VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Religion Digital

Con la primavera renace la Vida en la Iglesia y en el mundo. Una vez más nos disponemos a recordar, celebrar y revivir los últimos días de la vida terrena de Jesús. Jesús no murió casualmente ni de enfermedad. Su muerte fue el desenlace de una vida: sólo desde su vida podemos comprender su muerte y celebrarla como victoria.

Ante todo, queremos recordar: hacer memoria de lo que aconteció a Jesús. Él, durante unos años, anunció y trabajó por una sociedad en la que todos, hombres y mujeres, niños y mayores, ricos y pobres, fueran hermanos y se comportaran como tales. Un mundo sin fronteras, habitado por la Paz que Dios ofrecía gratuitamente a toda persona de buena voluntad.

En este mundo nuevo, Dios es Padre y a todos hermana.
Recordamos a Jesús, constante en su sueño y en su entrega por lo que anunciaba y vivía; sin escrúpulo alguno, y de parte de Dios, tomaba partido a favor de los pobres y marginados, pues eran los que más sufrían; en ellos volcaba Dios su cariño y predilección. A los contemporáneos de Jesús no les interesó esta oferta. Los poderosos e influyentes veían peligrar sus privilegios políticos y religiosos. Preferían la sociedad de clases, de mundos y de civilizaciones cerradas. Cada uno en su puesto.

Por estos motivos, Jesús terminó bruscamente sus días entre nosotros. Fue ajusticiado; murió sin odio, perdonando y poniendo su vida y su evangelio en manos de Dios. Un hombre que muere así, dice el centurión romano, no puede ser sino hijo de Dios. Por eso, su muerte en cruz fue Pascua, Paso a la Vida, Triunfo del Amor, Resurrección.

En consecuencia, para el cristiano recordar es celebrar. Nuestra memoria es tan viva, ha quedado tan marcada por Jesús, que, al recordarle, le celebramos y le sentimos presente entre nosotros. Es Jesús, el Señor Resucitado, que sana, cura, perdona, regenera. Lo que aconteció hace unos 2.000 años sigue transformando el corazón de sus discípulos y de sus comunidades.

Y, por eso, celebrar la Semana Santa es actualizar, revivir hoy, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los últimos acontecimientos de Jesús. No esperamos el momento de la muerte para celebrar la resurrección. Pascua es Vida ya en este mundo. ¿Qué buena noticia, si no, aportaría Jesús a este mundo?

No creemos sólo en una religión de desenlace feliz, sino en un evangelio de vida ya en este mundo. Por cambiar este mundo murió Jesús. A cambiar este mundo envía Jesús a sus discípulos. El proyecto de Jesús sigue siendo el proyecto de su Iglesia: la transformación de este mundo de via crucis en via lucis: de salvaje, en un mundo filial, fraterno y solidario.
En nuestro caminar, en el hoy de nuestro mundo, nos acompaña Jesús, el Señor Resucitado.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

   
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