VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Alandar
Ya empieza la primavera. Los primeros brotes verdes asoman en las ramas de los árboles. Algunas flores se atreven a lucir sus primeros colores. Empieza a darnos ganas de salir a la calle en mangas de camisa. A los alérgicos comienza a picarles la nariz. Empieza la primavera que es tiempo de muerte y resurrección, tiempo de Pascua, tiempo de que brote la vida en donde sólo había muerte y sequedad. Y no sólo en los árboles, también sucede lo mismo en nuestras vidas.

Aunque pueda parecer raro, resucitar tiene hoy en día más sentido que nunca. Vivimos rodeados de muerte, de sufrimiento. En nuestros mares se amontonan los cuerpos de los que cruzan el estrecho después de haber cruzado el desierto, en nuestros barrios se acumula el dolor de la violencia, en nuestras calles se amontona el dolor y el vacío de quienes no tienen hogar y en nuestras casas se reproduce el mal de la indiferencia, del inmovilismo, del “yo no puedo hacer nada para cambiar las cosas”.

Frente a todo eso en alandar queremos afirmar que es posible, también hoy en día, que la vida venza a la muerte. Desde el corazón, desde la esperanza, desde la sencillez, desde la entrega, desde el riesgo. Como afirma Siro López, “creer en la resurrección es creer en la fuerza del amor que trasciende el dolor, la injusticia e incluso la muerte”.

Resucitar hoy es sentir que la vida tiene sentido, dentro del sinsentido del mundo. Apasionarse, volcarse en la caricia que nos acerca al otro, tomar su mano, disfrutar del calor de su cuerpo, de la fuerza de sus besos. Resucitar, sentirse vivo, es dar la vida por los otros, dar nuestro tiempo, nuestros oídos, nuestra paciencia, nuestro perdón, nuestro abrazo… dar esperanza. Resucitar es también intentar llenar de belleza el mundo, creer en la poesía, en la armonía, en las cosas bien hechas con cariño y con cuidado. Resucitar es comprometerse. Resucitar es seguir caminando. Resucitar es atreverse a decir, a gritar, que la vida vale la pena y que hay que disfrutarla segundo a segundo, desde el primer grano de arena hasta el último.

Queremos que, en esta Pascua, la resurrección de Jesús nos haga sentir “la alegría desbordante del que se experimenta una vez más resucitado, impulsado, sacado de la mediocridad, para vivir con Él una historia de pasión por el ser humano y pasión por la vida”, tal y como dice Mari Patxi Ayerra. Año tras año, en Pascua resucitamos. ¡Resucitemos!

   
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