VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Observatrio eclesial
Parece que Estados Unidos ha iniciado una nueva gue-rra fría con China y Rusia a lavez. Y la dirigencia esta-dunidense la presenta como una confrontación entre la democracia y el autoritarismo, lo cual resulta sospecho-so, sobre todo cuando esa misma dirigencia corteja ac-tivamente a un violador sistemático de los derechos humanos como Arabia Saudita.

Esta hipocresía hace pensar que, al menos en parte, lo que está en juego aquí es la hegemonía global más que una cuestión de valores.Tras la caída de la Cortina de Hierro, Estados Unidos fue durante dos décadas el número uno indudable. Luego llegaron las desastrosas guerras en Medio Oriente, el derrumbe financiero de 2008, el aumento de la desigualdad, la epidemia de opioides y otras crisis que parecieron poner en duda la superioridad del mo-delo económico estadunidense.

Además, sumando la victoria electoral de Donald Trump, el intento de golpe en el Capitolio, las numero-sas matanzas en tiroteos, los intentos de supresión de votantes por parte del Partido Republicano y el auge de cultos conspirativos como QAnon, hay pruebas más que suficientes para pensar que algunos aspectos de la vida política y social de Estados Unidos se han vuelto profundamente patológicos.Por supuesto que Estados Unidos no quiere que lo des-tronen. Pero que China lo supere en lo económico es sencillamente inevitable, cualquiera sea el indicador ofi-cial que se use.

No sólo su población es cuatro veces mayor a la de Estados Unidos, sino que su economía también creció al triple (https://bit.ly/3HI3Bgv) durante muchos años, de hecho, ya superó (https://bit.ly/39InWWB) a EstadosUnidos por paridad del poder adquisitivo en 2015.Aunque China no haya lanzado un cuestionamiento es-tratégico directo a Estados Unidos, las señales son cla-ras.

En Washington hay consenso bipartidario (https://brook.gs/2IQTAmB) respecto de que China puede plantear una amenaza estratégica, y que lo me-nos que debe hacer Estados Unidos para mitigar el riesgo es dejar de colaborar con el crecimiento de la economía china. Según esta visión, se justifica tomar medidas preventivas, aunque eso implique violar las normas de la Organización Mundial del Comercio, en cuya redacción y promoción Estados Unidos tuvo una importante participación.

Este frente de la nueva guerra fría ya estaba abierto mucho antes de la invasión rusa a Ucrania; después de lo cual, altos funcionarios estadunidenses exhortaron (https://wapo.st/3NpkYnT) a que la guerra no desvíe la atención de la amenaza real a largo plazo: China. Puesto que la economía de Rusia es más o menos igual en tamaño a la de España, su alianza ―ilimitada‖ con China no parece tener mucha importancia econó-mica (aunque su prontitud para las actividades disrupti-vas en todo el mundo puede resultarle útil a su más grande vecino del sur).

Pero un país en ―guerra‖ necesita una estrategia, y Es-tados Unidos no puede ganar una nuevacarrera entre grandes potencias solo; necesita amigos. Sus aliados naturales son Europa y las otras democracias desarro-lladas de todo el mundo. Pero Trump hizo todo lo posible por alejarlas, y los re-publicanos (que todavía están completamente atados a él) han dado amplios motivos para dudar de que Esta-dos Unidos sea un socio fiable. Además, Estados Uni-dos también tiene que ganarse la buena voluntad de miles de millones de personas en los países en desa-rrollo y emergentes; no sólo para tener los números desu lado, sino también para garantizarse acceso a recur-sos críticos.

Para congraciarse con el mundo, Estados Unidos ten-drá que recuperar mucho terreno perdido. Su larga his-toria de explotar a otros países no ayuda, como tampo-co su profundamente arraigado racismo (una fuerza que Trump canaliza con pericia y con cinismo). El último ejemplo es la contribución de las autoridades estadunidenses al ―apartheid vacunatorio‖ (https://bit.ly/3HKAnOo) global, por el que los países ricos consiguieron todas las dosis que necesitaban, mientras la gente de los países pobres quedó librada a su suerte.

