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Papa Francisco6El desconocimiento y desprestigio del feminismo se ha mantenido, de manera generalizada, hasta la reciente revolución social –la 4ª ola del feminismo– provocada por los movimientos ‘Me too’ y ‘La manada’https://www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/Papa-feminismo_6_871472853.htmlEFE.-Han pasado tres décadas desde que algunas profesoras comenzamos a impartir formación en Coeducación y Feminismo. Perduraba la demonización de este término, propio de décadas anteriores, y nos enfrentábamos a cierto rechazo por declararnos feministas. Con excepción de alguna alumna sensibilizada con la igualdad de género, el alumnado aseguraba que “feminismo es lo contrario de machismo”.

El desconocimiento y desprestigio del feminismo se ha mantenido, de manera generalizada, hasta la reciente revolución social –la 4ª ola del feminismo– provocada por los movimientos Me too y La manada. Las calles se llenan de personas que manifiestan su descontento por la discriminación que sufren las mujeres. Por primera vez, gran cantidad de jóvenes se suman a las convocatorias feministas. Se produce un cambio hacia la percepción positiva del término y se entiende que el objetivo del Feminismo es salvaguardar los derechos humanos del 100% de la población.

Cuando estamos desbrozando el sendero hacia una sociedad más igualitaria, al Papa Francisco se le ocurre decir: “Invitar a hablar a una mujer no es entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, porque al final todo feminismo acaba siendo un machismo con fald”-. Y hace estas declaraciones, precisamente, en la cumbre antipederastia del Vaticano.
¿Cómo puede el Papa ignorar que este foro nunca hubiera existido sin el cambio de mentalidad que ha producido la teoría feminista; la ardua tarea del Feminismo para denunciar los abusos sexuales, también en la Iglesia?

De cualquier manera, estas declaraciones lo sitúan al nivel de pensamiento de mis exalumnos. ¿Cómo es posible que un hombre tan sabio cometa semejante error, cuando cualquier diccionario define con claridad la palabra feminismo?
Ojalá fuera un error. Por desgracia, las palabras del Papa, que atentan contra la igualdad de género, calarán en los corazones de millones de personas.
En mi opinión, esta desafortunada declaración forma parte de un nuevo periodo de “reacción” global que pretende mantener a las mujeres en su rol tradicional.

No es nada original. Cada vez que los derechos de las mujeres prosperan de manera evidente, los poderes fácticos articulan los medios para intentar devolverlas al redil. Ya en la década de los 80, comenzó en EEUU un proceso de regresión contra los avances conseguidos a partir de Mayo del 68. Tal y como las estadounidenses habían augurado, esta “reacción” se fue extendiendo por otros países. El Sistema Patriarcal, sin hacer ruido, consiguió la involución de los derechos de las mujeres a través del control de sus cuerpos, concretamente, de la imposición de un canon estético y de la maternidad.
En este país, llevábamos desde los años 90 viviendo día a día nuestro propio retroceso con impotencia, hasta que surge el despertar con la rebelión Me too, que nos ha hecho ganar, en tiempo récord, parte del terreno que se había perdido. Pero, también en tiempo récord y esta vez con mucho ruido, se ha iniciado una nueva “reacción”. Destaca la avasalladora entrada en escena de Vox: sus declaraciones y proyectos apoyados por sectores políticos que nos habían hecho creer que distaban de semejante ideología.

Y no es casualidad que ciertas opiniones de Vox acerca de las mujeres las hayamos escuchado de boca de obispos o arzobispos de la Iglesia Católica, una empresa que ha ignorado los valores de las mujeres, que les ha cerrado sus puertas durante 2.000 años. Y que hoy se ha quedado sola en la obstinación por la exclusión.

Estoy convencida de que la Iglesia, desde el punto de vista humano, se equivoca. Su cerrazón a no permitir el sacerdocio a las mujeres o el matrimonio de los sacerdotes, su empeño en proteger a los abusadores sexuales –aunque haya pedido perdón por los abusos– o la homofobia son actitudes que desafían los derechos humanos y provocan gran sufrimiento.
Con respecto a todas las mujeres, espero que la Iglesia Católica modifique su discurso, y que desista en tratar a la mitad de la población como personas de categoría inferior.

