VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

JIMENA CANALES. El físico y el filósofo. Albert Einstein, Henri Bergson y el
debate que cambió nuestra comprensión del tiempo. Arpa, Barcelona, 512
páginas, 140 x 213 mm, Rústica con solapas, ISBN 978-84-17623-63-0,
Publicado en octubre de 2020
Albert Einstein, con la Teoría de la Relatividad General de 1915,
transformó radicalmente nuestra visión del universo, pero también enfrentó
en 1922, hace un siglo, a dos pensadores brillantes. Pero también agudizó
aún más el conflicto entre ciencia y humanidades. Por eso, este extenso,
ameno y documentado estudio: El físico y el filósofo.

Albert Einstein, Henri Bergson y el debate que cambió nuestra comprensión del tiempo
[https://arpaeditores.com/products/el-fisico-y-el-filosofo] puede ser
estimulante y formativo para los socios de ASINJA.
Jimena Canales (Ciudad de México, 1973), física e historiadora de la
ciencia de la universidad de Illinois, en EEUU, acaba de publicar en español,
traducido por Àlex Guàrdia, este ensayo apasionante sobre un hecho del
que se cumplen cien años en 2022.

El punto de partida es este: el 6 de abril de 1922, en París, Albert
Einstein y Henri Bergson debatieron públicamente sobre el concepto del
tiempo. Einstein consideraba que la teoría del tiempo de Bergson (la
duración) era una noción psicológica y superficial, irreconciliable con las
realidades cuantitativas de la física. Bergson, quien ganó fama como filósofo
al argumentar que el tiempo no debe entenderse exclusivamente a través
de la lente de la ciencia, criticó la teoría de Einstein por ser una metafísica
injertada en la ciencia, una que ignoraba los aspectos intuitivos del
tiempo. El físico y el filósofo cuenta la notable historia de cómo este debate
explosivo transformó nuestra comprensión del tiempo e impulsó una brecha
entre la ciencia y las humanidades que persiste en la actualidad.

A lo largo de la lectura de sus páginas asistimos a las consecuencias
cruciales de aquel choque de gigantes que – de acuerdo con la opinión de
la autora de este libro- abrió la brecha definitiva entre las dos culturas, la
científica y la humanística. Tras el debate, se dio como vencedor a Einstein,
elevando a la ciencia a la posición de privilegio para la comprensión del
mundo, relegando a las humanidades a una posición vicaria y avivando un
desprecio mutuo que aún perdura. Parece fácil dar hoy por ganador al
icónico Einstein en su pelea contra el hoy casi olvidado Bergson y observar
con irónica condescendencia las pretensiones de la filosofía en nuestro
mundo hiper-tecnológico. Y, sin embargo, la ampliación del conocimiento
humano no parece haber aplacado un ápice nuestra búsqueda de sentido.
Este ensayo no nos deja indiferentes.

Es una mirada fascinante al
debate que cambiónuestra percepción de una de las características más
fundamentales del universo: el tiempo. La concepción del tiempo como
magnitud que se cuantifica con un reloj (Einstein), y del tiempo como
duración (Bergson) parece irreconciliable. Y Einstein mantuvo la tensión
hasta su muerte en 1955. Y con posterioridad otros físicos y filósofos la han
continuado sin resolver.

Durante su reunión con Bergson, Einstein defendió su definición de
tiempo por tener un claro “sentido objetivo”, en contraste con otras
definiciones. “Hay acontecimientos objetivos, independientes de los
individuos”, insistió ese día, lo que implicaba que su noción de tiempo era la
única opción objetiva. Su teoría no era solo una hipótesis fructífera o una
explicación conveniente que podía ser escogida entre muchas otras. “Uno
siempre puede elegir la representación científica que quiera, si cree que es
más cómoda para una u otra tarea en cuestión, pero eso no tiene ningún
sentido objetivo”, aclaró.

El filósofo Bergson habló casi media hora. El físico Einstein respondió
en menos de un minuto con una frase devastadora: “El tiempo de los
filósofos no existe”. Su antagonista, el filósofo Henri Bergson, había ya
abordado con anterioridad ideas sobre el tiempo en algunos de sus libros,
como La evolución creadora y Materia y memoria. Después de este debate
público en París, Bergson no perdonaría nunca a Einstein el comentario y en
los próximos años se volvería uno de sus peores enemigos.

En este debate de 1922 en París Henri Bergson felicitó al físico Albert
Einstein por haber descubierto una teoría impresionante –la famosa teoría
de la relatividad–, pero le reprochó que hubiera olvidado todos los demás
aspectos del tiempo que, aunque inútiles matemáticamente, permanecen
esenciales para nosotros. Se horrorizó al ver una teoría científica que
ignoraba por qué unos momentos nos importan más que otros.
El crítico de Einstein esbozó los principios de una cosmología
alternativa que no se limitaría a la precisión árida de la ciencia ni se
revolcaría en retórica vacía, por más poética que esta fuera. Bergson y sus
numerosos seguidores serían aplaudidos por presentar una noción de
tiempo “llena de sangre”.

El filósofo Henri Bergson no se dio por vencido y continuó su
refutación en un libro, Duración y simultaneidad, publicado ese mismo año
1922. El físico Einstein, por su parte, se defendió con todas sus energías y
recursos. En los años que siguieron, Bergson sería percibido como el
perdedor del debate. La noción del científico sobre el tiempo llegó a
dominar la mayoría de las discusiones más doctas sobre el tema. No solo la
filosofía de Bergson, sino muchos otros enfoques artísticos y literarios serían
relegados a una posición secundaria y casi auxiliar.

