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13 de marzo de 2019
El pasado 8 de marzo conmemorábamos el Día Internacional de la Mujer.
Millones de mujeres tomamos las calles en muchas ciudades del mundo para decir que aún queda mucho camino para la plena igualdad, que estamos cansadas de este sistema patriarcal, que vamos a seguir luchando por la igualdad de oportunidades para dejar a los que vienen detrás un mundo más justo.

En muchos lugares del mundo la mujer sigue sufriendo de manera muy acusada la opresión, la esclavitud, la violencia de un sistema y de una cultura machista; es sometida a diversas violaciones de su dignidad e integridad física, se le niegan derechos básicos como la educación, etc.
Muchas de estas mujeres abandonan su tierra, algunas huyendo de las vejaciones a las que son sometidas, otras buscando oportunidades laborales para salir adelante, a otras las mueve el deseo de luchar por unas mejores condiciones de vida para su familia…

Aprovechando el eco del 8 de marzo, hoy en nuestro Círculo de Silencio queremos tener presentes de manera especial A TODAS LAS MUJERES MIGRANTES del mundo.

La ONU estima que la mitad de las personas migrantes y refugiadas en el mundo son mujeres -unos 244 millones-.
Nunca antes tantas mujeres habían migrando para mejorar su trabajo y sus vidas. Para muchas, la migración aporta estas ventajas pero, para otras, incluye correr riesgos peligrosos, como la explotación en trabajos domésticos y la vulnerabilidad ante la violencia. Las políticas y prácticas migratorias no han sabido reconocer a tiempo estos riesgos y adoptar medidas para que el proceso migratorio resulte seguro para estas mujeres.

No es nada fácil ser mujer migrante, es un colectivo especialmente vulnerable que tiene que hacer frente a discriminaciones de diversa índole. Además de todo lo sufrido en los países de origen, muchas mujeres que deciden migrar son cosificadas y tratadas por las mafias antes y durante el trayecto migratorio y, una vez en el país de destino, siguen sufriendo explotación laboral, sexual, etc.

Las que llegan por otras vías a nuestros países, tienen que hacer frente a realidades sociales y laborales muy duras en las que se hace latente de manera especial la desigualdad y las injusticias.
La pobreza y la precariedad laboral tienen rostro de mujer migrante. Según datos oficiales, más de un 60% de las mujeres que trabajan como empleadas del hogar y cuidadoras en España son migrantes. Pero muchas ni siquiera aparecen en las estadísticas, porque trabajan sin contrato. Lo que supone una negación absoluta de sus derechos. Las trabajadoras en régimen de internas están sometidas a una mayor explotación e indefensión.
Hoy, en este espacio de reflexión y denuncia reconocemos la valentía y fortaleza de todas las mujeres migrantes, reconocemos también en su proyecto migratorio el gesto de amor y de sacrificio por sus familias.

Exigimos la lucha incansable de toda la sociedad por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
Denunciamos las desigualdades y explotaciones a las que se ven sometidas muchas personas por su condición de mujer y migrante.
Reconocemos y agradecemos el trabajo silencioso, casi invisible, de miles de mujeres migrantes que cuidan con dedicación y profesionalidad de nuestros hogares, nuestros mayores e hijos, de nuestros enfermos y personas dependientes y pedimos reformas laborales que doten al servicio doméstico de unas garantías justas y dignas.

Amigos, comienza nuestro TIEMPO DE SILENCIO.

MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS
DE CÁDIZ Y CEUTA

   
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