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Ha sido necesaria la repetición electoral para que Pedro y Pablo se fundieran en un abrazo; aunque conviene aclarar que el estrujón no se lo dieron por amor, sino por mutuo interés. Los resultados electorales colocaron a la orilla del abismo a ambos candidatos y, muertos de miedo, no les quedó más remedio que agarrarse uno al otro para no precipitarse al vacío.

Ahora bien, si se fijan, el achuchón de Pedro es de protocolo, distante, obligado, sin entusiasmo; mientras que el de Pablo -que lo hace con los ojitos cerrados- es tierno, intenso y de agradecimiento. Pero, sea cual sea la interpretación que cada uno haga de dicho abrazo, lo importante es entender que los abrazos mejoran las relaciones interpersonales y ojalá este gesto simbólico sirva de antídoto contra el imperante disenso.

/ Antoñán del Valle (León)

   
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