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Nunca traces la frontera:
busca tu complementario
que suele ser tu contrario
(A. Machado).

Se habla mucho de una España dividida por contrarios, contrariada, pero no se habla de su carácter complementario. Nos apoyamos en A. Machado y su versión de los contrarios complementarios para proyectar una España plural y conjunta, capaz de articular las diferencias deferenemente en una revisión panorámica y transversal. A este respecto Cervantes nos brinda en su famosa obra el complemento de los contrarios, la amistad entre el idealista don Quijote y el realista Sancho Panza.

José Varela ha presentado parejamente la idiosincrasia tradicional española en un dualismo concertado que oscila entre el caballero andante y el decadente sedente o sedentario, aquel proveniente de nuestro pasado imperial y este proveniente de su derrota y decadencia. El propio mito español del Don Juan reproduce esa complementación de los opuestos, entre el caballero seductor barroco y el decadente seducido romántico.

En realidad toda nuestra historia cultural oscila entre los opuestos compuestos, entre cartagineses y romanos, iberos y celtas, islámicos y cristianos, austrias y borbones. Nuestra propia guerra civil enfrenta dos bandos, el fascismo con su ideología de la libertad liberal y el marxismo con su ideología de la igualdad social, hasta que finalmente se conjuntan en nuestra democracia la liberad liberal y la igualdad social fratriarcalmente.

España es un país dual en el que se entrecruza el norte sombrío y el sur soleado, el este mediterráneo y el oeste atlántico, la cultura nórdica o gótica y el sur africano. La mezquita de Córdoba, con su catedral islámica y su catedral cristiana unidas arquitectónicamente, podría ser el símbolo de los opuestos compuestos. Nuestro propio arte cultiva los contrastes coimplicándolos en un continuum artístico.

Las gaitas galaicas se continúan en el chistu y el tamboril vascos con su danza alada, hasta desembocar en la serena sardana catalana. El Ebro representa una especie de suplemento enérgico con la jota aragonesa y los tambores y, mas abajo, con el flamenco pasional o apasionado. Toda nuestra cultura es un ensamblaje de contrarios complementarios, simbolizados por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Velázquez y el Greco, Quevedo y Góngora, Ortega y Unamuno, Picasso y Dalí, Lorca y Machado. Toda una simbología de contrastes coimplicados que dan al al traste con nuestros separatismos irredentos.

   
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