Varios miembros de las Comunidades Cristianas de Andalucía hemos analizado el texto del documento de los obispos del Sur. Como personas afectadas, en el doble sentido de cristianas y andaluzas, queremos exponer nuestro punto de vista ante la opinión pública.

1.- Coincidimos con los obispos en “sentirnos legitimados para intervenir en el debate social” (nº 10). Ellos exponen sus opiniones al conjunto de la sociedad y, más en concreto, a personas católicas. Ese derecho lleva consigo el correspondiente derecho a la opinión y a la crítica por parte del resto de la sociedad y también por parte de personas o grupos cristianos.

2.- Al ir leyendo el texto de los obispos, nos ha ido invadiendo la sorpresa, la perplejidad y hasta la indignación. En efecto, se trata de un documento que parece dictado por el Partido Popular: las mismas reticencias, las mismas pegas, las mismas generalizaciones y los mismos eslóganes. La comunidad cristiana y toda la sociedad andaluza tiene derecho a exigir de los obispos un poco más de imaginación y, sobre todo, bastante más responsabilidad que la de ser transmisores “piadosos” de una opción política, mucho más si ésta es conservadora.

3.- El documento de los obispos está invadido por el temor y por los miedos. Numerosas materias de las tratadas en el Estatuto provocan recelo y se subrayan las posibles consecuencias negativas. Expresiones como “puede servir”, “puede resultar”, “puede conducir”, “podría convertirse”, “atentarían”… son formulaciones que no disimulan un posicionamiento a la defensiva y una reticencia global.

4.- Los obispos abogan por “un debate más sosegado, sereno y plural que propiciara el nivel de consenso que se alcanzó durante la transición” (nº 1). ¡De acuerdo! Pero tenían que haber añadido que, en su estadio preliminar, acudieron al Parlamento Andaluz hasta 54 personas a título individual o en representación de los más variados colectivos ciudadanos. Allí se manifestó toda la pluralidad de la sociedad andaluza. Y que, a principios de marzo, con el texto actual ya redactado y en periodo de enmiendas, se invitó de nuevo a colectivos andaluces para que expusieran sus pegas, sus recelos y sus preguntas. Las intervenciones completas de todas estas personas están en el Diario de Sesiones del Parlamento Andaluz y son fácilmente accesibles desde internet. Eso sí: lamentamos una importante omisión: no figura la intervención del cardenal-arzobispo de Sevilla… ¡porque no se presentó en el Parlamento!

5.- Los obispos reconocen “la importante ayuda de la Administración pública a la conservación del patrimonio histórico y artístico de la Iglesia” (nº 7), pero no les gusta que se establezcan controles sobre ese dinero público. Por eso, les “preocupa que en el nuevo Estatuto no se respete adecuadamente la libertad de la Iglesia para gestionar ese patrimonio”. Ya se sabe, la ley del embudo.

6.- Llama la atención la “honda preocupación que suscita” en los obispos el término “realidad nacional” que figura en el Preámbulo del Estatuto. Piensan que “relativiza… la unidad históricamente lograda de España” y que “pudiera conducir a un daño de consecuencias imprevisibles irresponsablemente infligido al bien común” (nº 8). Los obispos deberían saber que la palabra “nacionalidad” introducida en el art. 2 de la Constitución Española fue un eufemismo para evitar la palabra “nación” que era inviable en aquel momento político. Y también nos permitimos recordarles que el art. 1 del vigente Estatuto de Autonomía califica a Andalucía como “nacionalidad”. Se podrá compartir o rechazar esta terminología. Pero, en cualquier caso, pedimos a los obispos que no nos metan miedo, por favor. Ya tenemos bastante con el PP… ¡que bastante tenemos!

7.- Como contraste llamativo con estos planteamientos tan cautelosos o quizá como consecuencia de ellos, los obispos llaman a una “cruzada” sorprendente: “hacemos un llamamiento a todos los católicos andaluces recordándoles la obligación moral que tienen de dar testimonio de su fe, oponiéndose a cualquier intento de legislación contrario a los derechos fundamentales de la persona y de los grupos sociales tal como son declarados y defendidos por la doctrina social de la Iglesia.” (nº 9). Con esta formulación, los obispos andaluces se adelantan y piden el NO en el Referéndum del futuro Estatuto Andaluz, si éste continúa en su redacción actual. Esta toma de postura nos parece desmesurada, irrespetuosa y hasta totalitaria, porque pretenden que la sociedad civil se adapte a unas supuestas exigencias religiosas, sin respetar la autonomía de cada ámbito.

8.- Queremos dejar muy claro ante la opinión pública que somos muchas las personas y colectivos cristianos que no compartimos en absoluto el posicionamiento de los obispos respecto al Estatuto Andaluz. No compartimos esa visión patriarcalista de la sexualidad y del matrimonio que les lleva a callejones sin salida. Tampoco compartimos sus miedos en la educación porque somos partidarios de la escuela laica, con todas sus consecuencias. De manera especial, nos negamos a invocar “la revelación de Cristo” (nº 4) o “la doctrina social de la Iglesia” (nº 9), porque esos argumentos no son válidos en un diálogo con la sociedad.

9.- Finalmente y como contraste con estos posicionamientos que parecen barrer sólo para adentro, echamos de menos la defensa de los obispos hacia los sectores más débiles de la sociedad andaluza y la exigencia de mayores garantías para la efectiva realización de todos los derechos sociales. Ese es el campo donde Jesús de Nazaret dio el callo y donde tenemos una cita ineludible quienes creemos en su Evangelio: la Buena Noticia para los pobres.
Andalucía 28 de mayo de 2006

Secretaría de las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía.
Y en su nombre: Domingo Gómez Leiva.

   
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