VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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En un comentario del teólogo Pagola en el web de Cristianisme XXI al texto evangélico correspondiente, el autor llega a la conclusión de que hoy la religión cristiana es cada vez más contestada con una gran indiferencia.

Pero un compañero del grupo, Jaume Rocabert, en un “comentari al comentari”, tercia y dice (traducción mía):
“La homilía nos dice “probablemente recibieron una educación religiosa débil y deficiente”. Desgraciadamente no fue así, fue y es, exceptuando algunos, pocos, casos, verdaderamente errática y no deficiente, sino muy alejada del mensaje evangélico, del mensaje de Jesús de Nazaret. Una religión, ritual, orientada a grandes y parafernálicas celebraciones, de normativas y devociones totalmente alejadas del núcleo central de lo que Jesús enseñó a sus discípulos.”

Quiero expresar mi acuerdo total con esa opinión, y este tema es una de mis preocupaciones más actuales. Agradezco que me haya facilitado la manera de entrar; me ha ahorrado el paso, siempre difícil, de cómo lo enfocas para empezar. Querría especificar las razones por las cuales, Rocabert, un servidor y supongo que otros miembros de Cristianisme XXI, pensamos que la formación religiosa habitual ha sido, y todavía muchas veces es, errática y alejada del mensaje evangélico.

1) Siempre y en todo momento, ha prescindido del mensaje profético sobre el Derecho y la Justicia (en lenguaje actual: justicia social). No solo no lo ha enseñado, sino que lo ha ignorado.
2) En la parte evangélica, cuando decimos que la actual formación está muy alejada, queremos decir que el “centro” del mensaje de Jesús ha sido, como si dijéramos, “invertido”: Jesús comunicó una manera de vivir basada al HACER (el bien), donde el creer era complementario y/o se daba por supuesto; en cambio se nos ha enseñado una forma religiosa muy basada en el hecho de CREER, donde el “hacer” (el bien) es un “consejo” siempre presente, siempre recomendado, pero donde siempre parece que sea una cosa de más.

Y, naturalmente, este CREER se ha ido materializando en una larga (cada vez más larga) serie de VERDADES, supuestamente “reveladas” por Dios.
Y junto con las verdades (de creencia “obligada”), las prácticas litúrgicas, no solo la asamblea comunitaria semanal, lógica y necesaria, sino, ocasionalmente, en ciertas Fiestas, también tenidas por muy importantes, unos actos religiosos muy largos y complicados.

3) Todo esto acompañado de la correspondiente “obediencia” a unas jerarquías, demasiado elevadas y lujosas.
4) Las Verdades también influyen en el hecho de que, ante situaciones humanas difíciles, a menudo especiales, se pretende aplicar soluciones basadas en principios teóricos, poco humanos, a veces provenientes de textos antiguos, incluso bíblicos, que supuestamente se tienen que aplicar en todos los casos, similares o diferentes, aunque den lugar a situaciones deshumanizadas.

5) Esta “formación cristiana” se ha dado, y se da, en un contexto de enorme incultura. Muchas personas que acuden a la misa semanal todavía creen que la estancia de los israelitas en Egipto y su salida, con la actuación divina tan extraordinaria, el encuentro en el Sinaí (montaña inexistente), dirigidos por un Moisés inexistente, todavía creen que es verdad. O creen en los mitos bíblicos sobre el origen del mundo. Y cosas por el estilo. Y ningún sacerdote es capaz de decirles que hay cosas que son míticas, fruto de las circunstancias de unas épocas.

6) Y, para abreviar, como si con todo esto no hubiera bastante (y con lo que me debo de dejar), la virtud-renuncia del celibato sacerdotal ha ido llevando a una supuesta “moral sexual cristiana” (en realidad esta no tendría que ir más allá de: a) rechazar el adulterio; b) rechazar el incesto intrafamiliar; c) rechazar la presión o la fuerza, de cualquier tipo, sobre una persona para obligarla a hacer lo que no quiere), moral que pretende regular indebidamente todo lo regulable: mirarse, tocarse, vestirse, tener relaciones sexuales entre personas no comprometidas, maneras de hacer el acto sexual…

Y todo este montaje ha sido una impostura, que se ha creído con derecho de ejercer unas responsabilidades que no correspondían y que no se basaban en ningún texto, puramente autoatribuidas. Y esto ha causado, a través de los siglos, millones de sacrificios, sensaciones de culpa, deserciones de la vida sacramental cristiana, dificultades en la vida de pareja…
¡Cuántos males han llegado a hacer unos principios y unas actuaciones muy poco cristianos!

Entonces, ¿cómo pueden unas generaciones, con un nivel de cultura superior a las anteriores, aceptar esos despropósitos? La indiferencia es la consecuencia inevitable de unos mensajes que ni son humanos (a menudo al revés), ni son creíbles, ni responden a las necesidades de las personas.
Esos compañeros/as deben entender que es mucho mejor que escuchen las opiniones de personas y grupos cristianos independientes. Hasta que la Iglesia se haya reformado de tal manera que se pueda llegar a decir que vuelve a ser cristiana.
Antoni Ferret

   
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