VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Diario vasco

«Es posible un mundo más justo»
Defiende en ‘Jesús y el dinero’ el mensaje de un Dios «libre y liberador» que no sigue los pasos de «los poderosos ni de los dueños del mundo»
«Los mercados están destruyendo las instituciones democráticas de los pueblos»
«Hemos logrado adorar al Crucificado de manera que nos oculte a los crucificados de hoy»
«En la espiritualidad cristiana hay demasiados cantos y pocos gritos de indignación»
«Es posible un mundo diferente precisamente porque Dios lo quiere así»

Destacar una frase del nuevo libro del teólogo José Antonio Pagola no es sencillo, y no porque no haya nada destacable, sino porque es difícil seleccionar una. Por ejemplo, puede ser ésta: «Los mercados están destruyendo las instituciones democráticas de los pueblos». O esta otra: «Hemos de tomar conciencia de que el Imperio del capitalismo neoliberal es hoy el poder que más radicalmente se enfrenta al reino de Dios». O también esta: «Hemos de despertar nuestra responsabilidad». Y hay más frases, muchas más.

‘Jesús y el dinero. Una lectura profética de la crisis’, comienza con una humanidad atrapada por un sistema capitalista neoliberal «que ha logrado imponer su dictadura prácticamente en todo el mundo, condicionando decisivamente el futuro de la comunidad humana». Y termina a pesar de todo con un mensaje de esperanza cuando, tras hablar de «un Dios libre y liberador, cuyo amor no tiene por qué acomodarse a las pretensiones de los poderosos ni seguir los caminos que le marcan los dueños del mundo», el autor se muestra convencido de que «un día las bienaventuranzas se cumplirán».

Las 89 páginas del libro han sido comparadas por la editorial que lo ha publicado, PPC, con el ‘Indignaos’ del filósofo Stéphane Hessel, que se convirtió en un fenómeno editorial con sus críticas a los mercados y su llamamiento a la resistencia. Quizá sea un truco publicitario, pero la comparación no está lejos de la realidad. En sus páginas, Pagola arremete contra los poderes político y religioso, utiliza en numerosas ocasiones el término ‘indignación’ y aboga por una reacción social. «Sería pecar contra el proyecto de Jesús encerrarnos en la burbuja de nuestra crisis y asistir pasivamente al sacrificio de inmensas mayorías al ídolo de la riqueza», advierte.

José Antonio Pagola es un hombre apasionado por Jesús. En 2005 su libro ‘Jesús. Aproximación histórica’ se convirtió en un inesperado éxito de ventas pero también en un quebradero de cabeza. La publicación suscitó serios recelos de un grupo de obispos españoles y fue investigada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que el pasado marzo determinó que el texto «no contiene ninguna proposición contraria a la fe».

En su nuevo libro, el teólogo sitúa otra vez a Jesús en el centro de sus argumentos, y lo presenta como a un profeta que «no forma parte de la estructura política ni del sistema religioso. No es nombrado por ningún poder». Jesús vive en un mundo que no difiere demasiado del actual; es un mundo dominado por un imperio que «somete a los pueblos a una tributación implacable», donde los «terratenientes explotan a los campesinos» y los dirigentes religiosos «se han desentendido del sufrimiento de las gentes». «En esa sociedad y desde esa religión no es posible imaginar un nuevo comienzo», concluye.

«Desde fuera del sistema»

Es en este contexto tan familiar donde aparece la figura de Jesús -«desde fuera del sistema», recalca Pagola- para difundir la buena y revolucionaria noticia de que «es posible un mundo diferente, más justo, más humano y dichoso, precisamente porque Dios lo quiere así». Las implicaciones de estas palabras son evidentes. Desde el momento en el que se cree en el «poder transformador del ser humano atraído por Dios a una vida más digna», el siguiente paso es lógico. «Hemos de resistirnos al discurso neoliberal imperante que, repetido una y otra vez, hace que la sociedad termine por creer que solo se puede hacer lo que se hace, matando de raíz toda reacción para buscar alternativas que nos conduzcan a un futuro más humano», afirma Pagola.

Las críticas al discurso neoliberal se extienden a la religión cristiana, donde «hemos logrado adorar al Crucificado de manera que nos oculte a los crucificados de hoy». Pagola va más lejos en sus reproches cuando sostiene que «una predicación que anuncia a un Dios de espaldas al sufrimiento de la humanidad no es cristiana». Por si quedaran dudas, añade que «en la espiritualidad cristiana hay demasiados cantos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia».

Lo que hace falta, afirma Pagola, es justamente lo contrario. «Necesitamos profetas del reino, hombres y mujeres indignados, centinelas vigilantes, colaboradores incansables del reino de Dios, para escribir un relato nuevo de la historia, alentados por la confianza en Dios y en el ser humano».

Según el teólogo, los renglones de este relato deben tener como faro «el corazón de la utopía de Jesús: un mundo regido por la compasión». Al parecer, la luz de este faro ya comienza a distinguirse porque se perciben «signos portadores de esperanza». Por un lado «el sistema es incapaz de autocorregirse», lo que hará que se «desenmascare cada vez con más crudeza su irracionalidad». Además, «crecen y se mundializan los movimientos de indignación» a la vez que aumenta «la preocupación por las víctimas inocentes».

Una realidad desconocida

Son buenas noticias que nos pueden conducir a «una vida más digna». «La esperanza nueva que introduce Jesús en el mundo solo es posible acogerla y proclamarla desde la fe en un Dios que no abandona a sus víctimas», dice Pagola. Por este motivo, se pregunta qué ocurriría si «nuestras comunidades cristianas, las iglesias diocesanas y la Iglesias de España escucháramos con fe, audacia y responsabilidad la llamada de Jesús a introducir compasión en la crisis».

Lo que sí es seguro que va a ocurrir, según Pagola, es que «en los próximos años vamos a dar un salto hacia atrás: nos espera una vida más pobre y precaria (…) No vamos a regresar al bienestar de años pasados, sino a otra realidad desconocida». Pero este retroceso es también una oportunidad si somos capaces de «regenerar el espíritu humano hacia la compasión», porque «es posible hacer la vida más humana y dichosa para todos». «La crisis nos puede ayudar a poner los fundamentos de una convivencia más digna y mejor orientada hacia un futuro más humano», sostiene Pagola.

   
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