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Nos ha dejado Julio Anguita. Pero nos ha dejado un testimonio de honradez y coherencia. Es uno de los referentes, para muchos de nosotros, por lo menos en eso.
Pues bien en las graves circunstancias en que nos movemos voy a intentar hacer un intento de ejercicio de honestidad y coherencia conmigo mismo. Y comprendo qe pueda sorprender a más de uno e incluso incomodar. Pero como decía también Anguita –y otros lo han dicho de diferntes formas- “no me da miedo el ruido del poder, me da miedo el silencio del pueblo”.

Y me voy a referir a un tema muy concreto. Si queréis, a dos, aunque íntimamente relacionados, y que resumen en sí dos maneras de concebir la sociedad (vamos a dejarlo así por ahora). Me refiero a ls comedores y bancos de alimentos y a la anunciada renta mínima.
Vaya por delante que para mí son dignos de admiración los que trabajan en los bancos y comedores. Yo mismo colaboro de alguna manera con ellos y soy testigo de su labor desinteresada. Y muchas veces poco agradecida. Y empecé a colaborar desde que en la pasada – ¡no tanto para muchos! – crisis del 98 vimos, desde asociaciones que habíamos renegado de siempre del asistencialismo, la necesidad en ese estado de emergencia de recurrir a él dada, en aquellos momentos, la imposibilidad de improvisar de otra manera más digna la “ayuda” a las personas que atendíamos.

Desde mi –casi se me esapa decir”atalaya”, quizá porque en realidad eso sea mi lugar seguro donde vivo- situación respecto a esas dos relidades se me ocurre -más que “se me ocurre” habría que decir se me impone con dolor y urgencia- que manifieste lo que constato y deseo como imperiosamente necesario.

Ya digo que soy testigo de la gran labor que están realizando esas dos instituciones. Sé la gran suma de dinero que se está invirtiendo –la mayoría por medio del Ayunatamiento- y las nada desdeñables cantidades de alimentos que reciben y reparten. En lo que llamamos Banco de Alimentos de Antequera, la Plataforma Antequera Solidaria –también en extrecha colaboración de los Servicios Sociales- se reparten dos veces al mes alimentos y artículos de limpieza e higiene a alrededor de 700 familias. Y las cifras que reparten otras instituciones no las conozco pero parece que son también muy elevadas.

Pero, a pesar de eso, no puedo por menos de constatar
– que por más que se quiera, lo que se dá no llega a cubrir todas las necesidades, ni siquiera alimenticias. Y muuuchos hoy no tienen otros recursos para atenderlas
– que también soy testigo –pues mi “atalaya” está inserta en un medio que, por más que quiera me las hace palpables- de las gravísimas situaciones que está paceciendo desde hace ya dos meses a pesar de esa ayuda de los alimentos y de las pocas ayudas económicas que desde los servidos sociales y algo de Cáritas puedan conseguir.

– que, también, por qué no decirlo, porque esta manera de ayudar, de dar, no es digna. En sí, porque “damos”. Y aun la materialidad de la manera en que lo hacemos lo es: esas grandes colas a la intemperie. Y ahora personas que nunca habían tenido que recurrir a ello…
– que el Gobierno viene anunciando la implantación de una Renta mínima.

Desde hace ya un montón de años a muchos se nos advertía que, dada la progresiva implantación en el mercado productivo de la “nueva mecanizacion robótica” no habría trabajo para todos. Que los que se quedaban sin un trabajo remunerado la sociedad tendría que, por justicia y derecho reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos – y no por caridad ni por medio de subsidios- dotarlos de recusros para poder vivir dignamente. Y se empezó a hablar de la Renta Básica Universal, como, posiblemente, la única manera de que no se quedase nadie atrás, como desde el Gobierno actual se nos ha dicho qe se pretende. Pues bien, yo estoy convencido de que ese es el camino.

• Que, aparte de que tenga que ser o no esa modalidad, está claro que ante la situación de emergencia, especialmente para los más desfavorecidos urge –y ya vamos con dos meses de retraso, el tomar una medida para que “todos”, sin que nadie se quede atrás, puedan sobrevir dignamente: que ellos dispongan de su dinero de manera que ellos sabrán – ¡y claro que lo sabrán! – cómo.

• Que el dinero de esa manera invertido en las gentes de nuestros barrios se usará en las compras en las tiendas, en las pequeñas empresas de autónomos- que decimos que hay que sostener. Y no que estemos invirtiendo, haciendo grandes compras siempre a unos grandes supermercados. Y no puede ser por menos que los bancos de alimentos así lo hagan.

• Que los voluntarios, las Asociaciones, tendremos siempre grandes márgenes de actuación supliendo lo que no se hace por quien debiera, al mismo tiempo que reivindicando por que se haga. Y siempre, acompañando a los menos favorecidos, y…sólos. Trabajando por un Mundo Mejor

   
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