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Del 6 al 27 de octubre de este año se celebrará en Roma el Sínodo panamazónico de los obispos que integra a nueve países de Sudamérica. Su tema central se titula: AMAZONÍA: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL.
En relación con el Sínodo panamazónico, son muchos los aportes que se vienen haciendo. En el mes de junio Amerindia publicó el libro: Hacia el Sínodo Panamazónico: Desafíos y aportes desde América Latina y El Caribe. Es una obra que elaboramos un grupo de 28 teólogos, teólogas y pastoralistas de Amerindia, a partir de un taller conjunto que hicimos con la REPAM (Red eclesial panamazónica).
 

El acento de los aportes se enfoca sobre todo en los tres ejes que tratará el Sínodo de los obispos: pueblos originarios, ecología integral e Iglesia profética en la Amazonía: desafíos y esperanzas. Aquí se toca sobre todo el tema de los  nuevos ministerios para esa región amazónica que le puedan dar de verdad un rostro amazónico a la Iglesia.
 
Siguiendo el método latinoamericano del VER-JUZGAR-ACTUAR, las dos primeras partes del Instrumentum laboris (el Documento de trabajo para el Sínodo) están dedicadas no sólo a un ver la realidad, sino a un escuchar los clamores de la madre tierra tan amenazada y herida (primera parte), un escuchar a los pueblos originarios (segunda parte). Y éste es un gran paso. No se parte de un análisis frío, científico desde fuera de la vida de los pueblos originarios ahí presentes, cerca de 300 etnias en los nueve países de la Amazonía, sino que el punto de partida fue en verdad un ESCUCHAR las voces mismas de los pueblos originarios.
 
Para entender un poco de qué estamos hablando cuando decimos Amazonía, veamos unos breves datos que nos ofrece Víctor Codina: 
 
La Amazonía: es un amplio territorio de 7 millones y medio de kilómetros cuadrados, unos 33 millones de habitantes, de los cuales unos 3 millones son indígenas y afrodescendientes que viven en la selva, a orillas del río Amazonas o en ciudades como Manaos y Leticia. La Amazonía pertenece a 9 países: Bolivia, Perú Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Guyana francesa y sobre todo Brasil. Existen más de 380 pueblos o nacionalidades diferentes, además de unos 140 pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV); se hablan en territorio amazónico unas 240 lenguas1.
 
Y Leonardo Boff en su investigación nos complementa diciendo que el río Amazonas tiene una extensión de 7,100 Kmts y arroja al mar 200,000 m por segundo. Éste es el universo en el que se intenta impulsar, mediante el Sínodo, la defensa de los territorios, de los pueblos originarios y un nuevo rostro de iglesia: amazónico, plural, diverso, ministerial, en defensa del territorio y de los pueblos originarios, sacramento del Reino, en escucha y diálogo con las religiones ancestrales y con la experiencia de Dios de esos pueblos que han vivido ahí por miles de años y han sabido conservar esa maravilla, cuna de la mayor bio-diversidad de nuestro planeta, y valorando las culturas ancestrales y no imponiendo un  único modelo de Iglesia occidental, ajeno a esos pueblos y a esas culturas.
 
Lo que se juega en el Sínodo panamazónico no es sólo la existencia de la Iglesia ahí, ni tan siquiera la vida y sobrevivencia de sus pueblos originarios, sino la posibilidad misma de sobrevivencia para toda la humanidad. Y además, plantea la singular posibilidad de construir la Iglesia con nuevos ministerios, incluida la ordenación de viri probati y nuevos ministerios para la mujer, de desarrollar la misión de evangelizar bajo otros parámetros. Plantea asimismo la discusión teológica sobre la relación entre misión y Eucaristía, misión e Iglesia. Se ha vuelto un axioma que la Iglesia nace de la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia. ¿Qué hacer en comunidades tan apartadas adonde el sacerdote puede llegar sólo cada 2 o 3 años y se ven privadas de la Eucaristía por todo ese largo tiempo? 
 
Lo que se juega entonces en el Sínodo pan-amazónico va mucho más allá de la Amazonía. Se juega la defensa del territorio, de la vida de esos pueblos, otra manera de ser Iglesia con nuevos ministerios y la vida misma del planeta. Es por esto que el Sínodo trasciende sus propias barreras y compete a toda la humanidad y a todos los pueblos. Es de una trascendencia mundial. Por esta razón es que podemos afirmar ya desde ahora que el Sínodo pan-amazónico será un acontecimiento eclesial del s. XXI que marcará un hito en la historia de la Iglesia y de la sociedad.
 

   
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