VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Inicialmente me costó encontrar el título: ¿cómo había que relacionar las dos palabras que lo componen? Tanto consciente como inconscientemente la relación entre ambas palabras puede generar reacciones no deseadas en los lectores. Con ambos
términos no me refiero a religiosidad ni espiritualidad algunas. Es importante que la persona lectora se deje ir para ver estas dos palabras qué le hacen resonar en su interior, sin filtrar nada de la parte cognitiva. ¿Son dos realidades?, o ¿una tal vez? ¿Universales?

Cada cultura tiene sus propias palabras. Vamos a ver, en primer lugar, su etimología o estudio del sentido verdadero. Es un asunto de desmenuzar las palabras.
La palabra “Dios” sin dudas reenvía de repente a un Ser Supremo o Superior, y puede resonar bien, regular o muy mal en cada uno de nosotros. Esta palabra, Dios, viene del latín y éste del griego y éste de la lengua más antigua, el indoeuropeo. En
resumen: el significado original es "luz". Y aquí la cosa cambia
muchísimo. Esta “Luz”, que por tanto ilumina, no es una palabra
sino una Realidad.

Me atrevo a indicar un nivel de conciencia que
permite ver y vivir las situaciones interiores que tienen como base
toda la anatomía y la fisiología. Hoy lo ubican todo, no muy
acertado, en el cerebro. Éste no puede existir aislado sino en el
contexto no únicamente biológico sino también psicosocial que
permite sintonizar tanto con la realidad interior como la exterior,
que es la misma. Luz que resplandece en la macro y micro
realidad. Ahora bien, sin olvidar que no hay más ciego que aquel
que no quiere ver.

La palabra Amor nos permite en castellano realizar un juego
etimológico forzado, pero no académico. La vocal “a” la podemos
considerar como negación o privación: no. Y la segunda “mor”
por la pronunciación puede sentirse como muerte (mor, mortis).
Por tanto, amor es donde no está la muerte: a-mor. Donde no hay
muerte, hay vida. Amor es vida. Y si vamos a la raíz más antigua,
la indoeuropea “am”, significa “madre”. Y la madre da la vida.
"Ha dado a luz" una forma de expresar el nacimiento de un ser
humano. Y nos acercamos a un ámbito donde hay cariño,
estimación, apego, entrega incondicional y otros valores fácticos.

Dicho de otra forma, la palabra “amor” sintetiza una cantidad de
emociones accionales. Emoción y cuerpo son dos palabras de la
misma realidad humana: Corporeidad. Por tanto, diferenciar no es
separar. Desafortunadamente, hay ciertas ciencias que lo hacen y
así vamos. Es un problema muy serio que debe considerarse en la
nueva sociedad del conocimiento, cambio y creatividad. La
robotización o la mecanización no tienen emociones ni
creatividad ni ven; sí un enorme cálculo matemático. La robótica,
como la ciencia y técnica, no aman ni dan luz vital; no tienen
valores humanos. Son como un cuchillo bien afilado, pero ¿en
manos de quién está?

Dios: LUZ. Amor: VIDA. Por lo tanto, LUZ VITAL. Y el
problema de palabras es que utilizamos la palabra amor, como he
insinuado antes, con muchos sentidos distintos. Y ahí está la
confusión. Nuestra lengua es pobre para expresar esta riqueza
pneumapsicosomática. O dicho de otra forma “la energía vital
dinamizando las emociones expresadas en la corporeidad”. Es
decir, la totalización radical del ser humano. Esta gran “calidad
humana profunda”, que es un dato antrópico, forma parte de la
estructura humana.

Los entendidos nos dice que el finlandés tiene
unas cuarenta palabras para expresar los matices distintos de la
nieve. Y un poeta sufí persa Ḥusayn ibn Manṣūr al-Ḥal·lāğ (858-
922) utiliza unas sesenta palabras para expresar los matices
distintos de amar. Y la lengua griega tiene tres palabras para
expresar el amor: Eros, filia, ágape. Y en castellano, una: amor. Y
aquí entramos en el gran ámbito del erotismo. Este instinto
pulsional, a la vez genético y sin objeto específico, empuja, da
energía: luz y vida. La palabra “amor” es una gran tapadera en
muchos matices perversos, cuando es simple instinto.

Y si hay un ámbito donde es necesario “educar” mucho, es en
este mundo psicoafectivo o sexualidad o sexuación. Y las
experiencias de los demás no son válidas para el proceso de
autorrealización. Este proceso es LUZ VITAL. Y la fuente o el
manantial es el núcleo profundo de todo ser humano, que no tiene
nombre, pero Es. Al nacer, fruto de la relación amorosa como
ideal, que surge en el momento del deseo de querer “dar a luz
vital” tanto en el padre como en la madre.

Es necesario “educar o hacer emerger del interior” al reconocer a través de los diferentes niveles de conciencia de que la corporeidad es su expresión.
Dicho con una metáfora: La luz que la bombilla da no tiene la
fuente en la bombilla misma, que puede creérselo (y entonces
tenemos un narcisismo), sino que la energía le es dada. Y así
tomar conciencia la bombilla de cuál es su hondura. Toda una
gran trabajo de la hominización a la humanización o “humanizar
la humanidad”. Como me decía un buen librero de Santiago de
Compostela a la pregunta de los peregrinos: ¿Cuándo falta por
llegar a Santiago? Les respondía, y ha hecho una postal: ¡No
corras! que dónde debes llegar es a ti mismo. Es decir, hacerte
consciente de la LUZ VITAL. La profundidad eres tú mismo/a.

Jaume PATUEL PUIG (1935)
Pedapsicogogo
jpatuel@copc.cat

   
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