recordar que esas primeras reuniones no se hacen ni en templos, ni en casas comunitarias, sino en (los patios de) las casas de la gente, en su propio barrio. Luego aparece al invitación a compartir la reflexión con otros grupos: los encuentros de iniciación. Dejar la casa para juntarse dos días con otros hermanos/as es un paso muy grande para muchos/as. Se profundiza los temas, se acerca más al camino de Jesús y se descubre que nadie está excluido, que cada uno/a es llamado a hacer un paso adelante, es decir: a convertirse. De ahí que los encuentros se llaman “de bautismo”. Las y los pobres descubren que pueden hacer mucho, que pueden servir. Asumen nuevos compromisos personales y comunitarios. Sucede lo que José Comblin llamó: ”Las personas y los pueblos no saben lo que son hasta el momento en que el Evangelio penetra en ellos. Entonces se produce un giro completo”, así lo cita el P. Pedro.

En el mismo apartado P. Pedro reflexiona sobre la importancia de realizar las reuniones en las casas de las y los participantes. Las y los pobres no han tenido voz, no han sido escuchados en la Iglesia. Lo han interiorizado. En reuniones en su propio ambiente se sienten tranquilos, a pesar de la incomodidad del espacio. “Estas reuniones las hacemos semana tras semana. De otra manera no sería posible formar comunidad”, es la experiencia de P. Pedro. Desde el inicio se desarrollan pequeños compromisos (ministerios): visitar, invitar, recordar la reunión, expulsar demonios del miedo a hablar, cambiar ciertas actitudes en la familia, atreverse a leer un texto o a cantar, cuidar a los niños durante la reunión, alistar los asientos, preparando un fresquito, motivar a otro vecino,. Es la experiencia que “la iglesia es nuestra, la Palabra de Dios es nuestra, que los hermanos son nuestros, que el pueblo es nuestro pueblo y que debemos estar atentos y prestos a servir. Un nuevo espíritu nos va invadiendo.”

En febrero este año hemos celebrado los 50 años del inicio de esta experiencia eclesial de CEBs, desde la Zacamil. Es importante recordar siempre cómo se ha trabajado, cómo se ha ido al encuentro y en búsqueda de familias pobres para caminar juntos por las sendas del Evangelio. El dinamismo misionero ha sido la fuerza (del Espíritu): siempre formando nuevos grupos, nuevas comunidades. Una CEB que deja de ser misionera empieza a cojear y no aguantará la marcha. Luego están las reuniones en las casas de la gente. No se trata de juntarse en el templo, en el salón parroquial o en algún espacio público. Las CEBs son herederas de la Iglesia de la casa del inicio del cristianismo. Las reuniones son más que simple reuniones. Son acontecimientos de servicio, de acoger, de compartir, de abrirse a otros,…. De ahí que las CEBs no pueden dejar de reunirse semanalmente.

P. Pedro dice “de otra manera no sería posible formar comunidad.” Hay tantos problemas en común que ni en reuniones semanales alcanzamos profundizar todos, ni a buscar como servir. Formar comunidad exige cercanía fraterna. Me parece que otro interrogante es, ¿qué hemos hecho con los encuentros de iniciación (o sea, de bautismo)? Tengo muchos años de no escuchar nada sobre esos encuentros que han sido de gran impacto en las y los nuevos miembros de las CEBs. Puede ser que no tengamos grupos nuevos o gente nueva. Se trata de encuentros con una triple dimensión: encuentro conmigo mismo, encuentro con los demás presentes, encuentro con Jesús que nos llama y nos convoca.

¿Sería que la metodología de CEBs – como P. Padre y tantos otros/as la han practicado – ya no es válida? ¿Sería que nuestros temores y nuestras pequeñas comodidades nos paralizan y preferimos hacerlo “al suave”, con el riesgo de ser CEBs “light” o sal sin sabor? Si estamos acercándonos al fin del invierno eclesial y tomando en serio la llamada del Evangelio y del Papa Francisco, urge ser “Iglesia en salida”, visitar e iniciar nuevas experiencias de CEBs. (15-9-19)

   
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