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Durante los tres últimos años, el control de los movimientos migratorios ha estado en el centro de la agenda política de buena parte del mundo desarrollado. EEUU abordó la mayor reforma migratoria con un fuerte debate nacional y con grandes manifestaciones de inmigrantes en reclamo de mayores derechos. La continua llegada a Europa de inmigrantes por el Estrecho provocó la primera reacción de la Unión Europea en materia de inmigración con el despliegue de una vigilancia costera multinacional y con la aplicación de leyes migratorias cada vez más restrictivas. La Asamblea francesa aprobó un proyecto de ley que busca una “inmigración elegida”.

Sin embargo, el mundo desarrollado no ha logrado poner freno a unos movimientos que ya son parte estructural de un sistema que depende de ellos. El verdadero desafío actual de las migraciones no es el control fronterizo si no establecer políticas integradoras y canalizadoras de los beneficios que estos movimientos generan.

Por ello, desde este espacio de reflexión y denuncia que es el Círculo de Silencio durante este año que comienza seguiremos poniendo voz a las personas que se ven forzadas a dejar su tierra, a los que permanecen en detención prolongada por haber entrado o permanecido irregularmente en un país extranjero pese a que la detención debería ser siempre una medida excepcional de último recurso, a los miles migrantes que mueren o desaparecen en el camino cada año…
Seguiremos denunciado las dificultades con las que se encuentran los migrantes para acceder a los servicios de salud, a la vivienda, a la educación o al empleo.

También, desde el Círculo de Silencio, alzaremos nuestras voces este año para pedir al nuevo gobierno de España un compromiso decidido con el fenómeno migratorio y los desafíos que plantea.
Hoy queremos recordar que el pacto de Marrakech sobre la migración, adoptado el 10 de diciembre de 2018, es un acuerdo de mínimos de la ONU que deseamos sirva de guía para la toma de decisiones en materia de inmigración. Su importancia deriva del hecho de que coloca el fenómeno migratorio en su dimensión prospectiva e interpela a toda la humanidad. Ataca, en términos crudos, a las redes criminales que se benefician económicamente de su sufrimiento y cuyas prácticas bárbaras no pueden dejar a ningún humano civilizado insensibilizado ante esta tragedia.
Pedimos también al gobierno, que proteja de manera especial a los niños y niñas migrantes y los convierta en una prioridad a la hora de tomar decisiones políticas.

No cabe duda de que el fenómeno migratorio está relacionado con cuestiones económicas, políticas, geoestratégicas, culturales y ambientales, además de las demográficas, que adquieren importancia. Pero las consideraciones humanas no pueden ser eliminadas del debate, deben estar en el centro si queremos construir una sociedad humanitaria y desarrollada.
Algunos países consideran que el flujo migratorio debe detenerse radicalmente. Esta es una posición insostenible, porque estos flujos son el resultado de elementos objetivos. Si las personas arriesgan sus vidas, no es por amor a la aventura, sino porque están acorraladas.

África, Asia y América del Sur son zonas de emigración. África tiene una población galopante, economías sufrientes, regímenes turbios, guerras internas… Estos esquemas son apoyados por los mismos países que quieren cerrar las fronteras a los migrantes. Los países asiáticos, Afganistán, Siria e Irak, han sido asfixiados por las guerras que han tenido lugar durante demasiado tiempo. Países como Honduras, México, El Salvador u otros tienen un problema de desarrollo y economía sumergida, a menudo controlada por las mafias.
Los países receptores o de tránsito debemos tomar conciencia de que esto no es una oleada puntual, sino una tendencia mundial a largo plazo. Los climatólogos anuncian que el calentamiento global pondrá a 200 millones de personas en las rutas de las migraciones. Ningún muro, ninguna política represiva, puede detenerlos.

Por ello se hacen necesarias e imprescindibles vías migratorias legales y seguras que salvaguarden la integridad física y la dignidad humana. Así como una verdadera política de codesarrollo que garantice el desarrollo de todos los países y la buena gobernanza.

Amigos, comienza nuestro TIEMPO DE SILENCIO.
MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS
DE CÁDIZ Y CEUTA.

   
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