VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

 

Primera parte:

 

Por las respuestas personales que nos llegan a veces a los comentarios dominicales, como a los dos últimos sobre la OTAN y MELILLA Y AFRICA parece que es considerable el número de personas que creen que en estos momentos estamos peor que nunca, que en vez de avanzar retrocedemos. Incluso hay algunas personas que piensan que no estamos muy lejos de una tercera guerra mundial, que las llena de gran preocupación, incluso a veces rayana en la tristeza y la angustia. Ciertamente una tercera guerra mundial, con el armamento tan horrible y destructor que manejan bastantes estados, sería espantosa, inimaginable. La destrucción que causaría no estaría lejos de causar la desaparición de la vida del planeta, particularmente del ser humano.

 

En la historia de este planeta se registraron catástrofes gigantescas. Se cita la desaparición de los dinosaurios, o los plegamientos orogénicos que sepultaron innumerables especies animales y vegetales.

 

Sin embargo, la vida siempre salió adelante. La fuerza vital de este planeta no tiene límite, pues siempre fue capaz de recuperarse y hacer que la vida volviese a reaparecer por todas partes e hiciese un colosal esfuerzo, durante millones de años de evolución, para llegar a la hominización, en expresión de Pierre Teilhard de Chardin,  es decir, la aparición del hombre.

 

Y eso de que estamos peor que nunca, no es cierto.  Por ejemplo: la esperanza de vida de un antiguo romano o griego humilde de los tiempos de Jesucristo, estaba en torno a los 30 años. Esto no quiere decir que algunas personas no llegasen a mucha más edad, pero eran las pocas que pertenecían a las élites sociales porque disfrutaban de mejores condiciones de vida, como las matronas romanas según nos cuenta san Cirilo de Alejandría: “¡Oh cuántas almas asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras una sola de tus joyas, distribuyendo su precio entre los pobres, conocerías por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos vale tu ornato”. Hoy, incluso en los países menos desarrollados de África se duplica esa edad de los romanos. De hecho, la media de esperanza de vida en África está ahora en 64,75 años. Es el continente del planeta donde está más baja, pero pasa de duplicar la de los antiguos romanos y los griegos, y aunque lentamente, va creciendo algo. Si nos fijamos en la duración de la jornada laboral y en las condiciones de trabajo desde la esclavitud antigua, o desde la jornada de 48 horas en el siglo XVIII a la hoy no hay comparación. Vista la Historia en su conjunto es evidente que vamos mejorando, aunque vista en momentos puntuales parece que retrocedemos.

No obstante es muy lamentable que después de más de 20 siglos desde los romanos hasta hoy no hayamos superado una desigualdad tan grande como todavía existe en la actualidad entre ricos y pobres o las condiciones laborales en el Tercer Mundo que en situaciones concretas aun son de esclavitud, como los 5,7 millones de niños y niñas esclavos que aun hoy hay en el mundo, según la OMT (Organización Mundial del Trabajo). Para interpretar coyunturas concretas ayuda mucho conocer la historia, y sobre todo tener conciencia histórica: saber de dónde venimos, saber por qué estamos así, y saber a dónde nos puede conducir cada situación concreta. Algo de esto intentamos balbucear en el comentario de hoy, de manera muy sencilla y elemental, para concluir que vamos avanzando, aunque lamentando que queden tantas víctimas injustas por el camino, y el ritmo sea tan desigual entre unos y otros. Por ejemplo: GALÁN (de Iberdrola), BOTÍN (del Santander) y PALLETE (de Telefónica), los mejor pagados del IBEX, percibieron el año pasado respectivamente 13,2, 12,3 y 8,7 millones de euros, mientras que el 26,4% de la población española está en riesgo de pobreza o exclusión social, que equivale a unos 12,5 millones de personas (Fuente: INE-AROPE, el País, TVE), a la vez que a nivel mundial más de 800 millones de personas no llegan ni a 1,5 euros al día.

Un macroestudio de la revista médica ‘The Lancet’ critica que la OMS no incluya la desigualdad económico-social, concretamente la pobreza,  como factor a combatir en cuanto que es determinante para la salud y la esperanza de vida de la persona ya que la pobreza acorta la vida más que la obesidad, el exceso de alcohol o la hipertensión. “El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo”. El estudio de The Lancet concluye: “La adversidad socioeconómica debe ser incluida como un factor de riesgo modificable en las estrategias de salud local y global, las políticas y la vigilancia del riesgo para la salud”. Está claro que la esperanza de vida de los pobres no crece como la de los ricos.

Tan solo 26 personas poseen la misma riqueza que los 3.800 millones de personas que componen la mitad más pobre de la humanidad. El sistema neoliberal capitalista genera una desigualdad creciente, que acumula cada vez más riqueza en menos manos, generando grandes asimetrías, tato individuales como colectivas:  La desigualdad mata, incluso hay diferencias insoportables de esperanza de vida dentro de una misma ciudad. Aunque ya han cambiado un poco en esto, es hora de que las autoridades políticas empiecen a mirar más por las periferias que por el centro, y a nivel general que miren más por el campo, del que vivimos todos, que por las urbes.

Por tanto, no perdamos la fe en el ser humano ni en la dimensión trascendente de la vida, que da el sentido más profundo a nuestra existencia y nos inyecta la fuerza necesaria para luchar por la solidaridad universal a favor de todos los seres humanos, sobre todo los más débiles, y de la vida de todo el planeta, que es el sustento de toda vida.

León Tolstoi decía: “No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo”.

Jesús de Nazaret vino a este mundo para esto: “Yo he venido para que todos tengan vida y vida en abundancia”.

 

Tener fe en Jesucristo es SEGUIRLO, para hacer en este mundo lo que El hizo: hacer que haya vida en abundancia para todos, y por tanto: que se acabe la pobreza, el hambre, el sufrimiento y más si es injusto, la guerra, la injusticia, la violencia; que se acabe toda enfermedad curable, que haya buena salud para todos, médicos y medicinas para todos. Que haya alegría, satisfacción y gratitud por vivir; que haya sumo respeto y cuidado de la creación. En una palabra: QUE LLEGUE LA ERA DEL REINO DE DIOS.

NB: este Comentario tendrá una segunda parte, relativa al derecho a la propiedad privada.

 

Fiesta en Veriña:

 

El domingo pasado celebramos en la Capilla de san Martín de Veriña (siglo XII), en Gijón, la fiesta de Santa Isabel de Portugal. En ella hemos tenido la oportunidad de hacer de plena actualidad el  mensaje pacificador de santa Isabel, que se trasladó hasta el mismo campo de batalla para acabar con las peleas entre su marido  Dionisio y su hijo Alfonso: en Veriña le hemos pedido a santa Isabel que les mueva la mente y el corazón a Putin y  Zelenski para que negocien la paz lo antes posible y se acabe tanto sufrimiento para las gentes de sus respectivos países y el resto del mundo, y salga pronto el trigo de Ucrania hacia países azotados por el cambio climático, sobre todo los africanos, a los que solo al 23 % llegó la segunda dosis de la vacuna anti-Covid, y por tanto no se están evitando decenas de miles de muertos. Es un dato más la desigualdad tan injusta y mortífera que hay en el mundo. La lucha por un mundo mejor, donde se acaben los ricos para que se acaben los pobres, y todo ser humano pueda vivir dignamente, tiene que seguir, con mucha mayor decisión que la actual.

 

Faustino Vilabrille pertenece a los grupos de Redes Cristianas en Asturias

 

 

 

 

 

   
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