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Benjamín Forcano1SEMANA SANTA BAJO EL IMPERIO DEL COVID-19
1. ¿No es la Semana Santa como un recordatorio del sufrimiento de Jesús: Dios y hombre verdadero?
En estos días, nuestra memoria y corazón no pueden desligar se del personaje central de la Semana Santa, Jesús de Nazaret. ¡Tantas veces lo hemos recordado! ¡Y tantas veces hemos revivido el drama de los últimos días de su vida: acogida triunfal en Jerusalén, su enseñanza pública , siempre cuestionada por los sacerdotes y letrados, expulsión de los mercaderes del templo, celebración de la Cena Pascual con sus discípulos, traición de Judas, apresamiento, juicio ante Pilatos, sentencia a muerte por crucifixión y, lo inédito, lo que jamás nadie habría podido sospechar, su vencimiento de la muerte por la Resurrección.

Nos toca ahora, vivir todo esto bajo el imperio del Coronavirus, que nos aisla, nos desconecta, cambia nuestras costumbres y actividades y nos constriñe a una desacostumbrada soledad.
2. Desde esta situación de perturbación y soledad, ¿Qué hacemos? ¿Hay forma de celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesús?
La hay y hasta puede que recuperemos elementos de esa celebración que antes valorábamos de otra manera.

3. ¿Por ejemplo? ¿Podrías indicar algunos aspectos de esa desconocida y nueva interpretación?
Voy a señalar cuatro principalmente.
1º) ¿Qué fue realmente lo que suscitó la persecución y muerte de Jesús.
2º) ¿Por qué, si tenía poder divino, no la evitó?
3º) ¿Qué fue lo que pactó en la última Cena con sus discípulos? y
4º) ¿No podemos celebrar todo esto, que es lo esencial, sin templos, ni sacerdotes, ni procesiones ni otras artísticas y multitudinarias manifestaciones externas?

Cuando Jesús se decide a actuar públicamente, lo hace en Galilea y un sábado, en su mismo pueblo,” fue a la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y leyó el siguiente pasaje:
“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido
para que de la Buena Noticia a los pobres.
Me ha enviado
para anunciar la Libertad a los cautivos,
y la vista a los ciegos,
para poner en libertad a los oprimidos,
para proclamar el año de gracia del Señor”
( Is. 61, 1-2).

4.¿Debió ser enorme el impacto de la Buena Noticia de Jesús?
Enrollado el volumen, lo devolvió y se sentó. Todos los ojos estaban fijos en él. De inmediato, él habló y dijo: “Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje”.
Conocemos la reacción de su pueblo: furiosamente le empujaron fuera y querían despeñarlo.

Ya la fama de Jesús corría por todas las partes, la gente le escuchaba asombrada.Jesús anunciaba la Buena Noticia sin temor a que le espiasen, lo calumniasen y alimentaran el odio contra él. No el pueblo, ciertamente.
Entonces, ¿quién y por qué?
Jesús proclamaba que había llegado el reinado de Dios, un nuevo proyecto de vida y convivencia, que consistía en dejar bien claro que Dios era Padre de todos y todos éramos hermanos, hijos suyos. Una gran familia, donde nadie era más que nadie, superior o inferior, amo o esclavo, rico o pobre, todos iguales, igualmente queridos por Dios, a quien resultaba intolerable cualquier suerte de desprecio, esclavitud o discriminación.

Era comentario común el impacto suscitado por Jesús en su sociedad, una sociedad civil y religiosa clasistas, de grandes desigualdades e injusticias. Los representantes de esa sociedad, se sintieron más que aludidos, directamente denunciados, se encabritaron y buscaron cómo acabar con él.
Pero, Jesús no se amilanó y a ellos que figuraban como los intérpretes y custodios de la Ley, de la religión y de la voluntad de Dios, los desnudó públicamente en sus abusos, fraudes, contradicciones, soberbia, crueldad e hipocresía.

El conflicto entre su proyecto = el reino de Dios y el proyecto establecido era radical. Jesús más que un peligro, era una bomba que destruía todo el sistema vigente de convivencia, acuñado además por ellos como querido por Dios.
A cualquiera que se interese por él, que pretenda conocerlo y seguirlo, que lo grabe bien: hay que dejar de creer que fue Dios quien lo condenó a morir en la cruz por nuestros pecados. Y que saque las consecuencias: ¿qué diría y no haría Jesús, en una sociedad como la nuestra, que se tiene como cristiana? ¿A cuántos reconocería como cristianos de verdad? ¿Nuestras Semanas Santas han servido para vivir como una gran familia, según él nos enseño? ¿Qué efectos positivos han producido en ese sentido?

