Foro Gaspar García Laviana

 La extensión de el Salvador viene a ser el doble de la de Asturias.

Población de Asturias en el 2015: 1.051.229

Población de El Salvador en el 2015: 6.126.583

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Uno tiene que sentirse ciudadano del mundo, unido fraternalmente a todos los vivientes por la parecida vida de la que todos disfrutamos recibida de la Madre Tierra. Paralelamente, nuestra solidaridad debiera ser universal, pero por la limitación personal que todos tenemos y por diversas aleatorias razones, nos solemos concentrar en unas determinadas personas y lugares. Entre ellas, en mi caso, han sido gentes de El Salvador.

Ya desde el nacimiento de El Jacalito se crea aquí en Asturias una Red Solidaria de apoyo a este Centro de Desarrollo Infantil y Familiar, ubicado en el municipio de San Marcos, Departamento de San Salvador, que nace gracias a los esfuerzos promocionales del Movimiento Salvadoreño de Mujeres, creado el 26 de febrero de 1988 con el propósito de contribuir a la construcción de una sociedad justa con igualdad social y de género, si bien será en Septiembre de 1994 cuando adquiera su personalidad jurídica.

El objetivo principal de El Jacalito es brindar atención integral a niños y niñas de escasos recursos económicos. Sin este centro los niños que aquí se recogen estarían excluidos de la educación parvularia, ya que el Estado sólo cubre el 7% de esta población infantil. Acogidos aquí estos niños, se posibilita también el trabajo de sus madres.

El MSM está llevando a cabo en todo El Salvador un importantísimo trabajo con mujeres, juventudes y niñez (del campo y de la ciudad) “promoviendo la gestión del conocimiento sobre sus derechos y deberes sociales, económicos, políticos, ambientales y culturales para potenciar su desarrollo humano integral”. Uno de sus destacados fines es la prevención de la violencia de género.

 

Debido a esta especial conexión personal con El Salvador se entenderá que yo también quiera compartir con los salvadoreños esta celebración del 25 aniversario de los Acuerdos de Paz, firmados en Chapultepec (México) el 16 de enero de 1992. Quiero con ellos festejar todo ese tiempo ya transcurrido “sin aquella guerra” que mantenían los grupos armados, aglutinados todos en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) contra las fuerzas del Estado y de otras organizaciones paramilitares, como “los llamados Escuadrones de la Muerte, que, al margen de la ley y con el apoyo de empresarios y terratenientes, se dedicaban a aterrorizar las zonas rurales y paupérrimas, de donde el FMLN obtenía su mayor apoyo”.

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Un recuerdo para las víctimas

La celebración el 25 Aniversario de los Acuerdos de Paz, más que en sus firmantes, que fueron los protagonistas de la guerra, debiera centrarse en el recuerdo de las víctimas y del espíritu que condujo al fin del conflicto.

Puede que haya habido 75.000 muertos, en su mayoría civiles. Casi el 2 % de la población. “Decenas de miles de personas resultaron heridas físicamente (como consecuencia de armas de fuego, explosiones, minas antipersonales, etc.) y miles de ellos quedaron con mutilaciones que los incapacitaron de por vida. Miles, también, resultaron con graves secuelas psicológicas (si se tiene en cuenta las violaciones a las que fueron sometidas incontables mujeres y las torturas y vejaciones que padecieron otros tantos hombres). Numerosos niños quedaron huérfanos de padre, madre, o ambos. Los daños materiales fueron cuantiosos”.

Aquí en España, en medios eclesiales, tuvieron especial impacto algunas muertes acaecidas entonces: el 24 de marzo de 1980 fue asesinado el arzobispo de El Salvador Oscar Arnulfo Romero y  16 de noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), lo fueron seis sacerdotes jesuitas y dos empleadas. Pero nos dolían por igual todas las muertes de las que teníamos noticias.

El espíritu que condujo al fin del conflicto

Según se puede leer, el fin del conflicto fue exigido por personas como Rufina Amaya, monseñor Rivera, madres que se rebelaron contra la muerte de sus hijos, pacifistas, religiosos, intelectuales… Todos ellos conformaron un espíritu que dio origen a una fuerte exigencia de diálogo para la paz y el fin de la guerra. Haber llegado a unos acuerdos que pusieran fin a aquella situación de guerra para iniciar una nueva etapa “de paz” fue un indudable éxito que es bueno mantener en la memoria, a lo cual puede contribuir esta celebración del 25 Aniversario.

