Rebelión

Lamentablemente, en muchas más ocasiones de las que sería deseable y por no decir indefectiblemente, el devenir de los conflictos que asolan a los países más pobres va unida a la historia de sus recursos naturales.

Se trata de un planteamiento político aparentemente racional, habitual y generado por las potencias antes coloniales y hoy simplemente occidentales -lo que no se sabe si realmente implica todavía en nuestros días alguna diferencia. A mediados de la década de los 90, la organización no gubernamental de matriz francesa Ayuda en Acción publicaba un informe titulado “El arroz como arma” que explicaba detalladamente cómo las potencias utilizan los recursos, en este caso básicos, para manipular la situación en algunas crisis.

En el caso de Sierra Leona, potencias como Gran Bretaña utlilizaron el elemental cereal de la siguiente manera: primero, facilitaron la entrada de arroz barato para hundir la producción local, mucho más cara. Los agricultores quedaron libres para trabajar en las minas. Después, utilizando como herramientas a determinadas ONGs, distribuyeron el cereal entre los bandos enfrentados dependiendo de su mayor o menor control sobre los yacimientos de diamantes y en función de los cambios de los frentes de combate.

En África el fenómeno es particularmente habitual y la República Democrática del Congo, asolada por una cruenta guerra civil en la que se implicaron además sus vecinos más próximos (Ruanda Burundi y Uganda) que se saldó con una cifra aproximada de tres millones de muertos e inmersa en una pseudotransición iniciada en 2002 y que debería cerrarse con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el 29 de octubre, no podía ser menos.

En este caso, no son los habituales y ambicionados yacimientos petrolíferos o las minas de diamantes los que constituyen el elemento de la discordia. En el caso de la República Democrática del Congo el culpable, desconocido y valioso, se llama columbita-tantalita o tántalo-columbita y se demonina habitualmente coltán por la forma abreviada de su nombre.
Llegados a este punto y una vez que sabemos que el citado mineral cotiza en el mercado en miles de vidas humanas, lo habitual es que nos preguntemos ¿qué…es eso? Pues bien, es un metal apagado que se encuentra en importantes cantidades en la zona de este del Congo. El 80% de las reservas mundiales de este mineral se encuentra en África, sobre todo en una zona de la RDC ocupada por los ejércitos de Ruanda y Uganda.

Las propiedades del coltán lo hacen un elemento vital para crear condensadores, los dispositivos electrónicos que controlan el flujo dentro de las placas de circuitos. Cuando se refina llega a ser tantalum metálico, un polvo resistente al calor y capaz de aguantar una alta carga eléctrica.

Los condensadores tantalum son usados en casi todos los móviles, los ordenadores portátiles y muchos otros dispositivos. Es también necesario para el mejor funcionamiento de aparatos electrónicos, misiles balísticos o videojuegos y, por él, Sony no tuvo más remedio que atrasar el lanzamiento de la Play-Station 2. El boom de la tecnología de la comunicación ha hecho que el precio del coltán se dispare llegando a los 400 dólares USA el kilo, mientras que compañias como Nokia y Sony se pelean por él, explicaba recientemente el norteamericano “Daily News”. Con el coltán, las baterías de los teléfonos móviles mantienen más tiempo su carga.

Un reciente informe del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reveló que las vecinas Ruanda y Burundi están involucradas en el contrabando de coltán en el Congo y que usan las ganancias generadas por el alto precio del mineral para continuar esforzandose por que la guerra prosiga. El informe estima que la Armada ruandesa recibió 250 millones de dólares en 18 meses a través de la venta de coltán, a pesar de que no se extrae en Ruanda. Todos los paises involucrados en el conflicto niegan haber explotado los recursos naturales del Congo.

Otra de las particularidades del mineral es su método de extracción. Se deben lavar ingentes cantidades de tierra para obtenerlo y refinarlo y la práctica incontrolada de esta actividad genera problemas medioambientales de enormes dimensiones y que, además, ponen en peligro a los habitantes de las cuencas que se surten de agua de los ríos afectados. La ruina de la agricultura por la guerra provoca también que los mineros maten animales de especies protegidas para alimentarse… un drama que muchos pagan con sus vidas y no sólo los animales.

   
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