En tanto, los adversarios en la nueva guerra fría esta-dunidense pusieron sus vacunas a disposición (https://go.nature.com/3zU0VdN) de otros países a pre-cio de costo o inferior y los ayudaron a desarrollar ca-pacidad de producirlas por sí mismos.La falta de credibilidad se magnifica en lo relacionado con el cambio climático, que afecta en forma despro-porcionada a los países del Sur Global (https://bit.ly/3NbN5GE), que son los menos preparados para hacerle frente.

Aunque los principales mercados emergentes hoy son la fuente principal de gases de efecto invernadero, la emisión acumulada de Estados Unidos sigue siendo con diferencia la mayor (https://bit.ly/3n4Bcb4). El mundo desarrollado no deja de sumar emisiones, y para peor ni siquiera ha cumplido sus exiguas promesas de ayu-dar a los países pobres a manejar los efectos de una crisis climática que causaron los países ricos. Por el contrario, los bancos estadunidenses contribuyen al riesgo de crisis de deuda (https://bit.ly/3QAyl7f) en muchos países, exhibiendo a menudo una perversa in-diferencia respecto del sufrimiento resultante.Europa y Estados Unidos son muy buenos para dar lecciones a otros sobre lo que es moralmente correcto y económicamente razonable.

Pero el mensaje termina siendo ―haz lo que yo digo y no lo que yo hago‖ (algo que la persistencia de los subsidios agrícolas de Esta-dos Unidos y Europa pone en claro). Más aún después de Trump, Estados Unidos ya no tie-ne ningún derecho a la superioridad moral, ni credibili-dad para dar consejos. El neoliberalismo y la economía del derrame jamás gozaron de mucha aceptación en el Sur Global, y ahora están perdiéndola en todas partes.Al mismo tiempo, China se ha destacado por su capa-cidad para proveer infraestructuras físicas (https://bit.ly/3zPy1vz) a los países pobres en vez de dar lecciones.

Es verdad que a menudo esos países terminan muy endeudados; pero viendo cómo se han portado los bancos occidentales como acreedores en el mundo en desarrollo, Estados Unidos y otros no están en posición para lanzar acusaciones.Podría seguir, pero creo que mi argumento ya está cla-ro: si Estados Unidos se va a embarcar en una nueva guerra fría, tiene que comprender qué necesita para ganarla. Las guerras frías se ganan en última instancia con el poder blando de la atracción y la persuasión. Para salir airosos, tenemos que convencer al resto del mundo de que nos compre no solamente nuestros pro-ductos, sino también el sistema social, políticoy eco-nómico que vendemos.Estados Unidos sabrá hacer los mejores bombarderos y sistemas misilísticos del mundo, pero aquí no nos servi-rán de nada.

Por el contrario, tenemos que ofrecer a los países en desarrollo y emergentes ayuda concreta, co-menzando conla suspensión de derechos de propiedad intelectual sobre todo lo relacionado con el covid, para que esos países puedan fabricar vacunas y tratamien-tos por sí mismos.Igual de importante, Occidente debe lograr que su sis-tema económico, social y político vuelva a ser la envidia del mundo.

En Estados Unidos, el primer paso es redu-cir la violencia con armas de fuego, mejorar la regula-ción ambiental, combatir la desigualdad y el racismo y proteger los derechos reproductivos de las mujeres. Hasta que hayamos demostrado que merecemos lide-rar, no podemos esperar que otros nos sigan.* Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es pro-fesor distinguido en la Universidad de Columbia e integrante de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional.

Traducción: Esteban FlaminiCopyright: Project Syndicate, 2022.www.project-syndicate.org(jornada.com.mx) 22/06/2022