Enviado a la página web de Redes Cristianas

Leonardo Boff2Existencialmente hablando. Dios es el nombre que simboliza aquella tiernísima Realidad y aquel Sentido amoroso capaz de llenar la incompletitud del ser humano. Dios sólo tiene sentido si emerge de nuestro radical deseo que para Aristóteles y Freud es infinito.
Esa Suprema Realidad (el Reale realissimum de los pensadores medievales) fue expresada en el contexto de la cultura del patriarcado: Dios se presenta como masculino. Como consecuencia, todas las grandes religiones históricas se estructuraron en el código patriarcal. Por eso, tales lenguajes necesitan ser hoy despatriarcalizados si queremos tener una experiencia totalizadora de lo Sagrado. En eso las mujeres pueden ser nuestras maestras y doctoras.

Todos hemos sido ayudados por el descubrimiento de la existencia, antes puesta en duda, de una fase matriarcal de la humanidad, ocurrida hace unos 20 mil años. Las divinidades eran todas femeninas. Esto significó un giro en la reflexión teológica. Hoy sólo hacemos justicia a nuestra experiencia de lo Divino si la traducimos en términos masculinos y femeninos simultáneamente. En un lenguaje inclusivo Dios emerge como Padre maternal y como Madre paternal. Como Dios-Él y Dios-Ella, en el decir de muchas feministas.

Obviamente “Dios” sobrepasa las determinaciones sexuales; sin embargo, hay valores positivos presentes en esta forma de nombrar a Dios. Masculino (animus) y femenino (anima) son principios estructuradores de nuestra identidad.

Todas las palabras del diccionario no pueden definir a Dios, pues Él sobrepasa a todas. Vive en la dimensión de lo inefable. Ante él más vale callar que hablar y vivir una actitud de respeto y de devoción.

Estimo, sin embargo, que no podemos renunciar a la palabra “Dios” en razón del rico significado semántico de su origen sánscrito (di) y griego (theós): la luminosidad que se irradia en nuestra vida (el significado de di en sánscrito) o la solicitud para con todos los seres, quemando con su bondad toda malicia cual fuego purificador (el sentido originario del theós griego).

Las mujeres se impusieron a sí mismas la tarea: como pensar lo divino, la revelación, la salvación, la gracia, el pecado, a partir de la experiencia de las mujeres mismas, es decir, a partir de lo femenino. En el contexto de la teología de la liberación, la pregunta es: ¿cómo pensar a Dios a partir de la mujer pobre, negra y oprimida?

En este campo ha habido contribuciones notables. En primer lugar, las mujeres mostraron cuán patriarcal y machista es el discurso considerado normal y oficial que penetró en la catequesis, en los discursos oficiales e incluso en la teología erudita. Rara vez los teólogos-hombres han tomado conciencia de su lugar social-sexual-patriarcal.

La teología todavía dominante constituye una elaboración que los hombres, como hombres, hacen de lo Divino. Es una teología poco espiritual, a diferencia de la teología femenina que es más narrativa, marcada por la inteligencia cordial y la espiritualidad.

A partir de la experiencia de lo femenino, el discurso teológico se volvió más existencial, inclusivo e integrador de lo cotidiano. Una cosa es decir Dios-Padre. En esta palabra resuenan arquetipos ancestrales ligados al orden, al poder, a la justicia y a un plan divino. Y otra cosa es decir Dios-Madre. Esta palabra evoca experiencias originarias y deseos arcaicos de protección, de útero acogedor, de misericordia y de amor incondicional.

Mientras la religión del Padre introduce el infierno, la religión de la Madre hace prevalecer la misericordia y el perdón.

Finalmente, cabe preguntar: ¿en qué medida lo femenino/masculino son caminos de la humanidad hacia Dios y en qué medida lo femenino/masculino son caminos de Dios hacia la humanidad? Sólo tenemos acceso integral a Dios mediante lo femenino y lo masculino, pues “son a su imagen y semejanza”.

Ya C. G. Jung y Paul Ricoeur observaron que lo masculino y lo femenino sobrepasan el ámbito de la razón. Entran en la dimensión de lo Profundo incognoscible, es decir, del misterio. Hay, por lo tanto, cierta afinidad entre la realidad Dios y la realidad femenino/masculino, porque ambas son misterio, aunque Dios es siempre mayor (semper maior).

Si lo femenino/masculino son perfecciones, entonces se anclan en Dios. Si es así, lo femenino/masculino adquieren dimensiones divinas.

La teología plantea todavía una pregunta radical: ¿a qué están llamados, en el plan último de Dios, lo femenino y lo masculino? Es una cuestión irrenunciable.

En una formulación extremadamente abstracta y generalista, pero verdadera, podemos decir: todas las religiones, por los caminos más diversos, prometen una plenitud y una eternización de la existencia humana, masculino/femenina. Serán Dios por participación, al decir del místico san Juan de la Cruz. Será una fusión con la Suprema Realidad que es amor y juego de relaciones recíprocas. El Cristianismo se suma a esta comprensión bienaventurada llamándola el Reino de la Trinidad.

Leonardo Boff escribió El rostro materno de Dios, Paulinas, Vozes 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

   
© 2012 Redes Cristianas Suffusion theme by Sayontan Sinha