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Diamantino1Texto leído en la celebración del 25 aniversario de la muerte de Diamantino García en Osuna el 9 de Febrero(Redacción de RR.CC)
El día 9 de febrero de 2020 se cumplen 25 años del fallecimiento de nuestro querido compañero Diamantino. Hace ahora 25 años que muchos y muchas de nosotros estuvimos aquí en este mismo lugar aquel día triste y lluvioso, dándole la última despedida. A pesar del tiempo transcurrido, la sola mención de su nombre sigue despertando en mucha gente una fuerte sensación de nostalgia, emoción y recuerdos inolvidables. Falleció demasiado joven, como los grandes mitos, pero su vida, sus palabras y sus hechos forman parte del mejor patrimonio humano que ha tenido Andalucía en toda su historia.

Diamantino había nacido en Ituero de Azaba, un pequeño pueblo de Salamanca, pero con cinco años se trasladó a Sevilla. Aquí estudió y se hizo sacerdote, convencido de dedicar su vida a los demás. El 10 de Agosto de 1969, llegó a Los Corrales con tan solo 26 años de edad para dirigir la Parroquia, aunque su destino no fue casual, porque junto a un equipo de cuatro compañeros más, habían elegido la Sierra Sur de Sevilla para su trabajo: Los Corrales, Martín de la Jara. Pedrera. Gilena y Aguadulce. Allí se instalaron Diamantino, Miguel, Enrique, Juan y Esteban.

En las primeras semanas iniciaron la creación del “Movimiento Junior”, organizando una serie de grupos de niños y jóvenes que nos reuníamos con ellos para hablar de solidaridad, del egoísmo de las injusticias sociales. Al poco tiempo dejaron de repartir las hojas parroquiales que llegaban del Episcopado y comenzaron a editar cada semana sus propias hojas, en las que reflejaban otra versión del cristianismo y de los problemas reales de la gente. Más tarde, comenzaron a señalar también la falta de libertad del Régimen Franquista y la reacción no se hizo esperar en las autoridades de la época, ni en los sectores conservadores, que empezaron a escandalizarse de aquellos curas.

A medida que los grupos se fueron ampliando, curiosamente, en todos los pueblos surgió el mismo calificativo hacia los jóvenes que nos acercábamos a ellos, señalándonos en tono despectivo como: “la gente del cura”. Desde los primeros momentos aquellos nuevos sacerdotes se propusieron ser considerados como otros trabajadores más del pueblo, trabajando en la aceituna o emigrando a la vendimia francesa. En muy poco tiempo, Diamantino consiguió hacerse querer por muchas familias humildes, conociendo a todos y todas por sus nombres y por sus apodos. Allí donde había un enfermo, un necesitado o un problema, siempre estaba presente y disponible para resolver cualquier asunto. Comenzó a convertir su casa, la iglesia y la sacristía en un centro de actividad permanente; reuniones, clases de alfabetización, asambleas, charlas semanales… Allí se leían otros libros, se escuchaban otras canciones, o se representaban pequeñas obras de teatro.

Durante los primeros años, entrar en su casa significaba descubrir cada día nuevas experiencias que en la calle estaban prohibidas. Su brillante don de palabra atraía como un potente imán con ideas claras y firmes. Su intensa dedicación a los débiles le hacía ser muy crítico con la jerarquía de la Iglesia, a la que denunciaba de alianza con los poderes establecidos y de pasividad ante las injusticias. Su cristianismo era liberador y comprometido con los pobres. Por ello, quiso hacer de la Iglesia un refugio para defender a los débiles, organizando encierros, huelgas y protestas contra el abuso y la explotación. En los momentos difíciles, era el primero en dar la cara, una actitud por la que fue amenazado, detenido, juzgado, y perseguido.

En uno de los informes que envió la Guardia Civil al Gobernador se decía textualmente: “Donde hay conflictos laborales, allí se encuentra Diamantino, siendo su labor la de un revolucionario. Este sacerdote, está conceptuado en este puesto como activista en contra del Régimen actual, ya que es muy amante de todos los partidos políticos que están en contra del Gobierno de la Nación, siendo de tendencias comunistas por cuyo motivo su conducta deja mucho que desear”.

