VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Leonardo Boff2En la oración del Señor encontramos prácticamente la correcta relación entre Dios y el hombre, el cielo y la tierra, lo religioso y lo político, manteniendo la unidad del único proceso.
La primera parte dice respecto a la causa de Dios: el Padre, la santificación de su nombre, su reinado, su voluntad santa.
La segunda parte concierne a la causa del hombre: el pan necesario, el perdón indispensable, la tentación siempre presente y el mal continuamente amenazador. Entrambas partes constituyen la misma y única oración de Jesús.

Dios no se interesa sólo de lo que es suyo – el nombre, el reinado, la voluntad divina- , sino que se preocupa también por lo que es del hombre- el pan, el perdón, la tentación, el mal-.
Igualmente , el hombre no solo se apega a lo que le importa – el pan, el perdón, la tentación, el mal -, sino que se abre también a lo concerniente al Padre: la santificación de su nombre, la llegada de su reinado, la realización de su voluntad.

En la oración de Jesús, la causa de Dios no es ajena a la causa del hombre, y la causa del hombre no es extraña a la causa de Dios. El impulso con que el hombre se levanta hacia el cielo y suplica a Dios, se curva también hacia la tierra y atañe a las urgencias terrestres. Se trata del mismo movimiento profundamente unitario, y esta mutua implicación es justo lo que produce la transparencia en la oración del Señor.

Lo que Dios unió – la preocupación por Dios y la preocupación por nuestras necesidades- nadie podrá ni deberá separarlo.
Nunca se deberá traicionar a Dios por los apremios de la tierra; pero tampoco será nunca legítimo maldecir las limitaciones de la
existencia en el mundo por causa de la grandeza de la realidad de Dios. Una y otra constituyen materia de oración, de súplica y de alabanza. Por eso consideramos el padrenuestro como la oración de la liberación integral.

Si nos fijamos bien, el padrenuestro tiene que ver con todas las grandes cuestiones de la existencia personal y social de todos los hombres en todos los tiempos.
En él no hay ninguna referencia a la Iglesia, y ni siquiera se habla de Jesucristo, de su muerte o de su resurrección. El centro lo ocupa Dios juntamente con el otro centro que es el hombre necesitado. Ahí radica lo esencial.
Es una hermosa lección: hay que ensanchar la mente allende nuestro pequeño horizonte y el corazón allende nuestros límites.
Entonces encontraremos lo esencial, tan bien expresado por Jesús en la oración que nos enseñó, el padrenuestro.

   
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