Pero la democracia surgida entonces en El Salvador vino a resumirse en la participación en elecciones cada cinco años. Solamente esto es insuficiente para que un país disfrute de una paz social que conlleve bienestar al conjunto de los ciudadanos. Las elecciones debieran haber sido un primer paso al que siguieran otros que tuvieran como objetivo construir una sociedad cada vez más justa y equitativa, más igualitaria. Sabemos muy bien que la paz no es solo ausencia de guerra.

Los resultados de los Acuerdos no han sido muy satisfactorios. Hoy no se puede decir que El Salvador viva una situación de paz.

En primer lugar porque la violencia, aunque sea distinta, sigue siendo uno de los principales problemas de El Salvador. Que el país vive una situación grave de inseguridad lo demuestra el hecho de que hay una media de 11 muertos diarios. Algunos días llega a haber entre 40 y 50 homicidios. Es imprescindible abordar el problema que suponen las maras (pandillas criminales), pero teniendo en cuenta que la solución no consiste sólo en la “mano dura” que algunos proponen.

En segundo lugar por la situación de pobreza que se vive en El Salvador, que ya existía incluso antes de la guerra civil.  La pobreza es también una forma de violencia que se ejerce sobre cada persona que la sufre. Alrededor del 25 % de la población salvadoreña se encuentra en pobreza crónica, esto significa que, el 25 % de la ciudadanía nació pobre y se mantendrá pobre hasta la muerte. Entre las causas se señala el deterioro progresivo del poder de compra de los salarios mínimos y del salario promedio del sector público, lo que se acentuada más en el caso de las pensiones. No olvidemos que como en todas partes el modelo neoliberal del sistema capitalista no suelen favorecer el crecimiento y desarrollo económico equilibrado e inclusivo de todas las personas. Para valorar la incidencia de la pobreza también hay que tener en cuenta la relación que existe entre ella y el origen y pervivencia de las maras.

La corrupción es otro de los males que destacan los informes sobre el Salvador. Dos ex-presidentes están siendo investigados. Las instituciones de la Justicia funcionan mal, es escandaloso el alto nivel de vida y de seguridad de la que gozan diputados y altos funcionarios, así como también la opulencia de los grandes empresarios.

El esfuerzo socioeconómico nacional tiene que orientarse hacia las mayorías en situación de dificultad y escasez. La legislación debe proteger a esas mayorías desprotegidas y exigir una rendición de cuentas mucho más radical y clara a los sectores minoritarios que tienen niveles de vida de primer mundo. Mientras eso no se haga, el país seguirá produciendo corruptos y violentos.

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Conclusión

Parece que son muchos los que ven necesarios unos Nuevos Acuerdos de Paz. La celebración del 25 Aniversario del final de la guerra podría ser un buen momento para hacer calar en todos esta urgencia.

Es necesario ampliar el campo de la democracia que no solamente ha de consistir en el reconocimiento de los derechos políticos para posibilitar que un grupo dirigente se instale en el poder. Hay que hacer efectivos los derechos sociales, económicos y culturales de todos, pero los esfuerzos se han de centrar en la población que ha sido excluida, la que sigue empobrecida y marginada, para que pueda alcanzar un mínimo de bienestar. En El Salvador sigue habiendo víctimas sufrientes a causa de una persistente violencia social a donde la paz aún no ha llegado.

El Salvador necesita de la solidaridad exterior. Para salir del conflicto armado (1980-1992) fue necesaria la ayuda exterior, siendo muy efectiva la intervención de la ONU. La ha pedido el actual presidente Salvador Sánchez Cerén y en su discurso del acto oficial de la celebración anunció la buena disposición y el apoyo de Naciones Unidas. La sociedad civil de los países que disfrutan de un cierto nivel de bienestar ha de seguir manteniendo el apoyo en el que ya estamos comprometidos. Me parece un acierto ayudar a los movimientos populares, como el Movimiento Salvadoreño de Mujeres y otros semejantes, que están llevando a cabo una labor profunda promocional haciendo que sean las mismas personas protagonistas de su liberación. En alguna medida todos los individuos y todas las instituciones (ayuntamientos, parroquias, Comunidades Cristianas de Base, Comunidades Autonómicas, Diócesis, Movimientos religiosos y civiles, comunidades religiosas…) debiéramos institucionalizar una ayuda económica o de personal que llegue a los países más empobrecidos.

 

José María Álvarez

Miembro del Foro Gaspar García Laviana

www.forogasparglaviana.es

   
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