images3Mientras Europa, muy castigada por el coronavirus, da por finalizado el confinamiento, en América Latina siguen creciendo los contagios sin que la curva de inflexión muestre señales de debilidad. A día de hoy, 23 de junio de 2020, entre América Latina y el Caribe se están registrando más de 2 millones de contagios, siendo Brasil, con más de un millón, seguido de Perú, Chile y México los países que cuentan con mayor número de afectados y personas fallecidas

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Hacer frente a esta pandemia desconocida supone todo un reto, no solo para los Estados más ricos, sino, sobre todo, para países donde, a la precariedad de los sistemas sanitarios, se suman otros factores determinantes como la pobreza en las clases populares y la corrupción en los clanes directivos. La profunda división social que esto supone es causa de la constante inestabilidad política que complica aun más el panorama. ¿Cómo mantener el confinamiento de la población cuando sus alternativas pasan o por morir por el contagio del virus o por morir de hambre por el confinamiento?

En este contexto, la presencia de la pandemia ha encontrado a esta región más debilitada hoy día, si cabe, en contraste con el entusiasmo levantado en los últimos años por los llamados “países emergentes”. Frente a las buenas perspectivas socioeconómicas y políticas que se pronosticaban, la llegada de los halcones al Imperio —máxime con Donald Trump, aberrante exponente del capitalismo decadente— no han podido tolerar que su “patio trasero” consiga, de una vez por todas, su plena soberanía e independencia.

Las políticas expansionistas y extractivistas del Imperio norteamericano han bloqueado permanentemente todo intento de revolución en países como Cuba, Nicaragua o Bolivia. A través de “La Embajada” y de la CIA se han prodigado, una y otra vez, hostigamientos y golpes de Estado encubiertos para impedir y cambiar de signo los movimientos populares que vienen exigiendo, desde tiempo inmemorial, una política más justa y distributiva. En esta línea se enmarcan los derrocamientos, generalmente rocambolescos, de gobiernos legítimos y populares como en Honduras (Manuel Celaya), Paraguay (Fernando Lugo), Ecuador (Rafael Correa), Argentina (Cristina Fernández), Brasil (Lula da Silva y Dilma Rousset), Bolivia (Evo Morales), etc.

Debido a la imposición norteamericana de sus políticas neoliberales, todos los Estados latinoamericanos se encuentran actualmente sometidos a un endeudamiento inmoral y progresivo que, junto a las privatizaciones en favor de los fondos buitre y la presencia dominante de las multinacionales extranjeras, han convertido en Estados fallidos a varios de estos países. El narcotráfico y la delincuencia tienen cada vez mayor hegemonía. Por otra parte, la inseguridad y la violencia, el paro y el trabajo precario están obligando a emigrar a mucha gente. En Honduras, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador y otros países de la región son casi diarios los asesinatos de líderes campesinos, defensores de los derechos humanos, destacadas militantes feministas, periodistas, etc. sin que, en la inmensa mayoría de los casos, se pueda llegar a juzgar a los asesinos. La contaminación ambiental y el cuidado de la Tierra apenas preocupa a estos gobernantes, impuestos y mantenidos en el poder por “la Secretaría de Estado”, sin ningún miramiento a las constantes reivindicaciones del pueblo.

Desde el punto de vista religioso, contra la militancia de las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación han venido creciendo exponencialmente “los evangélicos”, estilo Bolsonaro, llegados directamente o promovidos por las oligarquías norteamericanas. Entre tanto, la jerarquía de la Iglesia católica, dirigida por un clero muy tradicional, sigue, salvo honrosas excepciones y comunidades de religiosas y religiosos, vinculada, como siempre ha estado, a las élites económicas y apoyando abiertamente a los partidos conservadores.

En la dialéctica economía-salud y bienestar de la gente, los gobiernos latinoamericanos prefieren apoyar la economía que suele estar siempre en pocas manos. Esta política selectiva explica el fenómeno de que el covid-19 se esté cebando sin piedad en las favelas, villas miseria y entre los pueblos indígenas de la Amazonía. Desde Redes Cristianas nos solidarizamos con la propuesta macroecuménica que están haciendo los movimientos cristianos de América Latina, integrados en el SICSAL, con vistas a conocer más a fondo, hacerle frente y programar conjuntamente el “después” de la pandemia.

 
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