Para muchos, la derrota de Bergson representó una victoria de la
“racionalidad” en contra de la “intuición” y marcó el momento en que se
extendió entre los científicos la acusación de que los intelectuales ya no
tenían la capacitación necesaria para contribuir a las revoluciones
científicas, cada vez más complejas. Por esa razón, algunos argüían que
deberían mantenerse al margen de la ciencia y los temas científicos deberían
ser tratados exclusivamente por quienes sabían algo al respecto. Así, “bajo
el impacto de la relatividad”, comenzó “la historia de la derrota, después de
un periodo de un éxito sin precedentes, de la filosofía” de Bergson. Su
derrota marcó el momento en que la filosofía empezó a perder influencia
respecto a la ciencia.

La doctora mexicana Jimena Canales presenta en esta extensa obra
las ideas revolucionarias de Einstein y Bergson, su posterior colisión y las
repercusiones de este choque. Para los interesados en la filosofía de la
ciencia es muy interesante el modo como la autora construye el contexto
filosófico y científico del debate entre Einstein y Bergson dentro de las
incipientes (entonces) comunidades científicas. Desde nuestro punto de
vista es un relato magistral y revelador que muestra cómo se puso a prueba
la verdad científica en un siglo dividido, marcado por un nuevo sentido del
tiempo.

Cuando, unos meses más tarde, la Academia Sueca otorgó el Premio
Nobel a Albert Einstein no lo reconoció por la teoría que lo había hecho
famoso, sino “por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico”, un
área de la ciencia que no llegó a sacudir la imaginación del público en la
medida en que sí lo hizo la relatividad. Las razones de esta decisión estaban
directamente vinculadas con lo dicho por Bergson ese día en París. El
presidente del Comité Nobel, Svante Arrhenius, explicó que, aunque “la
mayoría de las discusiones giran en torno a su teoría de la relatividad”, esta
no merecía el premio.

¿Por qué no? La razón quedó clara esa noche: “No es
un secreto que el famoso filósofo Bergson ha desafiado esa teoría.”
Bergson –que ganaría el Premio Nobel de Literatura en 1927– había
demostrado que determinar la validez de la teoría de Einstein “encumbraba
la epistemología” más que la física y, “por lo tanto, ha sido objeto de un
intenso debate en los círculos filosóficos”. Sus objeciones en contra de
Einstein inspirarían a las próximas generaciones de pensadores, desde
Martin Heidegger a Gilles Deleuze. Los años que siguieron a su encuentro
en París pueden compararse con una versión incruenta y moderna de las
antiguas guerras de religión, pero, en lugar de debatir sobre cómo leer la
Biblia, los pensadores discutían cómo leer el despliegue de la naturaleza a
través del tiempo.

La misma autora del libro, Jimena Canales, se pregunta: ¿qué es lo que
llevó a estos dos pensadores brillantes a adoptar posiciones tan opuestas en
casi todas las cuestiones pertinentes de su época? ¿Qué causó que un siglo
terminara tan dividido? ¿Por qué dos de las mentes más grandes de la era
moderna no pudieron ponerse de acuerdo sobre el tiemp

Henri Bergson (1859-1941) era entonces una celebridad mundial, un
autor leído por presidentes y primeros ministros, un intelectual
comprometido con las causas sociales y políticas de su tiempo. Durante las
primeras décadas del siglo XX, su fama, prestigio e influencia superaban
considerablemente a la autoridad del físico.

Por otra parte, la teoría de la relatividad de Albert Einstein (1879-
1955) rompió con la física clásica en tres aspectos principales: en primer
lugar, redefinió los conceptos de tiempo y espacio al afirmar que ya no eran
universales. En segundo lugar, Einstein demostró que el tiempo y el espacio
estaban completamente relacionados; y en tercer lugar, acabó con el
concepto del éter, una sustancia que, se suponía, llenaba el espacio vacío en
el cosmos y los científicos consideraban como un fondo estable tanto para
el universo como para sus teorías de mecánica clásica.

Combinados, estos tres descubrimientos producían un efecto nuevo y
sorprendente: la dilatación del tiempo, posibilidad que conmocionó de
modo profundo tanto a los científicos como al público en general. En
términos coloquiales, los científicos describen la dilatación del tiempo como
una ralentización de este a velocidades rápidas y, aún más dramáticamente,
como una

Estos dos hombres dominaron la mayoría de las discusiones sobre el
tiempo durante la primera mitad del siglo XX. Gracias a Einstein, el tiempo
fue “depuesto de su trono” y arrastrado cuesta abajo desde la alta cumbre
de la filosofía para terminar con los pies firmes en la física. Einstein nos liberó
de “nuestra creencia en el significado objetivo de la simultaneidad” y se rio
de nuestra fe en un tiempo único y absoluto. “El espacio por sí mismo” y el
tiempo por sí mismo eran dos conceptos “condenados a desvanecerse en las
sombras”.

El profesor Gerald Holton, de la Universidad de Harvard, escribe sobre
este obra: «Si los lectores están del lado de la física de Einstein o la filosofía
de Bergson no es lo más importante: este libro abre nuevas formas de pensar
sobre la relación entre la ciencia y las humanidades que perturban a ambos
campos».

   
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