VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Rebelión

En 2010 se conmemora el primer centenario de existencia de la Confederación Nacional del Trabajo, la CNT, el sindicato al que perteneció Buenaventura Durruti. Hace cuatro años, en 2006, se conmemoró el septuagésimo aniversario de la Revolución Social española. Ni que decir tiene que desde el poder establecido —léase instituciones gubernamentales, medios de comunicación, universidades, etc.— tales aniversarios no existen, de igual manera que en 1936, esos mismos poderes trataron por todos los medios de ocultar la onda expansiva de dicha Revolución.

Desde el último tercio del siglo XIX, la doctrina ácrata de Mijail Bakunin se había extendido como un reguero de pólvora en nuestro país. Ya en una fecha tan temprana como 1872, la Federación Anarquista logró reunir a más de 45.000 militantes en la ciudad de Córdoba, con motivo de una convención. Así lo destaca Hans Magnus Enzensberger: “España es el único país del mundo en el cual las teorías revolucionarias anarquistas de Bakunin se convirtieron en un poder real. Los anarquistas mantuvieron hasta 1936 el control del movimiento obrero español; no sólo eran los más numerosos, sino también los más militantes.”

Pero hay cosas que, por mucho que se intenten esconder, son del todo imposibles. Por ejemplo, no se puede ocultar que en el verano de 1936 en Cataluña, Aragón y otros lugares de España, tuvo lugar lo que la filósofa francesa Simone Weil define como “una época extraordinaria, una de esas épocas que no han durado mucho hasta ahora, en las cuales los que siempre han obedecido toman todo a su cargo.”

De esta manera, los anarquistas ibéricos socializaron las fábricas, los grandes almacenes, los hoteles y restaurantes, colectivizaron las granjas, el campo y las bodegas más importantes, pusieron a disposición del pueblo los empresas de transporte y los ferrocarriles, abolieron el uso del dinero y la propiedad privada e instauraron, siquiera por unos meses, el comunismo libertario. Por primera vez en la historia de España, el pueblo, la clase trabajadora, era la dueña de sus decisiones, de los medios de producción, de sus movimientos, de su libertad.

Con toda seguridad, una de las personas más determinantes para que eso ocurriese fue Buenaventura Durruti, el anarquista leonés afincado en Barcelona. Como señala Enrique Tierno Galván, mucho se ha hablado y escrito sobre nuestra Guerra Civil, y se han recuperado muchas personalidades que han permanecido sepultadas por el olvido ignominioso de la Historia, no obstante, se hace necesaria una profunda revisión del anarquismo y el papel que este jugó en todo ese período histórico.

Así pues, urge recuperar la figura de Buenaventura Durruti, porque, como señala el historiador José Luis Gutiérrez Molina “la existencia de Durruti no es sino la de otros miles de revolucionarios españoles que empeñaron sus vidas en la conquista de una sociedad más justa. Recordando a Durruti, lo hacemos también a los demás que no por anónimos tienen menos importancia. La trascendencia del anarquista leonés no radica en su excepcionalidad, sino en haber sido uno más entre muchos.”

Durruti fue un hombre de acción. Su obra maestra, sin duda, fueron sus hechos, su manera de ser y estar, su fuerte personalidad, su elevada altura moral. Aunque la bibliografía sobre Durruti no es tan amplia como un personaje histórico de su magnitud merece, existen varias referencias para conocer a fondo la vida y la obra del líder anarcosindicalista. Vamos a ver aquí tres aproximaciones a la figura de un personaje cuya vida, en sí misma, fue una auténtica novela de aventuras.

En primer lugar, tenemos la obra El corto verano de la anarquía (Vida y muerte de Durruti), del escritor —ensayista, poeta, dramaturgo, guionista de documentales cinematográficos, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2002— alemán Hans Magnus Enzensberger. Este libro no es ni un ensayo, ni una biografía, ni una novela. No es nada de esto y lo es todo al mismo tiempo. En realidad se trata de un libro-collage, pues contiene fragmentos, visiones, reflexiones de otros escritores o historiadores, de amigos, de familiares de Durruti, o de personalidades que, en mayor o menor medida, tuvieron algún tipo de relación con el revolucionario leonés.

A comienzos de la década de los setenta, Enzensberger recopiló diferentes textos, artículos de prensa, entrevistas, para ofrecernos una visión nueva sobre la vida y la muerte (como señala el subtítulo del libro) de Buenaventura Durruti. Entremedias, el filósofo alemán intercala lo que él denomina “Comentarios”, sobre diferentes aspectos relacionados con el tema principal. De esta manera, Enzensberger diserta sobre los orígenes del anarquismo ibérico, sobre la II República, sobre la Guerra Civil, sobre el ejército miliciano, etc., etc.

En realidad, el autor se limita a transcribir una novela colectiva que se nutre de la información que aportan numerosos testigos oculares que estuvieron allí y que, a menudo, expresan puntos de vista diametralmente opuestos sobre el mismo acontecimiento (por ejemplo, sobre la muerte de Durruti acaecida en la defensa de Madrid, en noviembre de 1936). El corto verano de la anarquía, que ya desde su mismo título pretende ser un homenaje a aquellos meses veraniegos de 1936 donde más cerca se estuvo de alcanzar la Utopía, no pretende ser una minuciosa biografía de Durruti, sino ofrecer una panorámica histórica del personaje y por extensión de la organización sindical a la que pertenecía, la CNT-FAI.

