ANTE EL DETERIORO DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS

 

Los miembros del Grup de seglars i rectors del dissabte queremos ofrecer al conjunto de la población nuestra reflexión sobre la situación actual de los servicios públicos en nuestra sociedad.

 

Constatamos un deterioro generalizado de los bienes y servicios que el Estado ha de garantizar a toda la ciudadanía, de acuerdo con la Constitución española y la Declaración de los Derechos Humanos. Este deterioro, que se pone de manifiesto en los tres ámbitos fundamentales de educación, sanidad y servicios sociales, agrava la situación de empobrecimiento de la población y genera nuevos problemas que afectan especialmente a sus sectores más vulnerables: mujeres, personas con discapacidad, menores, ancianas, inmigrantes y sin-techo.

 

► En lo que respecta a la sanidad, la falta de material o de su mantenimiento adecuado y las condiciones laborales del personal sanitario repercuten negativamente en la calidad de la atención a las personas enfermas. Si éstas no tienen reconocido el derecho a la asistencia sanitaria gratuita, dejan de acudir a consultas médicas por miedo a generar facturas que no podrán abonar, lo cual pone en riesgo su salud y la del resto de la población. El copago farmacéutico, con la interrupción de tratamientos que no se pueden asumir económicamente (incluso de salud mental), contribuye también a la disminución del nivel de protección de la salud.

 

► La calidad de la enseñanza pública se ve afectada, asimismo, por las decisiones políticas y económicas actuales, con un empeoramiento de las condiciones laborales del personal y de la situación del alumnado (aumento de la ratio por clase, falta de recursos materiales y dificultades para acceder a recursos educativos y de tiempo libre y a ayudas de comedor, libros y material escolar), y con una marginación creciente de la enseñanza en valencià, a la que se le ponen cada vez más obstáculos.

 

► Los recortes en personal y recursos económicos en el ámbito de los servicios sociales afectan gravemente a la población más empobrecida y también a un sector más “normalizado” que, a raíz de la crisis, se ve abocado a pedir ayudas por pérdida del trabajo y/o de la vivienda. Las personas pensionistas, por constituir la única fuente de ingresos fijos, se están convirtiendo, muy frecuentemente, en factor “reagrupador” de descendientes que, por falta de recursos, no pueden mantener una vida autónoma y vuelven, incluso con cargas familiares. Así se precariza también la situación económica de pensionistas que ven aumentar los gastos y disminuir el poder adquisitivo de su pensión. Asimismo, las personas con discapacidad se vuelven más vulnerables por la situación de desempleo y empobrecimiento, sufriendo una disminución de su calidad de vida: las entidades del sector les ofrecen menos servicios porque se reducen sus fondos; las personas no dependientes quedan fuera del sistema de la Ley de Autonomía Personal y las dependientes ven recortadas sus prestaciones: muchas veces las personas cuidadoras han de trabajar fuera de casa por motivos económicos y las solicitudes de plazas residenciales y de servicios domiciliarios quedan desatendidas.

 

Ante toda esta situación de empobrecimiento generalizado y de pérdida de calidad de vida, reafirmamos, una vez más, la centralidad y la prioridad de la persona humana por encima de cualquier interés político, ideológico o económico.

El lamento de las víctimas de esta crisis económica provocada por la injusticia estructural del sistema capitalista, retumba en nuestros oídos permanentemente y golpea nuestras conciencias para que no permanezcamos indiferentes (cfr. Éx.3).

Los recortes en los servicios públicos para dedicar los recursos a sanear la economía de los bancos y del poder financiero, hacen patente la inhumanidad del sistema económico que hemos construido. Para él, lo prioritario no es la persona sino el capital, al cual ha convertido en ídolo y se lo sacrifica todo. Con el Papa Francisco tenemos que decir que el sistema neoliberal imperante hoy en el mundo, está basado en una economía de la exclusión y la desigualdad que mata. Y mata fundamentalmente a las personas pobres. Afirmamos con rotundidad que el neoliberalismo es la muerte de la democracia y el fracaso del plan de Dios sobre la humanidad. La destrucción de vidas humanas y la pauperización generalizada que produce en la inmensa mayoría de la población mundial, nos llevan a afirmar, con toda objetividad, que este sistema representa un auténtico terrorismo de Estado.

 

Por eso es necesario comprometerse en la transformación radical de esta sociedad, para construir una alternativa más humana y solidaria en la que:

 

• Todo se ponga al servicio de los seres humanos, especialmente los más empobrecidos.

 

• Se garantice a todo el mundo la vivienda, la salud, la enseñanza y el trabajo dignos.

 

• Se asegure la calidad de los servicios públicos evitando convertirlos en negocio privado.

 

• Toda la ciudadanía pueda disponer de una renta mínima para vivir dignamente.

 

• El capital y las finanzas estén controlados por los poderes públicos.

 

• Se asegure unos servicios sociales adecuados, que atiendan verdaderamente a los sectores más vulnerables para que puedan vivir con dignidad.

 

• Haya justicia distributiva real para que el bien común prevalezca sobre el bien privado.

 

• Se implante una política fiscal justa (con un gravamen relativo al poder adquisitivo) e intolerante con la evasión de capitales y la corrupción.

 

Es, pues, necesario y urgente recordar, en estos momentos, las palabras de M. Gandhi: “Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”. Esta conciencia crítica llevará a la movilización de tota la ciudadanía para recuperar el protagonismo y la participación de la sociedad civil, con el fin de hacer posible un cambio real de las estructuras que dé paso a un sistema más justo e igualitario.

 

València, marzo de 2014

   
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