 Antonio Aradillas: “El machismo de la Iglesia es inmoral”
02ENE2019Deja un comentario
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“EN LA IGLESIA HAY MÁS MACHISMO QUE EN CUALQUIER OTRA INSTITUCIÓN”
“Animo al papa Francisco a que se dé mucha más prisa en ‘feminizar’ la Iglesia”Antonio Aradillas, 01 de enero de 2019 a las 18:43  

Iglesia y machismoRELIGIÓN | OPINIÓN

El machismo de la Iglesia fue siempre inmoral. En la actualidad vigente y creciente es además tonto, ininteligible, contrario y opuesto a la razón, vejestorio, decrépito, sin sentido y además, sin futuro,
(Antonio Aradillas).-

Es posible que en estos, como en otros temas, poner por testigo y tutor al diccionario de la RAE resulte lo más congruente y certero. Recurrir a los manuales de Teología Moral, con sus diversas escuelas y procedencias filosóficas, embrollaría y complicaría incomprensiblemente más, que limitarse a hacer uso de la terminología del pueblo registrada con autoridad y vigencia en los diccionarios.

Los términos claves en mi reflexión son estos:

“Machismo” (“actitud o tendencia discriminatoria que considera al hombre superior a la mujer”); “Iglesia” (“comunidad formada por todos los que viven la fe de Jesucristo”) con prevalente mención para su jerarquía constituida por el papa, sacerdotes y obispos, y no también por seglares; “Inmoralidad”(“disconformidad con los valores establecidos y de las acciones, con los caracteres humanos respecto a su bondad o maldad, o relacionados con ellos”).
Desde tal perspectiva someramente semántica y gramatical, me limito a conquistar- reconquistar, entre otras, estas reflexiones:

En la Iglesia, y más en la católica, apostólica y romana, se registran notables cantidades de machismo. Muchas más que en cualquier otra institución de carácter civil, profesional, laboral, político y convivencial, sin olvidar que, por su condición de Iglesia y por cristiana, el relieve y la importancia son siempre superiores.

El mismo léxico común, a la vez que el eclesiástico, oficial y litúrgico es sistemáticamente discriminatorio, siempre en inequívoco perjuicio de lo femenino. Y además, y sobre todo, con las bendiciones, indulgencias, plácemes y satisfacciones sagrados.

De la simple y literal lectura de los Libros Sagrados, así como de tantas interpretaciones de carácter teológico-“dogmático”, y de las normas -gestos y signos- litúrgicos-, solemnes o no tanto, la mujer equivale y es considerada “pecado” u “ocasión de pecado”, por lo que su condición “vocacional” no es otra que la del rechazo ético-moral, sierva y servidora del hombre a perpetuidad.

En este contexto elementalmente “religioso”, repetidamente se les pasa por la mente y el corazón a las mujeres la duda de que ellas -por mujeres- sean y ejerzan de verdad como personas aún dentro de la institución eclesiástica, limitándose a ser y a ejercer de madre, esposa, hija, o “amiga”, por decirlo de piadosa-impiadosa manera.

Ni aún la condición vocacional de monja de clausura o de las otras, las libra de la servidumbre y marginación de que, por mujeres, son portadoras, con aportación de argumentos bíblicos, y de los “Santos Padres”, de doctos teólogos y severos célibes canonistas, con consciente eliminación en no pocos casos de comportamientos hipócritas, que contradicen sus prédicas, los artículos de la fe y los sagrados mandamientos.
La afirmación constatada, comprobada y padecida por las propias mujeres y algunos hombres dentro y fuera de la Iglesia, lleva consigo terribles y aterradoras consecuencias por ejemplo, en relación con la educación, al contar con tantos colegios “religiosos” y algunos privilegios. Disponen además de los actos de culto, catequesis y adoctrinamientos en los que potencian al máximo el enaltecimiento “inmoral”, del hombre por varón, en el trato -también sexual- que le es aplicado a la mujer, por el hecho de serlo.

Idéntica reflexión es preciso efectuar acerca de los medios de comunicación social en general de los que son propietaria la Iglesia y sus instituciones, así como los de aquellos otros en los que ejercen su influencia directa o indirectamente. Tanto o más “inmorales” en la relación machismo-Iglesia son los medios de propiedad eclesiástica o tutelados por ella, que los de instituciones y empresas agnósticas, ateas o ambivalentes.

El machismo de la Iglesia fue siempre inmoral. En la actualidad vigente y creciente es además tonto, ininteligible, contrario y opuesto a la razón, vejestorio, decrépito, sin sentido y además, sin futuro, que es la peor de las condecoraciones a las que habrán de aspirar las personas y las instituciones, como acontece en los aledaños enseñoreados por influencias que se dicen, y consideran religiosas.

En la Iglesia, todas las mujeres han de ser y ejercer de personas. Hasta el presente, muchas no son personas y otras lo son solo a medias, deficientes o semi-personas. Insisto en que el machismo es ciertamente inmoral dentro y fuera de la Iglesia, por mucha benevolencia con la que se juzgue el tema.