La segunda obra se titula, simplemente, Durruti 1896-1936. Escrita por Rai Ferrer y con prólogo del que fuera alcalde socialista de Madrid, Enrique Tierno Galván, fue publicada en 1985, y es un libro bastante curioso, pues está profusamente ilustrado con dibujos del propio autor, ya que es un experimentado dibujante de cómics, diseñador editorial, realizador de cubiertas de libros en distintas editoriales, etc. No se trata de un tebeo a la manera tradicional, sino de un libro de estampas, que en palabras de su autor “está realizado a imitación de los folletos que llevaron la “idea” hasta los confines de la piel de toro”.

Ferrer, que nació unos años después de acabar la Guerra Civil, confiesa que no oyó hablar de Buenaventura Durruti hasta 1955 (en aquellos tiempos de represión feroz el solo hecho de pronunciar tal nombre podía acarrearle a uno graves problemas), y que sería su madre la primera persona que le puso tras la pista del líder anarcosindicalista, definiéndolo como “Un trabajador y un revolucionario… Por eso lo mataron…” El autor, en una breve introducción, explica que su objetivo al escribir esta obra fue hacer “un canto a los trabajadores. Un libro con un solo nombre en portada; pero con millones de protagonistas. Tal como Durruti deseaba.” Y luego añade. “A lo largo de sus páginas se habla de la CNT y de los pensamientos de la clase obrera. De sus miserias y de sus grandezas. De sus enemigos irreconciliables y de la revuelta permanente.” Un libro muy ameno para adentrarse en la vida de un personaje realmente fascinante.

La tercera de las obras que nos ocupan es un ensayo que me atrevería a calificar de extraordinario. Durruti en la Revolución española es una pormenorizada (más de 700 páginas) biografía del líder obrero, escrita por Abel Paz (seudónimo de Diego Camacho) un anarquista que tan solo con quince años vivió de primera mano muchos de los acontecimientos que luego ha narrado como cronista y que ha consagrado su vida a estudiar, analizar y difundir por todo el mundo el pensamiento libertario y los logros de la Revolución Social española.

La obra, prologada por el historiador José Luis Gutiérrez Molina, autor de numerosas investigadores sobre el anarquismo y la historia social contemporánea de nuestro país, está dividida en tres partes, que, en palabras del propio prologuista, “reproducen las etapas del pueblo español en su camino por su emancipación”: “El rebelde”: va desde el nacimiento de Durruti el 14 de julio de 1896 hasta la llegada de la II República; “El militante”: desde el 14 de abril de 1931 hasta el día del golpe de estado fascista, el 18 de julio de 1936; “El Revolucionario”: desde el 19 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de ese mismo año, día de su muerte.

Se cierra el libro con un apéndice titulado “Las muertes de Durruti”, en el cual se ponen de manifiesto las diferentes versiones que circulan sobre la muerte de Durruti acaecida mientras él y los miembros de su Columna defendían la capital de España del asedio fascista. Por último, encontramos una extensísima bibliografía de gran utilidad para quienes estén interesados en profundizar en el tema del anarquismo, las luchas sociales en España o la Guerra Civil. Para Gutiérrez Molina, este ensayo “es un instrumento válido para redefinir la consideración histórica de la guerra española, sacar a la luz los aspectos menos conocidos del conflicto, desbrozar el camino para estudiar el desarrollo de los elementos revolucionarios presentes y sus protagonistas y, en definitiva, situar el conflicto español como el último, por el momento, de los más profundos intentos de transformación social ocurrido en el solar europeo.”

El trabajo de Abel Paz para escribir este libro fue casi detectivesco: tuvo que realizar miles de entrevistas con personas que habían conocido y convivido con Durruti (desde su compañera Emilienne Morin a su hermana Rosa o su hija Colette; numerosos compañeros de la CNT, como Juan García Oliver o Federica Montseny; miembros de su Columna, como Francisco Subirats o Ricardo Rionda); tuvo que llevar a cabo una minuciosa búsqueda de documentos prácticamente desaparecidos por razones más que evidentes; se hizo necesario regresar a una España a la que le estaba totalmente prohibido acercarse debido a su condición de exiliado político, etc. Sin embargo, el resultado mereció la pena, pues el libro de Abel Paz es la biografía más exhaustiva que se ha escrito de Durruti hasta la fecha y, mucho nos tememos, que será prácticamente imposible superarla.

Escribe Gutiérrez Molina en su introducción a Durruti en la Revolución española: “Porque a pesar de los intentos de minusvalorar, despreciar, cuando no ignorar, la extensión, persistencia y arraigo de las ideas ácratas en nuestra sociedad cualquier observador que se aproxime a nuestro pasado más reciente no podrá dejar de observar la presencia de mujeres y hombres que, desde distintas organizaciones y planteamientos, han mantenido las ideas libertarías.” Estos tres libros son un buen antídoto contra la desmemoria histórica. Tres libros que tratan de poner la historia en su sitio. Tres libros altamente recomendables.

Blog del autor: http://mimargenizquierda.blogspot.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

   
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