VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

alandar

Que 138 teólogos musulmanes de diferentes países y diversas tendencias escriban al papa y a otros 27 responsables cristianos constituye, ya de por sí, un acontecimiento digno de mención. El mensaje, además, llegó el 13 de octubre pasado, un año después de la carta que 38 intelectuales musulmanes dirigieron a Benedicto XVI como reacción al polémico discurso de Ratisbona. La falta de respuesta del pontífice provocó una gran decepción a los firmantes de aquella primera carta. Por ello, este segundo mensaje, con 100 signatarios –cifra simbólica- más, es muy significativo.

Como ha remarcado Éttienne Renaud, profesor del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islamología (PISAI), “en el islam, el consenso de los responsables –la ijmaa- es una fuente importante de autoridad, tras el Corán y la tradición. Y, aquí, el consenso es bastante amplio”.

Pero más importante, por lo novedoso, es el contenido del texto y, sobre todo, la diferencia con el anterior. El de éste de los corrientes, en lugar de volver a abordar el tema de la violencia, parte del amor: el amor a Dios y el amor a los hombres, principios que ambas religiones tienen en común. Un hábil guiño a Ratzinger, cuya primera encíclica papal, Dios es amor, versaba sobre el mismo asunto. La palabra amor, sin embargo, no aparece demasiado en el Corán y no forma parte de los 99 nombres atribuidos a Dios. Así, los teólogos autores del mensaje colocan bajo el término “amor de Dios en el islam” lo que generalmente se presenta como obediencia a Dios. Como si hubieran pretendido acercarse a los cristianos en el plano del vocabulario.

Y otra sorpresa: los musulmanes examinan como este amor de Dios se expresa en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Reconocen que los cristianos tienen también un Dios único y no mencionan el tradicional reproche por adorar a una “divinidad trinitaria”. La carta propone, en fin, a los cristianos una palabra común, partiendo de los aspectos en los que “el profeta Mahoma no ha aportado nada fundamentalmente nuevo” respecto al mensaje de Jesús. Lo que supone bloquear el tema de la divinidad de Cristo, que el islam niega, pero, por el contrario, se le reconoce como mesías.

El mensaje pasa luego a hablar del amor al prójimo, citando esta frase de Mahoma: “Ninguno de vosotros es creyente si no amáis a vuestro prójimo lo que os amáis a vosotros mismos”, sobre la que existe un célebre comentario que plantea quién es el prójimo para un musulmán y que recuerda en gran medida la parábola del Buen Samaritano. En esta línea, los intelectuales musulmanes invitan a las dos religiones a mantener una “competición” de amor al prójimo: “Los cristianos y los musulmanes constituyen juntos más del 55 por ciento de la población mundial, lo que hace de la relación entre estas dos comunidades religiosas el factor más importante para una paz significativa en el mundo”.

Concluye el texto con un conocido versículo del Corán a guisa de llamamiento para reconocer, por parte de las dos religiones, un pluralismo no sólo de hecho, sino también de derecho, puesto que la diversidad religiosa forma parte del plan de Dios: “Si Dios lo hubiera querido, hubiera hecho de vosotros una sola comunidad; pero Él ha querido probaros para ver el uso que cada comunidad hace de lo que Él le ha dado”.

En el campo cristiano, han valorado este ofrecimiento de forma muy diversa. “El texto es muy interesante y constituye una señal positiva”, se apresuró a señalar el cardenal Jean Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. El jesuita libanés Samir Jalil Samir, una de las personalidades más escuchadas sobre el islam en el Vaticano, opina por contra que, en lugar de basarse en los valores teológicos comunes, el diálogo debería “buscar un terreno de entendimiento sobre la idea del hombre y de su dignidad, lo que evitaría limitar el debate a musulmanes y cristianos cuando concierne a toda la humanidad”.

De momento, el único que ha respondido ha sido el PISAI, que el 25 de octubre, apenas 12 días después, hizo pública su propia carta con el título: “Una palabra común entre nosotros y vosotros”. Sin entrar en el fondo de la cuestión, el organismo pontificio se felicita de la actitud abierta y positiva de los musulmanes, y destaca la gran diversidad de los firmantes y que éstos “no se refugien en un pro domo reivindicativo de la umma, sino que, al contrario, se sitúan como parte de la humanidad para la que proponen su forma de concebir los fundamentos y los principios reconocidos también por otras comunidades”.

Pero en la Curia no están tan convencidos, según el diario católico La Croix. Algunos, incluso, ven una trampa tendida por los musulmanes o, en todo caso, rechazan entrar en un debate teológico, porque, a su juicio, “las nociones sobre el amor que contiene el texto musulmán no pueden ser comprendidas fuera de todo el contexto evangélico”. El caso es que, dos meses después, seguimos sin saber de qué manera y en qué términos responderá el papa a esta invitación a un auténtico diálogo.

Al menos, parece que no dará, como el año pasado, la callada por respuesta: el cardenal Tauran ha anunciado que habrá una y que se hará, como el ofrecimiento, de forma colectiva, junto con el arzobispo de Canterbury y jefe de la iglesia anglicana, Rowan Williams, y el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo II. Esperemos que sepan apreciar la mano tendida de estos dirigentes que propugnan un islam moderado y que, en algunos casos, simplemente firmando esta carta, arriesgan su vida.

   
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