5..Pero , ¿Por qué Jesús, si eras hijo de Dios, y estaba dotado de poder divino, no evitó la injusticia de su muerte?
Es esto precisamente lo que le arguyen sus enemigos: “A otros ha salvado, pues que muestre ahora que puede salvarse a sí mismo”. Su derrota muestra su impotencia, de no hacerlo , queda a la vista que su condición divina es falsa y , también, todo lo que enseña . Ni es, por supuesto, el Mesias esperado…
Y es que la filosofía helénica y la teología hebraica sostenían que Dios no es concebible sino en el mundo de la grandeza y del poder más absolutos.

Jesús, hijo de Dios, ciertamente encarnado en nuestra humanidad, no evitó la muerte ignominiosa de la crucifixión, pasó por ella igual que si se tratara de un vulgar malhechor o delincuente. Y esto era para mostrar que Dios no debía intervenir milagrosamente en su vida para salvarlo, a Jesús le tocaba afrontar la muerte como un ajusticiado más y mostrar hasta el extremo que su fidelidad inclaudicable se debía precisamente a Dios, que estaba con él, humanizado e invencible.

6. ¿Qué fue lo que pactó Jesús en la última Cena con sus discípulos?
Si el significado de la Eucaristía consiste en que, sentados todos en torno a una misma mesa, compartimos el pan y el vino de la vida de Jesús, para amarnos como hermanos según El mismo nos mandó, ¿La realidad de nuestra vida y de la sociedad cristiana en que vivimos, es coherente con lo que nos mandó celebrar Jesús? ¿Nuestras misas, nuestras custodias, nuestros ropajes, nuestras procesiones, nuestras calles cubiertas de flores, nuestras músicas …..las acogería y aprobaría Jesús?

Podemos sacar algo claro: las palabras de Jesús en su Ultima Cena hay que entenderlas en su significado más obvio: el pan y el vino, que tomamos cuando nos reunimos para recordarle, son un símbolo de que necesitamos alimentarnos de El, hacer nuestra su propia vida, asimilarla para consumirla y derramarla en beneficio de los demás.
Sin pan no hay vida, sin la enseñanza y espíritu de Jesús no hay vida. Si en El y como El vivimos , seremos pan y vino que alimentan, que producen vida.
Jesús vive por Dios Padre, que lo ha enviado, posee su vida y si nosotros asimilamos su vida , es la vida misma de Dios.

Nos propone este programa:todos sois hermanos, que debéis ayudaros y amaros mutuamente, esa es la señal para que os reconozcan como discípulos míos. Yo he venido a dar vida: a suprimir la exclusión, la dscriminación, el desprecio, la humillación, la soledad …porque todos debemos ser los unos para los otros.
7.¿Por qué , tras tantos años reviviendo el hecho inigualable de la vida, muerte y resurrección de Jesús, asistimos al innegable declive del catolicismo español?

Tema más que evidente, que cuestiona y , de alguna manera, a todos nos debiera inquietar. ¿Por qué tan flagrante declive en la inasistencia a Misa, la no comunión, el rechazo casi repelente de la confesión y el recurso cada vez mayor al matrimonio civil?
Nadie puede argüir que esto se debe a consciente y arrepentida infidelidad. No. Son otras la causas, que existen, que no nacen de vano o altivo rechazo, sino de otras fundadas razones. El declive no es debido, al azar, viene de causas precisas -y también de causantes – que las amparan y protegen.

No es el momento de entrar a una explicación detenida del fenómeno. Me limito a señalar una principalmente, que aparece por debajo de todo: la no aceptación por parte de la Iglesia, de la modernidad en su aspecto y valores positivos y el haberse atrincherado en su contra. Un atrincheramiento que tenía como sujeto una jerarquía anclada en Trento y que dificultó si no frustró la renovación del concilio Vaticano II.

