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inmigrantes13Con este mensaje del Papa Francisco, damos comienzo a la Campaña de la Jornada Mundial
de las Migraciones 2019 que tiene su día central el domingo, día 29 de septiembre, y que
nosotros comenzamos hoy con este CIRCULO DE SILENCIO.
Durante todo este mes estaremos realizando distintos actos en torno a esta Campaña.
El Papa Francisco, en su mensaje de este año, nos advierte que las personas migrantes,
refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la
exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son
objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La
actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a
la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte.

Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las
personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones
esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de
adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo
de migrantes” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por
nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también
damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está
bien vista.

Nuestro tiempo acrecienta "el miedo a los “otros”, a los desconocidos, a los marginados, a los
forasteros. Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y
refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor.
El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y
esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos
en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas.

El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es
diferente; nos priva de esa oportunidad de encuentro y de enriquecimiento mutuo.
«Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció» (Lc
10,33). No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve a ese
samaritano, un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no
se puede explicar únicamente a nivel racional.

La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante
impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad.
Sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la
acción para aliviar, curar y salvar.

Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide
reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a
ser más humano: a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida
como un regalo para los otros, a ver como objetivo, no los propios intereses, sino el bien de la
humanidad»

La respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en
cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.
Si ponemos en práctica estos verbos, contribuimos a edificar una nueva ciudad más humana y
fraterna, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también
ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha
establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar.

Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos,
sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana.
Por eso, NO SE TRATA SOLO DE MIGRANTES, también se trata de NUESTROS MIEDOS, de
NUESTRA HUMANIDAD, de NO EXCLUIR A NADIE, de TODAS LAS PERSONAS, de poner a LOS
ULTIMOS en el PRIMER LUGAR, de CONSTRUIR LA CASA DE TODOS.
Amigos, comienza nuestro tiempo de silencio.

MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE REFUGIADOS

   
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