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Hubo un tiempo, no muy lejano en nuestra historia, en que la religión lo impregnaba todo en la sociedad y por fuerza debía interesarte lo religioso. Era la época del nacional-catolicismo. Lo religioso era parte de la vida y un componente imprescindible socialmente. Los adornos (medallas ,escapularios, banderas), los templos (exuberancia de las catedrales), las personas sagradas, eran parte de la vida social. Asistíamos a grandes manifestaciones públicas de lo religioso (procesiones, congresos, encuentros). La cruz lo presidía todo y ante la cruz se realizaban los juramentos de las personas públicas. Muchos de estos vestigios todavía perduran hoy en las costumbres sociales y se resisten a desaparecer en una sociedad cada vez más secularizada.

Pues bien, esta situación está cambiando pese a quien le pese. Hoy la religión católica y sus componentes fundamentales no nos interesan a muchas personas. ¿Quiénes son las personas a las que no les interesa el cristianismo como religión? Son no solo las personas agnósticas y ateas, sino también las creyentes en Jesús de Nazaret, que buscamos los orígenes del cristianismo y que estamos abiertas a la modernidad, a la racionalidad científica moderna.

Porque Jesús de Nazaret no fundó una religión (el cristianismo), sino un movimiento de seguidores de su persona y de su mensaje, el Reino de Dios, basado principalmente en el mandamiento del amor, incluso a los enemigos. Por esta razón, entre otras, la religión está perdiendo influencia en las sociedades modernas incluso para un sector cada día más numeroso de cristianos.

Recordamos la reflexión del teólogo José María Castillo en uno de sus últimos escritos (La Iglesia desplazó el evangelio de Jesús a la religión de los sacerdotes) “Se suele decir (y es verdad) que la religión cristiana tiene su origen en Jesús de Nazaret. Como también se suele decir ( y también es verdad) que la Iglesia tuvo sus comienzos en la vida y las enseñanzas de Jesús. Pero tan cierto como lo que acabo de decir es que ni Jesús fundó (o instituyó) una religión, ni fundó (o instituyó) una Iglesia”

En este contexto decimos:
No nos interesa la imagen de Dios, Creador del universo de modo definitivo, Juez Supremo de todas las acciones de las personas, que premia con el cielo a los cumplidores de la ley divina, y que castiga con el infierno a los infractores de esa ley.

No nos interesa la figura divinizada de Jesús de Nazaret, convertido en Jesucristo, Salvador de la humanidad y Redentor de un pecado que se ha llamado original y que han heredado todas las personas, sin tener responsabilidad alguna por no haberlo cometido.
No nos interesa la nominación de María como Santísima Virgen y Madre de Dios; así como las innumerables advocaciones de la Virgen María, que na tienen que ver con María, mujer del pueblo y madre de Jesús.

No nos interesa la estructura piramidal de la institución de la Iglesia, que pretende tener poder e influencia en las sociedades, y que busca el prestigio y la defensa de la ortodoxia doctrinal a través de los dogmas proclamados por el magisterio eclesiástico-
No nos interesa la importancia de la ley divina y de los mandatos que impone como pecados contra Dios, contenidos en los mandamientos de Moisés y en los impuestos por la Iglesia.
No nos interesa la idea de la culpa y del pecado que se introduce en la conciencia de los seres humanos por el incumplimiento de los mandatos llamados divinos-
No nos interesa el miedo a la condenación eterna por la comisión de los pecados impuestos por la institución eclesiástica.

No nos interesa la sacralidad de las personas consagradas (sacerdotes) dedicadas al culto, ni de los templos como lugares sagrados, en los que las personas creyentes se comunican con Dios y en los que Dios se hace presente a los humanos.
No nos interesa que la jerarquía de la Iglesia promueva el silencio y ocultamiento de abusos sexuales a menores (pederastia) alegando el bien de la unidad y evitar el escándalo-
No nos interesa la concepción represiva de la sexualidad que promueve la religión, ni la condena del aborto a cualquier precio y en cualquier circunstancia.

No nos interesa la obligatoriedad del celibato en los curas, porque es represivo en muchos de los casos y conduce al desvío de la sexualidad hacia la pederastia en bastantes momentos.
No nos interesa una Iglesia al servicio de sí misma, preocupada por su poder y prestigio, y no por el servicio a la humanidad.
No nos interesa el antropocentrismo que promueve al varón como centro del universo y que coloca a la mujer al servicio del hombre.

No nos interesa la concepción del ser humano como dueño y dominador de la Naturaleza, y no como servidor y cuidador de la misma, olvidando sus derechos.
No nos interesan los dogmas, proclamados por el magisterio de la Iglesia, con la obligación de aceptarlos como verdades absolutas, sin tener en cuenta las circunstancias concretas del momento histórico en que se proclamaron.

Volvemos a afirmar que el cristianismo originario, promovido por Jesús de Nazaret, no es una religión. Jesús de Nazaret no fundó una religión, sino un movimiento de seguidores de su persona como profeta, y de su mensaje del Reino de Dios (consistente en la eliminación del hambre, del sufrimiento y en las relaciones humanas fraternas), con un único mandamiento, el del amor a todos los seres vivos y a los bienes de la Naturaleza. Este proyecto sí nos interesa y nos comprometemos a promoverlo en nuestras sociedades. Es lo que hoy llamamos el nuevo paradigma cristiano posreligional.

¿Y qué hacemos con las religiones? ¿Hay que eliminarlas del horizonte social a nivel mundial? Ni mucho menos. Las religiones tienen sentido como movimientos humanizantes de las diversas sociedades y de las distintas culturas; como instituciones que defienden y promueven la humanización, como entidades que tienen como finalidad el cumplimiento de los valores y derechos humanos, y los de la Naturaleza. Se trata de un proyecto laico y que tiene perfecta cabida en las sociedades secularizadas,

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Zaragoza. Agosto 2018

   
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