Precisamente por eso es digno de elogio y alabanza el gesto reciente de un obispo católico norteamericano quien, por su cuenta y riesgo, ha decidido nombrar responsable de una parroquia a una mujer, con todas sus consecuencias pastorales y ministeriales. Es posible que cunda el ejemplo y que este audaz obispo abra caminos que otros aún no se atrevieron a hacerlo.

El tiempo tiene la palabra, y es de esperar que lo que hoy no es “moral” del todo, con criterios canónicos, con el evangelio en la mano y la experiencia feliz, resulte cristiano de verdad y, en su día, litúrgico. A expertos e inexpertos, les sería provechoso recordar que “feminismo -del latín “fémina” o mujer hembra-, es la doctrina social favorable a la mujer, a quien se le reconoce y concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres”.

Desde las alturas recién conquistadas, por poner un ejemplo, el 54 por ciento de las mujeres juezas- magistradas de España, contemplan a las vocacionadas al sacerdocio y a las responsabilidades eclesiásticas, con rubor, con conmiseración, con pena y con el riesgo de perder la fe que todavía les quede…

Con devoción y libertad reverencial animo al papa Francisco a que se dé muchas más prisas en “feminizar” la Iglesia, con el convencimiento riguroso de que, de no hacerlo pronto y valientemente, ella -la Iglesia- perderá -perdió ya en parte-, el tren de la historia.

Manuel Mandianes: “El papel de la mujer en la Iglesia, más que una cuestión teológica es una cuestión de poder”
25DIC2018Deja un comentario
de evangelizadorasdelosapostoles en Iglesia Catolica Romana, Mujeres e Iglesia, Mujeres-Presbiteras 

“ADEMÁS DE DESCLERICALIZAR Y DESMASCULINIZAR LA IGLESIA, HACE FALTA FEMINIZARLA”
“La Iglesia no puede ver la cuestión de la mujer como una imposición social sino como una exigencia del Evangelio”Manuel Mandianes, 25 de diciembre de 2018 a las 19:45  

Mujer e IglesiaRELIGIÓN | OPINIÓN
Si la Iglesia quiere ser un espejo de la sociedad no puede seguir dejando de lado a la mujer sino hacerla sujeto activo de las mismas responsabilidades que a los hombres en sus organigramas y estructura
Un obispo de EEUU hace historia y nombra a una mujer al frente de una parroquia
(Manuel Mandianes).-

Las instituciones civiles y políticas están dando altas responsabilidades a las mujeres y buscando la igualdad, en todo, con los hombres. La Iglesia parece no estar en la onda y seguir las tendencias en este campo pues les permiten algunas actuaciones en la iglesia tales como lectora, sacristana y otras parecidas, todas de menor responsabilidad. 

La Iglesia ha actuado según la filosofía y el pensamiento de cada época, sólo ahora si no abre las puertas a la mujer, estaría practicando un cierto antifeminismo. La interpretación de muchos de estos mitos desde el psicoanálisis y las filosofías feministas es que la mujer es “un garçon manqué”:(Un varón fallido) y el imperio del pene. El papel de la mujer en la Iglesia, más que una cuestión teológica es una cuestión de poder apoyada en una tradición que mantiene el dominio del hombre a todos los niveles. La Iglesia, hasta hoy, se guía por la ley de los hombres (Cfr. J. M. Auber, “L´exil féminin. Antiféminisme et christianisme”).

San Pablo, a quien muchos autores califican como fundador de una Iglesia machista, no hizo más que aplicar a la Iglesia las doctrinas corrientes de su época. La mujer ha de ser servidora del marido en el matrimonio, callarse en la Iglesia, dedicarse a criar a los hijos y a las labores de su casa. San Pablo pone por encima de todos los valores la castidad y la virginidad, pero no sólo para la mujer sino también para el hombre. Han de casarse aquellos que no sean capaces de permanecer vírgenes.

San Pablo tuvo mujeres colaboradoras a las que le unió una muy estrecha amistad.
La doctrina de San Pablo, expuesta y desarrollada por los Padres de la Iglesia, incluye un cierto desprecio de la sexualidad y de la carne. El cuerpo es un objeto que nos incita al pecado y hay que someterlo a base de castigo. Del desprecio de la carne se pasó al desprecio de la mujer, metáfora y expresión de la sexualidad y del mismo sexo.

El rigorismo de los padres se debe a una espiritualidad desencarnada, un paraíso soñado en la tierra: esta vida solo tiene sentido pensada en función del más allá. Muy pocos Padres han tratado expresamente este tema y algunos han evolucionado de un rigorismo a una consideración mucho más humana del problema (Cfr. F. Quere-Jaulnes, “La femme. Les grands textes des Pêres de l´Eglise”).

