VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Religion Digital

Cuenta José Manuel Vidal en El Mundo que, en un insólito golpe de mano, Benedicto XVI ha retirado del sacerdocio al fundador de los Legionarios de Cristo. Acusado de abusos sexuales desde hace 15 años, a Marcial Maciel no le ha servido tener 400.000 fieles y férreos apoyos en Roma.
Dicen en Roma que el Papa Ratzinger «acaba de dar dos puñetazos» en la mesa de su despacho con enorme resonancia: condenar públicamente al ostracismo, tras tachar de «pecador», al fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, y desterrar a Nápoles al hasta ahora prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cardenal Crescenzio Sepe, también llamado «el Papa rojo». El primer puñetazo simboliza que el Papa Ratzinger está dispuesto a «limpiar a fondo» la Iglesia y el segundo, que ha comenzado la reforma de la Curia y que van a «seguir rodando más cabezas».
En un gesto sin precedentes, Benedicto XVI ha exigido al fundador de los Legionarios de Cristo, de 86 años, que renuncie «a todo ministerio público» de su actividad sacerdotal y que lleve «una vida reservada de oración y penitencia», tras haber sido investigado por presuntos abusos sexuales cometidos contra sus propios seminaristas de los que se le viene acusando desde hace más de 15 años. Dado «lo avanzado de su edad», el Papa ha decidido no someterle «a un proceso canónico». Justicia con misericordia.
Pero aun así, es la muerte eclesial del hasta ahora intocable Maciel. Una especie de suspensión a divinis de facto. Un retiro forzado para rezar y «hacer penitencia».
El gesto de Ratzinger es, también, un aviso a navegantes: ya no hay impunidad para nadie en la Iglesia. Benedicto XVI está dispuesto a limpiar la barca de Pedro. Lo anunció, hace más de un año, cuando aún vivía Juan Pablo II, en el Via Crucis del Viernes Santo. Y lo volvió a reiterar, ya muerto el Papa Wojtyla, en el precónclave.
Como cuenta el cardenal venezolano Rosalía Castillo Lara, «en una sesión reservada se nos presentó un informe de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el que se abordaban casos graves de abusos por parte de algunos sacerdotes». El informe de la Congregación que presidía entonces el cardenal Ratzinger describía con pelos y señales casos de abusos sexuales del clero, violaciones del celibato, robo de limosnas y donativos de los fieles y violación del sacrosanto secreto de confesión.
Y parece que el Papa ha empezado a limpiar por arriba, por el fundador de uno de los movimientos con más poder e influencia en la Iglesia.
Los Legionarios lo temían desde la muerte de Wojtyla y la elección de Ratzinger. Por eso, en enero del año pasado, Maciel renunció a la dirección de la congregación que había creado en 1941, alegando el «deseo de ver florecer en vida a la congregación bajo la dirección de su sucesor», el también mexicano Alvaro Corcuera, de 47 años.
Poco antes, el Tribunal Eclesiástico de la Santa Sede había reabierto la investigación contra él por presuntos abusos sexuales. En noviembre de 1997, ocho ex miembros de los Legionarios de Cristo enviaron una carta abierta a Juan Pablo II en la que acusaban a Maciel de haber abusado sexualmente de ellos durante sus primeros años de adolescencia, cuando estaban bajo su cargo en seminarios de España e Italia.
Ese mismo año, dos de los firmantes, José Barba Martín, catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México, y Arturo Jurado, catedrático de la Escuela de Lenguas del Departamento de Defensa de EEUU, iniciaron un proceso legal contra Maciel que se materializó el año siguiente ante el Tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y el Tribunal sentenció en contra de Maciel.
«El Papa se parece a Cristo con el látigo en la mano, echando a los mercaderes del templo. Hay que rezar mucho por él, para que no le tiemble el pulso en su labor de limpieza de la Iglesia.Porque se enfrenta a enemigos muy poderosos. Incluso en la Curia hay algún cardenal de renombre que no está de acuerdo con la medida adoptada por Su Santidad». El que así habla, entre susurros y todo tipo de cautelas telefónicas es un monseñor que trabaja en las oficinas curiales desde hace más de 20 años. Y al preguntarle a qué cardenal se refiere, susurra entre dientes, como con miedo: «Sodano».
El cardenal Angelo Sodano es, todavía, el número dos de la Iglesia.Sumamente conservador (defendió públicamente a Pinochet), actuó durante años como pararrayos de Marcial Maciel. Por eso, en la Curia le llaman «el padrino de los Legionarios».
En la lujosa casa de Roma donde la congregación tiene su sede, Marcial Maciel recibía a cuerpo de rey a numerosos cardenales y obispos y los espiaba con cámaras ocultas. Los legionarios que los acompañaban redactaban informes para el fundador. El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, fue, por ejemplo uno de los espiados, de quien los informantes dicen: «Se percibe rápido por el trato que nos tiene mucho afecto».
En cualquier caso, esta vez ni los padrinos han conseguido salvar su carrera.
Y es que, como cuenta José Martínez de Velasco, corresponsal religioso de la agencia EFE, en su libro Los documentos secretos de los Legionarios de Cristo (Ediciones B), «las dos obsesiones de Maciel, en esta etapa final de su vida, son conseguir el birrete cardenalicio y la santidad». Pero ha cosechado una condena personal histórica y una sonora bofetada para la institución que fundó.Una institución en la que, según el citado autor, proliferaban los abusos sexuales.
Descendiente de generales cristeros -cabecillas de los que se rebelaron entre 1926 y 1929 al grito de ¡Viva Cristo Rey! en el conflicto entre la Iglesia y el Estado mexicano- y con varios tíos obispos, Marcial Maciel nació en Cotija de la Paz (en el Estado de Michoacán) el 10 de marzo de 1920. Tenía sólo 20 años y aún no era sacerdote cuando fundó, junto a otros 13 adolescentes, la actual Legión de Cristo. En principio sólo para religiosos, pero a partir de 1949 la abre a los laicos con un brazo secular: Regnum Christi. En pocos años se ganó a las elites mundiales y llenó los seminarios de vocaciones. Por eso, Juan Pablo II lo mima y lo protege.
A España había llegado antes, en 1946, de la mano de Iñigo de Oriol y de Alberto Martín Artajo, ministro de Exteriores con Franco. Aquí cuenta con varios seminarios, una universidad privada -la Francisco de Vitoria, en Pozuelo de Alarcón, Madrid-, media docena de colegios y decenas de guarderías. Tiene también 500 sacerdotes, 2.500 seminaristas y unos 65.000 miembros en 18 países del mundo. Los legionarios del Ejército de Juan Pablo II, cuyo capitán ha sido degradado por su sucesor, Benedicto XVI.

En España, según datos de la propia Legión de Cristo, residen 40.000 de los 400.000 legionarios que hay repartidos por el mundo l Es uno de los movimientos neoconservadores de la Iglesia que más crece. Según ellos, sus «enemigos intraeclesiales» son la Compañía de Jesús y el Opus Dei, de quien copiaron la organización l Martínez de Velasco, autor del libro «Los documentos secretos de los Legionarios de Cristo», cita entre sus miembros, allegados o simpatizantes a Alicia Koplowitz, la familia Oriol (cuatro de sus miembros son sacerdotes legionarios), Ana Botella, José María Michavila, Angel Acebes y los arzobispos de Toledo y Valencia l El fundador, Marcial Maciel Degollado, nació en México en 1920, en cuya capital fundó los Legionarios de Cristo el 3 de enero de 1941.

   
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