Esther Vivas

Esta activista, que ha investigado sobre los movimientos altermundistas, explica qué intereses económicos sustentan las políticas oficiales contra el hambre.
¿La hambruna en el Cuerno de África se puede evitar con otras políticas?
El hambre no es una fatalidad inevitable que afecta a determinados países. Las causas del hambre son políticas. Y tienen que ver con quiénes controlan los recursos naturales como la tierra, el agua, las semillas… que permiten la producción de comida; a quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias. Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un segundo plano.

¿Por qué la FAO insiste en la sequía como causa de la crisis actual?

Se señala a la sequía, con la consiguiente pérdida de cosechas y ganado, como uno de los principales desencadenantes de la hambruna en el Cuerno de África, pero ¿cómo se explica que países como Estados Unidos o Australia, que sufren periódicamente sequías severas, no padezcan hambrunas extremas? Evidentemente, los fenómenos meteorológicos pueden agravar los problemas alimentarios, pero no bastan para explicar las causas del hambre. En lo que respecta a la producción de alimentos, el control de los recursos naturales es clave para entender quién y para qué se produce.
De aquí que con la aplicación de otras políticas el hambre sería evitable. Políticas que pasan por democratizar el actual modelo de producción, distribución y consumo, devolver la capacidad de decidir sobre aquello que comemos a los de abajo. En definitiva, lo que el movimiento internacional de La Vía Campesina llama: la soberanía alimentaria.

¿Cómo están actuando organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) frente al acaparamiento de tierras por parte de multinacionales?

El BM ha sido uno de los principales promotores del acaparamiento de tierras desarrollando, junto a otras instituciones internacionales como la FAO, la UNCTAD y el FIDA, los llamados “Principios para una Inversión Agrícola Responsable”, que legitiman la apropiación de tierras por parte de inversores extranjeros. A través de la International Finance Corporation, la institución afiliada al BM encargada del sector privado, éste ha promovido programas para eliminar barreras administrativas, cambiar leyes y regímenes fiscales en países del Sur e incentivar así las inversiones.

¿Qué papel juegan las mujeres en la alimentación en los países en desarrollo?

En los países del Sur entre un 60 y un 80% de la producción de alimentos recae en las mujeres. Pero a pesar de su papel clave en la agricultura y en la alimentación, ellas son, junto a los niños y niñas, las más afectadas por el hambre. Y es que no sólo las políticas capitalistas impactan en un modelo agroindustrial que antepone intereses particulares a necesidades colectivas, sino también un sistema patriarcal que menoscaba e invisibiliza el trabajo de las mujeres.

¿Hasta qué punto son culpables los Gobiernos que intentan ayudar?

En los últimos años, la oleada creciente de privatizaciones de tierras en África (su compra por parte de gobiernos extranjeros, multinacionales agroalimentarias o fondos de inversión) ha hecho aún más vulnerable su precario sistema agrícola y alimentario. Campesinos y campesinas han sido expulsados de sus tierras y muchos países, consecuentemente, han visto reducir drásticamente su ya limitada capacidad de auto-abastecimiento, después de décadas de políticas de liberalización comercial que han menguado su capacidad productiva.

Desde este punto de vista, los gobiernos del norte y las instituciones internacionales tienen una responsabilidad central en las políticas que se han llevado a cabo a lo largo de décadas y que han conducido a la presente situación de crisis alimentaria.

¿Se impone de nuevo una política de neocolonialismo en África?

Hay que tener en cuenta que África es una tierra expoliada. Sus recursos naturales han sido arrebatados a sus comunidades a lo largo de siglos de dominio y colonización. Aunque no sólo se trata del expolio de oro, petróleo, coltán, caucho, diamantes… sino, también, de agua, tierras, semillas que dan de comer a sus habitantes. Si el 80% de la población en el Cuerno de África, como indica la FAO, depende de la agricultura como principal fuente de alimentos e ingresos, ¿qué hacer cuando no hay tierra que cultivar?

¿Qué acciones podemos llevar a cabo los ciudadanos?

Tomar conciencia de las desigualdades del modelo agrícola neoliberal y reivindicar la soberanía alimentaria, el derecho de “los de abajo” a decidir sobre qué, cómo y dónde se produce aquello que comemos. En lo concreto, podemos apostar por otro modelo de consumo a través de la compra directa a campesinos locales vía grupos y cooperativas de consumo agroecológico, mercados campesinos, etc. Y exigir y salir a la calle a favor de otras políticas agrícolas, la prohibición de los cultivos transgénicos y por un banco público de tierras, entre otras demandas.

*Entrevista por María José Esteso Poves. Diagonal, nº 158.

   
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