En último término, la situación de la mujer en la Iglesia se funda en los mitos del Paraíso Terrenal, que nunca existió, y del Pecado Original, reconocimiento de la contingencia de todo lo creado (Torres Queiruga, “Repensar o mal”) Los mitos son una forma particular de conocimiento de una época, formado por imágenes y relatos.

Los conceptos por sí solos no son suficientes para entender las cosas. El error está en constituir los mitos en dogmas en los que se fundan normas inamovibles y en el fundamento inconsciente de nuestro actuar. La Iglesia que, en muchos casos, ha estado a la cabeza, de las reformas e innovaciones, en la cuestión que nos ocupa está actuando con un retraso injustificado y difícil de comprender por quien piense libremente.
La mujer se está haciendo visible en el cine, en la literatura en la política, en los tribunales, en todas partes menos en la Iglesia. Hay mujeres cristianas, católicas teólogas, escritoras, ocupando altos cargos en la sociedad civil y empresarial, pero en la Iglesia no se les concede nada equivalente. Además de desclericalizar y desmasculinizar la Iglesia hace falta feminizarla. No basta con decir la iglesia siempre ha reconocido la dignidad de la mujer, apelando a la mujer eterna, al ejemplo de la Virgen María madre de Jesús.

Hace falta dar a las mujeres puestos de responsabilidad con mando, liberarlas de imposiciones y darles responsabilidades, dejarlas crecer, ser libres. La presencia de mujeres en los comités y en la Iglesia no debería decidirse por cuotas sino por preparación y actitud para los puestos que están en juego.

Una tradición se convierte en error cuando quiere mantenerse fuera de su tiempo. También es un error interpretar tradiciones de otro tiempo con los criterios de hoy día. Las tradiciones tienen todo un fondo de época, temporal y hay que verlas diacrónicamente. Un libro de historia no puede cargar a la Iglesia de hoy los errores de una época remota, olvidando, por otra parte, obras excelentes que en aquellas épocas de deben a la misma Iglesia. Se trata de una crónica de la época vista con ojos de hoy. Un error de descontextualización y de sincronía lo comete el libro, por otra parte, excelente, de Nixey, “La edad de la penumbra”. La justificación de la ausencia de la mujer en puestos de responsabilidad y en el sacerdocio de la mujer es mítica que corresponde a una etapa infantil de cualquier institución antigua.

Si la Iglesia quiere ser un espejo de la sociedad no puede seguir dejando de lado a la mujer sino hacerla sujeto activo de las mismas responsabilidades que a los hombres en sus organigramas y estructura. La Iglesia no puede ver la cuestión de la mujer como una imposición social sino como una exigencia del Evangelio. Jesús no pudo elegir mujeres como apóstoles porque la época no permitía, la sociedad no las hubiese aceptado (A. Piñero, “Jesús y las mujeres”). Pero las cosas han cambiado y la dirección de la actuación de Jesús lleva consigo que la mujer tenga las mismas responsabilidades que los hombres en la Iglesia.

Oyendo al Papa Francisco uno siente que cada día tiene el sueño de que salgo maravilloso va a llegar o ya está ahí. La liberación evangélica de la mujer lleva consigo el reconocimiento por parte de la Iglesia de su dignidad para mandar, pensar y ser ella misma. La liberación de la mujer es un signo de los tiempos y una exigencia evangélica. La mujer ha cambiado y ha influido y sigue influyendo, cada día más, en el cambio del mundo. Pero hasta ahora, la Iglesia no ha incorporado a la mujer a sus cambios ni a sus estructuras. No se puede borrar ni olvidar el pasado, pero se puede explicar. El pecado imperdonable sería, a pesar de reconocer que el paso del tiempo ha dejado obsoletas algunas tradiciones, seguir manteniéndolas.

El hecho de que las mujeres no puedan ser sacerdotisas es para muchos un escándalo y una falta de ajornamento de la Iglesia, fruto del miedo de los que tienen miedo a perder sus prerrogativas y mermado su poder absoluto. Frente a la esencia de la Buena Nueva, todos estos cambios no son más que minucias temporales que ocurren en el caminar hacia el Reino.

E.A. Moreno-Uribe@EAMORENOURIBE
Antje Jackelén, jefa de la Iglesia sueca: “Hay imágenes en el Antiguo Testamento que muestran a Dios como una mujer”

https://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2018/12/25/las-mujeres-en-la-iglesia-religion-iglesia-dios-jesus-papa-francisco-fe-esperanza-poder

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