VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Alandar
Nos han educado cómodamente en una resurrección similar a los cuadros de Tintoretto, en ocasiones con una estética propia del manierismo, con una concepción críptica, teatral, emotiva… Una muy fácil solución que no siempre ha dado sus frutos en una sociedad necesitada de sentido.

La complejidad de la vida y de la trascendencia siempre ha necesitado acudir a los relatos, a los símbolos, a la estética para ahondar en el misterio. Pero como en más de una ocasión, nos hemos quedado en la imposición de un credo sin llegar, en la mayor parte de los casos, a sentirlo.

En la actual sociedad se van anunciando nuevas tecnologías de una felicidad artificial mientras se acumulan los miedos a lo eternamente esencial. Nuestra vida desenfrenada es como pretender dormir deprisa. Detenernos a sentir nos aterra.

En esta vorágine, la muerte es un tabú televisado, maquillado y al mismo tiempo altamente rentable, económicamente hablando. Para empaparse de la vida resucitada antes hay que asumir desde lo natural y desde la justicia, el reto de la hermana muerte. La muerte es de las pocas verdades en las que creyentes y no creyentes, nos encontramos. Ahora sólo nos falta encontrarnos en el amor y… resucitaremos en la plenitud de sentirnos uno en la universalidad, en el Amor respirado por todos.

Creer en la resurrección es creer en la fuerza del amor que trasciende el dolor, la injusticia e incluso la muerte. Ese Amor en plenitud no se cuantifica, ni se pesa,… se siente en profundidad y se permanece en uno y en el otro, en el todo y en la nada. Abrazarnos para sentir la piel que trasciende en el otro y de esa manera beber de la eternidad del Dios-amor.

   
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