VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

El recién e impactante mensaje del papa Francisco me incita a hacer unas reflexiones sobre el proceso de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) más antiguas de Guayaquil -¡ya 50 años!- en su compromiso político a partir de su fe cristiana… Nacieron en los sectores pobres y miserables de la ciudad de esa época, el ‘suburbio oeste’ en particular. ¿Puede una madre o un padre dejar que su hijo se estrelle contra una pared sin decir ni hacer nada o sólo mirar y limitarse a rezar?

Evidentemente la respuesta es negativa… Pienso que como cristianos no podemos desinteresarnos de lo que pasa en nuestro país; tampoco podemos quedarnos callados o de brazos cruzados frente a estructuras contrarias a los derechos humanos, a la dignidad de las personas y al Evangelio de Jesús de Nazaret.
Vamos a mirar cómo estas CEBs han llegado poco a poco a interesarse en la política, a hablar de ella y actuar consecuentemente con su fe…

En su mensaje por la Jornada Mundial de los Pobres el papa Francisco tiene palabras contundentes: “A todos quiero pedirles en nombre de Dios: Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo… (sistema) basado en la exclusión y la desigualdad, el descarte o la indiferencia, donde la cultura del privilegio es un poder invisible e insuprimible y la explotación y el abuso son como un método habitual de sobrevivencia…”

En los años ‘70, los miembros de estas CEBs se sintieron llamados a reunirse en torno a la amistad y la Palabra de Dios porque tenían el testimonio de entrega y solidaridad de otros miembros de su familia, o porque habían participado en cursos de alfabetización que se inspiraban en Paolo Freire, o porque habían descubierto que sus devociones religiosas eran un punto de partida para cambiar de vida y cambiar la vida social hacia mejores días.

El mismo Concilio Vaticano 2°, a principios de los años ’60, había reconocido el potencial evangelizador de las pequeñas comunidades cristianas de los sectores populares. Al final del Concilio, en Roma, unos 40 obispos latinoamericanos habían hecho un Pacto en la Catacumba Domitila para “vivir pobremente y colaborar en la liberación de los pobres”: Eran “los padres de la Iglesia de los Pobres” de América Latina, que buscaban hacer realidad el sueño del papa Juan 23. En 1975, el papa Pablo 6° escribía una carta llamativa sobre “El Anuncio del Evangelio” donde recalcaba que “El Reino es lo único absoluto”, “La iglesia debe trabajar por liberación de millones de pobres”, “Las CEBs son una esperanza para la Iglesia universal”.

En 1968, estos mismos obispos organizaron la 2ª Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín (Colombia) para aplicar el Concilio a la realidad de América Latina. Reconocieron que la pobreza era el mayor problema del continente, con esta característica que era “empobrecimiento”, o sea, consecuencia de “un sistema que hace a los ricos más ricos a costa de los pobres cada vez más pobres”, tal como lo calificó el papa Juan Pablo 2°. Los obispos invitaban a los cristianos a solidarizarse con las causas de los pobres para hacer retroceder la pobreza, porque mientras haya estas “estructuras de pecado” que la producen, habrá demasiados pobres, lo que es un insulto a Dios. En Ecuador monseñor Leonidas Proaño junto con otros obispos se empeñaban en una pastoral liberadora: “Fomentar una pastoral al servicio del Reino… Comenzando ya la fiesta que vendrá… Caminar con los 2 pies: el de la Comunidad y el de las Organizaciones Populares”.

En 1981, el papa Juan Pablo 2° confirmaba en una Carta encíclica sobre ‘el Trabajo Humano’ “la opción por las causas de los pobres” rcalcada en una nueva Conferencia Episcopal Latinoamericana en Puebla (México, 1979): “La solidaridad de la Iglesia con los trabajadores es el criterio de nuestra fidelidad a Jesucristo para ser verdaderamente la Iglesia de los Pobres”. En 1992, nuevamente los obispos latinoamericanos se reunían en Santo Domingo de República Dominicana.

Confirmaron la validez de las CEBs e invitaron a una Evangelización hecha de inculturación del Evangelio, la liturgia, el dogma, la Iglesia y de promoción social. En 2007 los mismos obispos reunidos en Aparecida (Brasil) retomaron la definición de las CEBs de Medellín como “primero y fundamental núcleo eclesial… célula inicial de estructuración eclesial”.

Al comienzo del nuevo milenio, varios miembros de las CEBs de Guayaquil participaron en Cursos de Formación Cristiana organizados por la “Comisión de Vivencia Fe y Política”, promovida en el sur de Quito por el conocido padre José Carollo. Allí se descubrió que el compromiso político es parte integrante de la fe cristiana. Se reconoció que los partidos de derecha promueven un sistema capitalista de gobierno contrario a la Doctrina Social de la Iglesia y al mismo Evangelio porque este sistema, basado en la ganancia ilimitada, empobrece la mayoría de la población.

A partir de eso se vio la necesidad de señalar cuáles eran estos partidos de derecha para avisar que no era ni bueno ni cristiano votar por ellos. Luego se reconoció que había que apoyar partidos de izquierda e involucrarse en sus actividades, cumpliendo lo que decían los obispos: “La política partidista es el campo de los laicos” para construir una sociedad más conforme al Reino de Dios. En ese tiempo nacieron varios movimientos políticos desde los cristianos: en el Oro, en Sucumbíos y otro promovido por el Consejo Nacional de los Laicos de la misma Conferencia episcopal. Hoy las CEBs antiguas de Guayaquil siguen su compromiso político en nombre de su fe cristiana, sintiéndose respaldadas por las palabras y las actitudes del papa Francisco.

¡A estas CEBs queridas y a otras de Ecuador le digo lo mismo que acaba de decir el papa Francisco a los Movimientos Sociales: “¡Gracias por hacerme parte del proceso histórico que están transitando y gracias por compartir conmigo este diálogo fraterno que busca ver lo grande en lo pequeño y lo pequeño en lo grande, un diálogo que nace en las periferias!”… porque “el mundo se ve más claro desde las periferias.”

   
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