VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Religión Digital

Hablaba ayer del fundamentalismo de la razón absoluta, que no deja lugar para los otros. Pero, desde antiguo, los amigos de la auténtica razón han sabido que la verdad consiste en dejar un espacio para que existan los otros. En esa lína, la Cábala judía afirmaba que Dios se “recoje” para que puedan existir las cosas que no son Dios. El principio del Islam es la existencia de un Dios que deja espacio para los pobres y excluídos de la Meda y del mundo entero. También el Dios Cristiano abre un espacio para los distintos, dejándose incluso expulsar de su tierra.

Lo que hace Dios han de hacerlo sus “creyentes”: dejar espacio: que los judíos abran un campo de vida para los musulmanes, los musulmanes los judíos, pero no en teoría, en los grandes libros, sino aquí, en la dura y hermosa Palestina… Se trata de pasar del imperialismo de la desconfianza (de un Dios absoluto que no deja lugar para los otros)a la tolerancia activa de un Dios cuya esencia consiste en hacer que los otros sean, que sean distinto, un Dios que no ocupa espacio, porque su espacio son todos.

Este es el baile de la razón, la danza de Dios, es decir, el baile de aquellos que ruedan y ruedan , como en la fiesta de Goya, con los frutos de la tierra para compartir, con los amores de la vida para disfrutar. Por eso quiero hablar de la razón plural de Dios, que sólo es única siendo múltiple, siendo dialogada. Quiero hablar del baile de Dios que los teólogos cristianos llaman perijóresis: cada persona vive en la medida en que da la mano a otra y bailan juntas y así se relacionan. Eso es Dios, el Dios del gozo compartido. O, si se prefiere, no hablemos de Dios: hablemos del baile de la vida. Que todos podamos bailar: niños judíos y niños musulmanes… Chicas y chicos, judíos, cristianos, musulmanes… Empecemos bailando, sigamos bailando. Así aprenderemos a hablar y respetarnos.

Aquí no hay sillón fijo ni siquiera para Dios, conforme a esa experiencia de la perijóresis de Dios, que los viejos teólogos latinos tradujeron con dos palabras fuerte. (1) Dios es circumincessio, un camino en el que cada una va hacia el otro, para verle y sentirle, para gozar juntos. (2) Dios es circuminsessio: eso significa que cada uno se sienta en el lugar del otro, no para ocupar su sillón y dominarle, sino para ver las cosas desde allí. El judío tiene que ponerse en la “piel” de árabe de gaza y viceversa; el musulmán al que llaman fundamentalista por querer fundarse en Dios tiene que ponerse en el lugar del judío. Sólo así, estando cada uno en el lugar del otro, están todos en el lugar de Dios y Dios y en el de todo. Sólo así veremos que hay sitio para todos en la pequeña Palestina, tierra de filisteos, hombres de mar,navegantes… (en ese sentido, todos son, todos somos filisteos, palestinos, los judíos, los musulmanes, los cristianos).

No hay que ganar nada por la fuerza. Basta compartir. ¿Podrán hacer eso los judíos y los musulmanes del entorno de la tierra de Palestina, en la costa oriental del Mediterráneo? Pero no se lo podemos pedir a ellos solos: debemos comenzar creando espacio de baile de vida compartida en Euzkadi y Alemania, en Congo y en Siberia…, en cada uno de los pequeños y los grandes lugares de la tierra. En esa línea debe situarse el cristianismo, en esa línea deen situarse las tradiciones religioesa y sociales de nuestro tiempo, como seguiré indicando.
Originalmente, las religiones son una experiencia integral y abierta de comunicación, por la que los miembros del grupo comparten experiencias, ideales y caminos.

En ese sentido, las grandes religiones son anti-imperialistas, de manera que han nacido o se han reformado cuando ciertas personas carismáticas (fundadores o reformadores) han criticado a la jerarquía anterior y han ofrecido la experiencia sagrada a todos los miembros de la sociedad: así hicieron los hebreos, saliendo del sistema imperial de Egipto, hizo Jesús criticando a los escribas de un judaísmo jerárquico, así hizo Buda separándose de los grandes jerarcas de la mística hindú, así hizo Muhammad rompiendo con la oligaría comercial e ideológica de la Meca… De todas formas, una y otra vez, las religiones tienden a estructurarse como estructuras impositivas, creyéndose con derecho para imponer sus criterios, en nombre de Dios, sobre los demás, incluso por las armas.

Por eso queremos que las religiones vuelvan a su origen, viniendo a presentarse como experiencias de comunicación… La verdad del judaísmo no está en el triunfo del pueblo judío, sino en la vida de todos los pobres “hebreos” del mundo. La verdad del cristianismo no está en la victoria del Dios de los cristianos, sino en la llegada del Reino de Dios para todos los pobres y excluídos de la tierra, sean o no cristianos. Finalmente, el triunfo del Islam no está en la victoria de una determinada comunidad musulmana, sino en la revelación de la Verdad y de la Vida de Dios para todos los hombres. Un buen cristiano debe querer el triunfo del auténtico Islam y un buen musulmán el triunfo del auténtico cristiano… y un buen judía el triunfo de todos, es decir, la llegada del tiempo mesiánico de la reconciliación y del diálogo, es decr, del baile de Dios.

Pero esto que decimos aquí de musulmanes y judíos en el entorno de Palestina tenemos que ampliarlo de un modo especial a los cristianos, pues son ellos los que han desarrollado la experiencia del baile de Dios, un baile en el que nadie (¡ni Dios!) tiene silla propia, sino que comparten por ruedo y por baile la silla de amor de la vida. Pero de esto trataremos en otro momento. Hoy hemos querido seguir hablando sobre todo de judíos y musulmanes en Palestina.

   
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