Desde esa perspectiva, se entiende el declive católico, no sorprende el progresivo alejamiento de él por personas y sectores diversos de la sociedad. Ni siquiera la decepción de una conciencia eclesial expectante de renovación.
A los cuatro siglos, que traíamos de retraso, se añadió exacerbándolo, el escándalo de la involución del Papa Juan Pablo II y también de Benedicto XVI. Un marcado frenazo de 35 años, de serio desastre para la Iglesia católica.
Estuvieron presentes, y determinantes, en el concilio , el espíritu y pautas renovadoras de la mayoría, con muchos y beneméritos teólogos a la cabeza.
Pero , sin mucho tardar, la minoría perdedora del concilio se aupó y avanzó como la vencedora.

Bajo censuras, control y represión, permaneció el espíritu del concilio y prosiguió la labor creativa de muchos científicos y teólógos y que, gracias a ellos, surgió como nunca una explosión de innovadora creación y propuestas para la renovación en todos los campos de la Iglesia. Pero, ese movimiento no alcanzó a la mayoría de la cristiandad. .
Y así, hoy es fuerte la percepción de que hay temas básicos que no se pueden seguir entendiendo y aplicando como antes:
-¿Cuántos de nuestros cristianos están al día sobre la nueva interpretación científico-bliblico-teologica que se hace sobre el sentido originario de la Misa, de la Comunión, de la Confesión, del Sacerdocio,..? ¿Cuándo y quién se lo ha explicado?

Sobre estos y otros temas, se ha producido una evolución muy importante.
– ¿Se puede seguir manteniendo que la Misa es un acto primordial y casi exclusivo del cura y no de la comunidad?
-¿Se puede seguir manteniendo que en la consagración se produce la maravillosa conversión de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y sangre de Cristo?

– La confesión auricular no surge hasta el siglo VII. ¿ La obligación de confesarse individualmente, al cura, con pormenorización de todos los pecados, como si sólo así se pudiera obtener el perdón de los pecados , ¿de dónde proviene y en qué se apoya? ¿Tiene fundamento en el Evangelio y en la enseñanza de Jesús?
-La existencia y ceremonia del matrimonio eclesiástico no aparece hasta el siglo XII; el matrimonio entre cristianos era tal porque, aún sin ceremonia propia, estaban comprometidos a vivir según el estilo de vida de Jesús y su enseñanza.

Desde entonces, se mantuvo la norma rígida de que el matrimonio era siempre indisoluble, sin que hubiera razón alguna para disolverlo, aunque quedase malparado el derecho de los cónyuges a sobreponer por encima de la indisolubilidad, el bien , la paz y la libertad que les asiste. Dar tal paso, lo constituía a uno en pecador público y fuera de la comunión eclesial.
Tales temas no responden ni respetan el sentido y los derechos de lo profundamente humano, que es intrínsecamente cristiano, y son causa no poco del alejamiento, excepticismo, ateísmo y fobia cristiana actuales.

8. No parece, pues, que veas muy halagüeño el futuro del Cristianismo.
No obstante, pese a lo comentado y sigan o no las bellas y multitudinarias manifestaciones de la Semana Santa, pienso que el catolicismo no sólo se ha depurado y ganado terreno en un positivo interdiálogo con las diversas ciencias humanas, sino que se ha arraigado seductor y transformador en múltilples y amplísimos espacios de la sociedad.

Y hoy tenemos el Papa Francisco, valorado como el primer líder de la humanidad. Lúcido, libre y valiente viene marcando un nuevo rumbo en la Iglesia y del EVANGELIO (Buena Noticia) del Nazareno.
Me preguntas sobre la posición del Arzobispo de Madrid, cardenal Osoro. Creo que está en la línea del papa Francisco. Podría y debería profundizar y acelerar la renovación, sin duda. Pero él no está sólo ni la mayoría de los sacerdotes de su diócesis están formados en el espíritu y pautas del Vaticano II y, en definitiva, del Evangelio.

La historia del cristianismo es y tiene en Jesús la piedra angular, él es el camino, la medida y la meta. Pero, si bien hay unos principios claros, permanentes, y válidos para todas la épocas, es también la del cristianismo una historia dinámica, creativa, de permanente reforma, que nos toca a todos realizar.
Creo que la crisis que estamos sufriendo viene de lejos, es muy fuerte, y lamentablemente, ha contribuido en no pocos casos a marcar aún más la oposición entre conservadores y progresistas. Para superarla, necesitamos adoptar una postura serena y valiente, de examen y conversión, de diálogo y renovación.

   
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