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La crítica al clericalismo está socializada en la medida que se ha ido verbalizando una
ideología en formato de estrategia de poder estructural legalizada y alejada de la esencia
evangélica. En este grupo amplio con bastantes clérigos está incluido un buen ramillete
de laicos y laicas, encantados de pertenecer a una doctrina clerical que les da seguridad
y oculta en buena medida el compromiso que supone la evangelización.

La “religión” del poder clerical es una manera desviada -herética- de entender la Buena
Noticia; no solo enturbia lo esencial sino que a veces escandaliza. Pero afanados en
denunciar este adoctrinamiento bastante más materialista que espiritual, se nos olvida la
autocrítica que los laicos debemos hacernos y aceptar por la falta de gancho social que
tiene el Mensaje de Jesús. Apenas existe nada que nos cuestione en los muchos portales
mediáticos específicamente católicos. Y eso que, en palabras de Karl Rahner, hay clero
porque hay laicos; es al servicio de los laicos que los ordenados encuentran su razón de
ser en la Iglesia.

Acabamos de comenzar la Cuaresma y se impone el examen de conciencia que impulse
nuestra conversión personal, a poder ser acompañado de un mea culpa estructural como
colectivo laical por no estar a la altura de los carismas que el Espíritu impulsa para
desarrollarlos en los ambientes sociales en que nos movemos. Junto a la desviación
clericalista laica de que quienes la padecen y se creen en la actitud correcta, los demás
tenemos nuestras asignaturas pendientes que todo el clericalismo del mundo no puede
ocultar ¡Y somos la gran mayoría de la Iglesia!, en cuyas manos es donde germina la
posibilidad real de universalizar el Evangelio a pesar de los escándalos de abusos
sexuales y económicos del poder clerical; y de los escándalos de corrupción de los
laicos que se dicen católicos.

¿Cómo seguir avanzando en la consolidación de un laicado adulto comprometido con la
tarea evangelizadora de la Iglesia? ¿Qué nos falta para atraer hacia Jesús a tanto
buscador honesto que no reconoce en nosotros nada interesante?

Falta formación, compromiso comunitario y, sobre todo, el compromiso evangelizador
desde el ejemplo activo. Nos puede el individualismo y la pasividad. Falta autocrítica y
dejar de sentirnos como una vocación de segunda de tanto machacarnos esto durante los
mejores años de poder clerical. Todo el Pueblo de Dios es servidor, algo que olvidamos
muchas veces: descubrir el cristianismo como una “vocación” de discípulo, de seguidor
de Cristo y ejemplo de vida laical (laos, pueblo). Esto presupone oídos atentos y ojos
abiertos para escuchar la Palabra y mirada para discernir en los acontecimientos diarios,
no solo en la Eucaristía. Incluso sentirnos solidarios con las personas éticas que buscan
las mismas metas de justicia y liberación humanas aunque no sean creyentes de nuestra
fe. Jesús pasó la vida sanando y defendiendo a los más pequeños y excluidos. Por eso,
“Quien no está contra vosotros, está con vosotros” (Mc 9,40).

Los laicos/as no ejercitamos la corresponsabilidad eclesial con una vida espiritual
intensa que pueda contrarrestar la cultura materialista actual. Oración, cultivo de la vida
interior, capacidad de silencio, escucha de la Palabra. Es necesario creer en las
posibilidades del Evangelio, conociéndolo mejor, y desde ahí hacer teología de la Vida
desde la vida.

Es necesario que incrementemos nuestra cuota de corresponsabilidad eclesial, lo cual
incluye aspectos tales como aceptar en serio y decididamente el protagonismo de la
mujer y mejorar la imagen de la institución a base de ejemplo, que es lo único que atrae
y arrastra.
No es cristiano reducir la fe a una cuestión interior sin traducción encarnada en la vida
colectiva. Somos testigos de Alguien que tiene una Buena Noticia. El poder acumulado
por los clérigos no es razón para la pasividad irresponsable y cómplice, tantas veces, de
posturas claramwente poco evangélicas también de puertas adentro. No es de extrañar
que no pocas veces nos vean desde fuera como peces muertos a favor de la corriente…

   
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