VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Pastor dadaísta

Siempre fui fronterizo en lo teológico. Mi amigos y amigas lo saben. Ahora bien, siempre tuve mucho cuidado de no ir más allá de la frontera. Tal vez las presiones ambientales me impedían ser un “espalda mojada” teológico.

¿Sabéis..? In illo tempore soñaba con un lugar donde los hombres y mujeres pudieran amar, pensar, investigar, dudar y cambiar -si fuera necesario- sin pasar por la guillotina de los defensores de la recta teología. Esa era mi lucha personal… Hacer posible la discrepancia de la convención sin dramatismos y juicios injustos. Deseaba que mi sueño se hiciera realidad. Pero fue como querer “atrapar el viento”.

Hoy he cruzado la frontera. He atravesado mi Jordán personal. No fue en seco. Me mojé, ¡y cómo! Soy un “espalda mojada” teológico. ¿Qué es lo que provocó mi huida hacia territorios más apacibles y generosos? La hipocresía y el desprecio por las Escrituras soportada por años, en relativo silencio, de aquellos que decían defenderla.

La ética de los faraones fue lo que me impulso a correr, subir a una patera y cruzar el océano buscando mejores tierras. O si preferís, cruzar a nado el río Grande. El viaje fue duro, pero mereció la pena.

Ahora miró hacia atrás y no siento nostalgia de “las cebollas de Egipto”. Soy un “espalda mojada” teológico con la conciencia tranquila.

A Dios, al Dios de Jesús, sea toda mi gratitud.

Para finalizar y después de haber dado gracias al que siempre me acompaña, permitidme compartir con vosotros un fragmento de un poema de mi admirado Celaya… A fin de cuentas la poesía es otra forma de hacer teología, posiblemente la mejor.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quienes somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

   
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