VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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papa49El Pontífice ha nombrado a una decena de féminas en altos cargos pero estas siguen apartadas de la
cima del poder en el Vaticano
La arquitectura interior del Vaticano aporta algunas pistas de sus costumbres y
organización política. Muchos departamentos de la curia vaticana, como la
poderosa Secretaría de Estado, apenas tenían baños de mujer hasta hace
relativamente poco. La situación se ha transformado en los últimos tiempos.

Pero las empleadas de algunas áreas tienen todavía que recorrer varios pasillos para
encontrar algún servicio que se ha ido improvisando o construyendo con el cambio
de era. Un síntoma de lo que ha sucedido dentro de los muros leoninos, donde la
presencia de la mujer ha aumentado en la última década en alrededor de un 6%
en la Ciudad del Vaticano y casi se ha doblado en los dicasterios, según datos de
la Santa Sede.

Jorge Mario Bergoglio se fijó en 2013 aumentar el número de mujeres en la
Iglesia, especialmente en puestos relevantes que marcasen la dirección que
tomará la institución en los próximos años. Los cambios no han sido enormes pero
se asienta la idea de una cierta normalidad. “No es bueno hacerlo muy rápido.
Todavía hay reticencias y los cambios en la Iglesia han de ser suaves. Aquí se
mide en siglos, no en años”, señala una persona que despacha con el Papa.

El último nombramiento ha sido el de la monja Raffaella Petrini como número dos
de la Ciudad del Vaticano, la mujer de mayor rango en el Estado más pequeño del
mundo. Su función será de carácter organizativo y de gestión. Tendrá a un
superior masculino. Pero supone otro escalón en las reformas del Papa en esta
área que se suma a la designación de Charlotte Kreuter-Kirchhof, nueva número
dos del Consejo de Economía hace solo 20 días.

El primer gran nombramiento femenino que hizo Francisco fue el de la nueva
directora de los Museos Vaticanos. Barbara Jatta se convirtió en diciembre de
2016 en la primera mujer en ocupar ese puesto, sustituyendo al carismático
Antonio Paolucci. La institución que dirige es fundamental para la difusión de la
cultura. Pero es también la principal fuente de ingresos de unas finanzas en
números rojos. Jatta era hasta ese momento la única mujer que iba a las
reuniones de la Curia. Y hoy sigue siendo la única que no tiene por encima a un
hombre.

Francisco había designado, también pocos meses antes, a la corresponsal de la
Cope Paloma García Ovejero como vicedirectora de la oficina de prensa del
Vaticano. Dimitió un año y medio después junto al entonces director, Greg Burke,
por desavenencias en la manera de gestionar la comunicación. El Papa también
contempló después de aquello nombrar como responsable de los dicasterios de
Economía y Comunicación a una mujer, pero finalmente no cuajó por distintos
motivos. Sí se materializó, en cambio, la llegada de la monja salesiana Alessandra
Smerilli como número dos del Servicio del Desarrollo Humano Integral que, entre
otros, promueve proyectos a favor de los refugiados.

O el de la italiana Francesca
Di Giovanni como subsecretaria de la Sección para las Relaciones con los
Estados, lo que supone el mayor cargo ocupado por una mujer en la sala de
mandos de la Santa Sede. En la misma línea, en agosto de 2020, el Papa
argentino fichó a las abogadas españolas, Concha Osacar y Eva Castillo, a las
británicas Ruth Mary Kelly y Leslie Jane Ferrar, y a la germana Marija Kolak como
integrantes del Consejo para la Economía de la Santa Sede.

El Vaticano debía marcar una dirección clara para las conferencias episcopales.
También en la prevención de abusos sexuales y de poder sobre las religiosas, una
de las peores y más silenciosas lacras de la Iglesia. Pero su implantación sigue
siendo irregular en cada país. Lucetta Scaraffia, exdirectora del suplemento
femenino de L’Osservatore Romano Mujeres, Iglesia, Mundo mira hacia Francia
para celebrar las “pocas” aperturas que considera de calado. “Los últimos
nombramientos son buenos, pero corren el riesgo de terminar siendo solo de
fachada. Las mujeres están muy esparcidas y son pocas en un ambiente clerical
masculino. Diría que faltan reformas más sustanciales, como la que ha hecho
Francia para los seminarios”.

Scaraffia se refiere a una iniciativa que obligará a todos los seminarios a contar
con presencia femenina a la hora de evaluar la idoneidad de los candidatos a
entrar en la institución. También para dar la aprobación definitiva en su ingreso en
el sacerdocio. Una idea lanzada ya por el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la
Congregación de los Obispos. “Para un cura o un seminarista, la mujer representa
el peligro. En realidad, el verdadero peligro son los hombres que no tienen una
relación equilibrada con las mujeres. Ese es el peligro del sacerdocio y lo que
debemos cambiar radicalmente”, señaló en una entrevista.

Los avances en otros países, como Alemania, también se producen a mayor
velocidad. La Iglesia germánica, de hecho, comenzó un sínodo el año pasado para
estudiar la posible expansión de los límites de la Iglesia en cuestiones como la
homosexualidad y el celibato. También la posibilidad de ordenar a mujeres. El
Papa aceptó entonces que se estudiase el papel femenino en los primeros años
del cristianismo mediante una comisión para determinar si podrían llegar a ser
diaconisas. Un grado inferior al sacerdocio. Esa es la frontera.

Uno de los cambios más importantes llegó el pasado febrero, cuando el Papa
eligió por primera vez a una mujer como subsecretaria del Sínodo de los Obispos:
la religiosa francesa Nathalie Becquart. Se trata de una asamblea de obispos de
las distintas regiones del mundo que asesora al Pontífice y debate sobre
cuestiones doctrinales y pastorales específicas. La religiosa, nacida en
Fontainebleau (Francia) en 1969 y que ya era consultora de la Secretaría General
del Sínodo de los Obispos desde 2019, es la primera mujer con derecho a voto.
Pero el sector femenino pide que se extienda ese derecho a cada una de esas
asambleas específicas.

La española Cristina Inogés, precisamente, fue la encargada de abrir el último
sínodo en el Vaticano dedicado a la sinodalidad (a cómo tomar decisiones de
forma más colegiada en la Iglesia) a comienzos de octubre. La teóloga cree que
“los cambios recientes marcan una línea en la que no habrá vuelta atrás”.

“Se
asientan muchas mujeres en puestos claves. El nombramiento de Petrini rompe
otro techo de cristal, pero la presencia de la mujer es más real y sustancial desde
que Francisco llegó. Queda mucho por hacer y el gran reto son los encargos
pastorales, ahí está la batalla. Eso supondría la reestructuración de muchos
puestos de la Iglesia, que es de lo que iba este sínodo. Un replanteamiento de las
propias diócesis. Y eso son ya retos de largo plazo”. Tocará, entonces, hacer
reformas en los interiores de la Santa Sede.

   
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