VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

El Periódico

Cuando, en el 2003, apareció la novela El Código Da Vinci, de Dan Brown, la web del Opus Dei recibía al año 200.000 visitantes distintos de todo el mundo. En el 2005, después de haberse vendido 40 millones de ejemplares y anunciarse el estreno de la versión cinematográfica –que podrá verse en el circuito comercial a partir del viernes y se estrena hoy en Cannes–, eran tres millones (uno en EEUU) los que, anualmente, se interesaban, vía internet, por la organización que fundó en 1928 san Josemaría Escrivá de Balaguer. El efecto Da Vinci requería una respuesta y la elección ha sido hacer un ejercicio de transparencia.

La Obra, como sus integrantes denominan al Opus, ha logrado en tres años “hacer de los limones limonada”, como ellos dicen, y aprovechar la onda expansiva de El Código Da Vinci, una ficción que les denigra, para poder ganar popularidad, crédito y, tal vez, adeptos.
La notoriedad ha venido sola, pero el crédito se lo han procurado libros como Opus Dei, del prestigioso vaticanista John L. Allen, publicado en EEUU por la editora de El Código Da Vinci, sobre “el más misterioso e impenetrable grupo dentro de la Iglesia católica”, como reza su leyenda negra y se describe en la contraportada de la versión inglesa. El libro aparece esta semana en el mercado español.

VÍA LIBRE
El libro de Allen no hubiera visto la luz sin el interés suscitado por la novela, pero tampoco hubiera sido posible sin la colaboración de los dirigentes de la organización, que dejaron que el periodista bucease por sus adentros. Del resultado final se puede sacar la conclusión de que la mala fama que persigue al Opus es injusta. En EEUU ya se han vendido 100.000 ejemplares en pocos meses. “Tendríamos que pedir un porcentaje de beneficios”, dicen ahora sus protagonistas.
Es, inicialmente, en el mundo anglosajón donde el antídoto a base de transparencia diseñado en los cuarteles centrales del Opus Dei en Villa Tevere, al norte de Roma, para poner coto a los efectos dañinos de la novela –que presenta a la Obra como una secta asesina que quiere acabar con los descendientes del matrimonio entre Jesús y María Magdalena–, ha surtido mayor efecto.
La misión del equipo de estrategas de comunicación, que dirige Juan Manuel Mora, ha consistido en apostar en lo posible por una táctica inédita e incluso maldita en los años en los que el fundador de la organización recomendaba “discreción” a sus seguidores, algo que llegó a convertirse en santo y seña del opusdeísmo y en sinónimo de devoción por el secreto. Razones para dar un giro copernicano no han faltado. “Una vez vilipendiados, ya no hay complejos”, sostiene Mora. Y añade: “Como se trata de una institución que es mucho mejor que su imagen, decidimos participar en un reality show”. “El medio es el mensaje”, rememora, apuntándose a la tesis McLuhan.
Marc Carroggio, responsable de relaciones con los medios de comunicación internacionales, cita uno de esos destellos mediáticos que les ha procurado la decisión de hacer estriptís tras el providencial desembarco de Brown en el terreno de los best-sellers. “El programa de la ABC Good morning America, que a diario ven entre 18 y 20 millones de telespectadores, realizó una de sus emisiones desde Murray Hill, el rascacielos de Manhattan que el Opus utiliza como sede central en Nueva York”. La novela ha lanzado el discreto edificio, de 17 plantas, al estrellato. “Hemos estado haciendo cosas al límite”, susurra a continuación.
Para valorar esa aparición hay que decir que de los 88.000 miembros de la organización, apenas 3.000 residen en EEUU. Y que en el 2002, cuando Juan Pablo II canonizó a Escrivá de Balaguer, un gran diario norteamericano señaló con brevedad que se trataba de la “canonización del fundador de una pequeña organización católica europea”.

PORTADAS
Carroggio recuerda que en febrero The New York Times les sacó en portada, como Newsweek o Time. Mora asegura que “ahora no hay nadie en EEUU que no sepa del Opus” y que “la idea está en circulación”, aludiendo al mensaje que vende la institución, la posibilidad de alcanzar la santidad a través del trabajo. Jack Valero, portavoz en Londres, cuenta algo similar. Hace poco, dos millones de televidentes siguieron un programa de Channel 4 sobre la Obra, en un país donde tiene 500 adeptos. “Ahora es la organización católica más conocida”, afirma.

   
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