Tras la muerte del dictador parecía abrirse una esperanza, hacia una sociedad democrática que acabara con las injusticias del pasado, pero aquellos curas obreros adivinaron pronto el modelo de Democracia que se estaba pactando. En una Hoja Parroquial del equipo de curas, publicada en octubre de 1976, señalaron con extraordinaria precisión: “Democracia, una palabra que ahora atraviesa de parte a parte todos los periódicos del país, y que se hace imprescindible en cualquier discurso de personas que han convivido cómodamente con la Dictadura. Democracia, una palabra que interesa menos de lo que se aparenta. Pronto se instalará en nuestro país una controlada Democracia, pero la mayoría seguiremos muy alejados de los centros donde se tomen las decisiones económicas y políticas. A lo más que llegaremos será a echar una papeleta con un voto para darle más poder a quien controla la opinión pública desde los medios de comunicación. Con poder votar no está hecha la Democracia. La Democracia es darle verdadero poder y participación al pueblo para que él sea el propio protagonista de su destino y de su historia“.

Consciente de que se abría una compleja etapa, Diamantino se implicó de lleno, participando en la fundación del Sindicato Obrero del Campo (SOC) y en la creación de Asociaciones de Vecinos que canalizaran las inquietudes políticas, sociales y culturales, hasta desembocar en las primeras Elecciones Municipales de 1979.

El continuo problema del paro y la emigración azotaban nuestros pueblos. La Reforma Agraria pendiente en Andalucía era uno de los grandes retos históricos y su puesta en marcha podía aportar grandes soluciones. Después de cuarenta años, se reanudaba la lucha por la tierra. El 12 de julio de 1978, la finca “Aparicio”, ubicada en la carretera de Osuna a Martín de la Jara, fue el primer objetivo y muchos trabajadores de la comarca respondieron a la llamada. Se extendieron las ocupaciones por toda Andalucía y el respeto a la figura del “jornalero”, saltó a todos los medios de comunicación. El Himno de Andalucía recobró vida real en cada ocupación al cantar con orgullo: “Andaluces levantaos, pedid Tierra y Libertad”.

Grandes fincas, propiedad de terratenientes, no escaparon al punto de mira de Diamantino, encabezando en numerosas ocasiones ocupaciones para exigir cultivos que dieran mano de obra y repoblación forestal. Su participación en la mayoría de los conflictos del campo, le fueron forjando como un luchador infatigable y un líder jornalero sin precedentes. Su presencia y sus palabras reforzaban los encierros en Ayuntamientos, Diputaciones u Oficinas del INEM. La preocupación constante por la falta de trabajo le hizo buscar y gestionar medios y posibilidades para impulsar Cooperativas de Trabajadores. Conocía los despachos de la Administración y de los gobernantes como nadie. Su alcance hacia cualquier lugar sorprendía a diario. Con él se relacionaban innumerables personas de todas partes, y de su mano llegaron a nuestros pueblos líderes sindicales, políticos, y mucha gente del mundo del arte y la cultura. Unos y otros traían un enorme caudal de experiencia a nuestros pueblos olvidados desde siempre.

Su dedicación era constante como cura obrero en la Iglesia y en la calle, trabajando en su casa y en el campo, atendiendo problemas, organizando y movilizando, acompañando a los que sufrían, visitando cárceles, hospitales y barrios marginados de toda Andalucía. No había excusas para él. Si ocurría una desgracia, no importaba la distancia. De día o de noche, con peligro o sin él, Diamantino siempre hacía todo lo posible para estar presente. Su sola presencia tranquilizaba y los problemas se hacían más pequeños con su apoyo. Todo ello fue proyectando su gran valor personal hacia amplios sectores de la sociedad, con el que fue ganándose el respeto a todos los niveles.

