VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Revista Ideele N°299. Agosto-Setiembre 2021
El año 1781 se dictó, en el Cusco, una sentencia atroz y salvaje contra el mayor héroe de nuestra patria, Túpac Amaru II, condenándolo a una muerte cruel, previos inimaginables suplicios; pero también contra su pueblo, prescribiendo que, “para que estos indios se despeguen del odio que han concebido contra los españoles, y sigan los trajes que les señalan las leyes, se vistan de nuestras costumbres españolas, y hablen la lengua castellana, se introducirá con más vigor que hasta aquí el uso en sus escuelas bajo las penas más rigurosas y justas contra los que no las usen, después de pasado algún tiempo en la que puedan haber aprendido”. Terror para “civilizar”.

Mucho del Perú contemporáneo es consecuencia de esas medidas punitivas y las arrastramos aún. En el Cusco en el que me crie se nos enseñó el amor al folklore, pero era usual el desprecio a nuestra gente y el esfuerzo por dejar de lado nuestra esencia, incluyendo el idioma kechua. A pesar de esa hostilidad, lo andino ha sabido resistir.

En ese contexto, la victoria de Pedro Castillo en las elecciones del bicentenario tiene una alta relevancia simbólica, pero, además, se dan pasos concretos en la democratización del poder, incorporando en la escena estatal y de la gestión pública personas ajenas por completo a la capital y a sus redes. Y es este aspecto el que más está mortificando el cotarro metropolitano. La designación del primer ministro, Guido Bellido, y su gabinete es la muestra más clara de ello. “Según un estudio de Ojo Público sobre la conformación de este gabinete respecto a los de gobiernos anteriores, el 70% de los ministros de Pedro Castillo nacieron en regiones diferentes a Lima. El primer gabinete de cada uno de los siete presidentes anteriores estaba compuesto, en su mayoría, por funcionarios limeños. La mayoría no han estudiado en la Universidad Católica sino en universidades públicas. Estamos ante un cambio estructural necesario e inminente que no vendrá sin dolor pero que tiene también mucho de luminoso y esperanzador”[1].

Con el título del presente artículo intento mostrar la ambivalencia con la que los peruanos hispanohablantes, incluso los andinos, nos relacionamos con ese mundo y culturas que apenas intuimos y que sentimos desconocidos. No entendemos nada. Simplemente. Y frente a lo desconocido, la actitud defensiva es instintiva, nada racional. Así, buscamos categorías conocidas para encasillar y descalificar todo lo que vemos y no entendemos. Y el adjetivo que hoy se ha puesto de moda, para calificar a varios de los miembros del gabinete ministerial es el de “impresentable”, término que disimula apenas un ánimo de segregación discriminatoria.

Verónika Mendoza, entrevistada por Enrique Chávez en TVPerú, afirmó —contra lo que esperaban muchos que ahora elogian su moderación— que valora “que, en este gabinete, con todas las críticas que podamos tener, se exprese por fin, por primera vez en la historia de nuestro país, la diversidad de nuestro pueblo”, precisando que a muchos les incomoda que “esta diversidad que ha estado relegada por años ahora esté expresada. Ellos preferirían seguir en la lógica de la colonia, donde una pequeña élite, una pequeña argolla limeña, principalmente, se rotaba los cargos de gobierno en gobierno, o un grupito de lobistas pasaba de grandes empresas al Estado, en una puerta giratoria infinita, confundiendo luego lo público con lo privado”.

No se trata de elogiar a los miembros del gabinete ministerial por el solo hecho de no pertenecer a las élites afincadas en Lima, pero tampoco se trata de descalificarlos por el solo hecho de no encajar en los perfiles que han tenido preminencia hasta ahora para esos puestos, no necesariamente referidos a capacidades o competencias. Hay que reconocer que en los aspectos simbólicos se está dando un quiebre importante del statu quo, con un primer ministro que, en su discurso de investidura, con una breve introducción en aymara y kechua, hizo que los grupos más conservadores pierdan la compostura y se muestren como son, en señal abierta, alienados y estrafalarios, situación que terminó de estallar cuando en medio de la sesión, el alto funcionario empezó a chacchar coca, como tradicionalmente hacen los hombres del campo.

Es cierto que lo simbólico no basta para la adecuada gestión de un gobierno y es ese aspecto, el de la gestión del aparato estatal, el que debería constituir nuestra más seria preocupación y por el que debemos mantenernos vigilantes, para exigir resultados al gobierno. Pero es fundamental resolver el problema secular de la discriminación lingüística empezando por el Estado, para lo cual debería garantizarse, por ejemplo, en el Congreso, sistemas de traducción simultánea permanentes por lo menos con el kechua y el aymara, para empezar.

Ahora bien, escuchando al ministro de Economía y Finanzas en su intervención en la sesión de investidura, no hay planteamientos que propugnen un cambio radical en el modelo económico, sino que se busca mecanismos para atender de mejor manera a las poblaciones más vulnerables, respetando las metas de inflación y de déficit fiscal, pero mejorando la inversión pública y social, por lo que se requiere una mejora en la recaudación tributaria que está en solo el 15%, cuando el promedio en América Latina está por encima del 24%. Se plantea, entonces, recaudar los recursos necesarios a partir de una reforma tributaria seria.

Por su parte, el ministro de Salud muestra, con cifras, que al 28 de julio había 13 millones de personas vacunadas y ahora son más de 17 millones quinientas mil personas. El número de personas con las dos dosis era de 4 millones novecientas mil personas y al 23 de agosto son 7 millones seiscientos sesenta y tres mil. Este logro, afirma, implica reconocer la gestión del gobierno anterior en conseguir las vacunas, pero también la gestión del actual por la aceleración de la vacunación a nivel nacional.

El ministro de Educación muestra solvencia también, pues conoce la problemática del sector. Dice que para cubrir las necesidades de infraestructura se requiere cien mil millones de soles de inversión. Van a destinar recursos para que los maestros desarrollen sus propios proyectos de innovación. Se requiere construir un sistema de gestión de la información para que las soluciones ya existentes puedan aprovecharse. Respecto a la evaluación docente, dice, debe ser tanto en el conocimiento como en el desempeño en el aula.

El ministro de Desarrollo Agrario y Riego, con su juventud y origen campesino, anuncia que impulsarán la segunda reforma agraria, para industrializar el agro, darle el valor agregado a nuestros productos y afirma que se va a seguir invirtiendo en el desarrollo de infraestructura y en riego, en siembra y cosecha de agua.

La ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables muestra la disposición necesaria a trabajar por una agenda de género (y esto dio lugar a que el primer ministro se disculpara, luego, por frase suyas que fueron inapropiadas). Afirma que el trabajo de las mujeres por reproducir permanentemente la vida es no remunerado, pero aporta efectivamente al PBI. Para ello se requiere el sistema de cuidados que permita el desarrollo de las mujeres.

Con esta pequeña muestra, no encuentro razones que justifiquen referirse a este gabinete ministerial como conformado por “impresentables”, y ya habiéndosele otorgado la confianza, lo que corresponde ahora es que desarrollen la gestión gubernamental con el respaldo de la sociedad, la que debe efectuar, además, la evaluación permanente del gobierno, apoyando aquello que desarrollen adecuadamente y exigiendo correcciones cuando sea lo que corresponda.

[1] WIENER, Gabriela. Los que no ganaron las elecciones en Perú quieren gobernar.

   
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