Nuestros pueblos, castigados de siempre por el paro y la emigración, encontraron en Diamantino un aliado incondicional, un luchador incansable por la dignidad. Sus aportaciones fueron fundamentales para que los trabajadores de Andalucía y Extremadura percibieran ayudas, subsidios y empleos comunitarios. Su avance siempre constante en favor de la justicia, saltó las fronteras y su ejemplo escapaba hacia cualquier lugar. A su casa llegaban los oprimidos, los marginados, los castigados por la droga, los que no tenían vivienda, los inmigrantes… Su continua actividad, reconocida en todos los ámbitos políticos y sociales, alcanzó un enorme prestigio de entrega y honradez por toda Andalucía. Lo llamaban desde cualquier lugar para escucharle. Sus artículos en la prensa eran un continuo clamor de denuncia y defensa de los olvidados.

Su vida se fue consolidando como un patrimonio de todos, conociendo personalmente la miseria allí donde nace, y la lucha de los pueblos oprimidos por liberarse. A finales de los 80, participó en la fundación de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y de la organización Entrepueblos para unir esfuerzos en defensa de los pobres con campañas y proyectos de ayuda al Tercer Mundo y a los inmigrantes. En toda esa labor era consciente de los grandes obstáculos que debía combatir frente al poder establecido, convirtiéndose en un personaje molesto para los distintos gobiernos. También tuvo que convivir con la incomprensión de aquellos sectores de población que lo atacaron y calumniaron, un hecho que él siempre atribuyó a la ignorancia y a la falta de conciencia. Durante toda su vida denunció los gastos militares, la entrada de España en la OTAN, la manipulación televisiva, el folklore religioso de los falsos cristianos y la utilización de las imágenes para campañas turísticas y comerciales.

A finales de 1989, le llegó uno de los golpes más duros. Un cáncer linfático comenzó a acompañarle para el resto de su vida, creándole una continua dependencia de tratamientos y hospitales. A pesar de ello, seguía su tarea diaria, volcado cada vez más en la Asociación Pro Derechos Humanos.

En 1993, le concedieron la Medalla de Plata de Andalucía por su defensa de los colectivos más desfavorecidos, pero su conciencia, siempre firme y critica con el poder no daba tregua a lo que toda su vida habían sido sus objetivos. Con sus propias palabras manifestó: “Después de tantos años y de haber pasado tanto. De haberme perseguido, incomprendido y detenido, es estimulante que ahora a quienes seguimos luchando, haya ciertas voces que nos admiran. De todos modos yo me pregunto inquietado cuando hago esta reflexión, -¿Qué cosas estaré haciendo mal cuando están empezando a hablar bien de mi?”.

La enfermedad no se detuvo y sus esfuerzos por mantener el ritmo y aparentar un estado de salud normal, eran enormes. Cada vez con menos defensas, el cansancio y la fiebre iban debilitando su voz. Sin embargo, a niveles sociales, muchos colectivos barajaban su nombre para proponerlo Defensor del Pueblo en Andalucía, pero su salud se movía en dirección contraria. Sin despedirse de nadie, a finales de Noviembre de 1994, decidió venirse a Sevilla con su familia. Desde aquí seguía de cerca la actividad de la Asociación Pro Derechos Humanos a golpe de teléfono, pero el proceso había entrado en una etapa irreversible.

Poco a poco Diamantino se fue apagando. Muchas personas seguíamos en silencio sus últimos días en el hospital. Cada tarde y cada noche alimentábamos una pequeña esperanza. No había un instante en el que continuamente dejaran de pasar por la puerta de su habitación gente de cualquier lugar para intentar verlo y expresarle la gratitud de haberlo conocido. Tras un mes de angustia, la mañana del 9 de Febrero de 1995, recibimos la peor noticia. Diamantino nos había dejado para siempre.

Desde entonces, su vida comenzó a ser parte de nuestra memoria colectiva y un fuerte estímulo para quienes intentan continuar su lucha. Tras su fallecimiento numerosas Plazas, calles, locales y centros de enseñanza de toda Andalucía empezaron a llevar su nombre. Veinticinco años después de su muerte seguimos recordándolo, pero sus doctrinas sólo sobrevivirán si los pueblos y la gente a los que entregó su vida tienen la valentía de mantener vivo su ejemplo.

   
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