VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Barcelona. Con sus hijos en un brazo y sus pertenen-cias enel otro, cientos de miles de refugiados ucrania-nos llegan a países vecinos, en donde han sido bien recibidos por los gobernantes de naciones como Polo-nia, Hungría, Bulgaria, Moldavia y Rumania.Si bien su hospitalidad es encomiable, también pone al descubierto las enormes diferencias del trato que se les da a los migrantes y refugiados de Medio Oriente y Áfri-ca, en especial a los sirios que llegaron en 2015.

Algu-nas de las palabras de estos gobernantes les resultan perturbadoras, y sumamente ofensivas.―Estos no son los refugiados a los que estamos acos-tumbrados, estas personas son europeas‖, dijo el pri-mer ministro de Bulgaria, Kiril Petkov, esta semana al referirse a los ucranianos. ―Estas son personas inteli-gentes y educadas. No es la oleada de refugiados a la que estábamos acostumbrados, a personas de las que no estábamos seguros de su identidad, personas con pasados oscuros, que podrían haber sido terroristas…”―En otras palabras‖, añadió, ―no hay un solo país euro-peo que tenga miedo de la oleada actual de refugia-dos‖.

El periodista sirio Okba Mohammad dijo que la declaración ―es una mezcla de racismo e islamofobia‖.Mohammad huyó de su ciudad, Daraa, en 2018. Ac-tualmente vive en España y junto a otros refugiados si-rios fundó la primera revista bilingüe árabe y español. Dijo que no le sorprenden las palabras de Petkov ni de otros funcionarios.Mohammad describió una sensación fa-miliar mientras seguía de cerca lo suce-dido en Ucrania. Al igual que miles de ucranianos, él también tuvo que refugiarse para prote-gerse de los bombardeos rusos.

También tuvo proble-mas para abordar un camión hacinado para salir de la ciudad. También tuvo que separarse de su familia en la frontera.―Un refugiado es un refugiado, ya sea europeo, africano o asiático‖, dijo Mohammad. En lo referente a Ucrania, el cambio de tono de algunos de los más firmes líderes en materia antimigratoria ha sido notable: De ―no vamos a dejar que nadie entre‖ a ―Estamos dejando que todos entren‖.Esos comentarios del primer ministro húngaro Viktor Orban solo están separados por tres meses. En el pri-mero, en diciembre, hablaba sobre migrantes y refugia-dos de Medio Oriente y África que intentaban llegar a Europa a través de Hungría.

El segundo fue esta se-mana al referirse a las personas de Ucrania.Y no son solo los políticos. Algunos periodistas también han sido criticados por sus reportes y descripción de los refugiados ucranianos. ―Estas son personas prósperas de clase media‖, dijo un presentador en inglés de la ca-dena televisiva Al Jazeera. ―Obviamente estos no son refugiados que intentan escapar de zonas del Medio Oriente, del norte de África. Lucen como cualquier fami-lia europea de la que serías vecino‖.El canal se disculpó señalando que los comentarios fueron insensibles e irresponsables.

CBS News también se disculpó después de que uno de sus corresponsales dijo que el conflicto en Kiev no era ―como en Irak o Af-ganistán, que han estado en conflicto durante décadas. Esta es una ciudad relativamente europea y relativa-mente civilizada‖.Cuando más de un millón de personas llegaron a Euro-pa en 2015, el apoyo a los refugiados que escapaban de las guerras en Siria, Irak y Afganistán era mucho mayor. Desde luego que también hubo momentos de hostilidad, como cuando se captó a una camarógrafa húngara que pateaba y tropezaba a migrantes en la frontera de su país con Serbia.De cualquier forma, en ese entonces la canciller alema-na Angela Merkel declaró: ―Podemos hacerlo‖ y el pri-mer ministro sueco llamó a los ciudadanos a ―abrir su corazón‖ a los refugiados.

Voluntarios se reunieron en las playas griegas para rescatar a las fatigadas familias que cruzaban en ende-bles embarcaciones desde Turquía. En Alemania, eran recibidos entre aplausos en las estaciones de trenes y autobuses.Pero la cálida bienvenida no tardó en disiparse después que las naciones de la Unión Europea discreparon so-bre cómo compartir la responsabilidad, y la mayor oposición-
del centro y el este de Europa, como Hungría y Polonia. Uno por uno, los gobiernos del continente endurecieron sus políticas de migración y asilo, reforzaron su seguri-dad fronteriza y se valieron del sobrenombre de ―La Fortaleza Europa‖.

Apenas la semana pasada, la Oficina del Alto Comisio-nado de las Naciones Unidas para los Refugiados de-nunció la creciente ―violencia y graves violaciones a los derechos humanos‖ en las fronteras europeas, en parti-cular en Grecia.Y el año pasado, cientos de personas, en especial de Irak y Siria, pero también de África, quedaron varadas entre Polonia y Bielorrusia mientras la UE acusaba al presidente bielorruso Alexander Lukashenko de atraer a miles de extranjeros hacia sus fronteras en represalia por las sanciones impuestas por el bloque. En aquel momento, Polonia bloqueó el acceso a los grupos de ayuda y periodistas.

Más de 15 personas murieron a causa de las bajas temperaturas.En tanto, en el Mediterráneo, la Unión Europea ha sido fuertemente criticada por financiar a Libia para que in-tercepte a los migrantes que intentan llegar a sus cos-tas, ayudando a devolverlos a centro de detención don-de frecuentemente enfrentan maltratos y en ocasiones la muerte.―No hay manera de evitar preguntas sobre el arraigado racismo de las políticas migratorias de Europa cuando vemos la manera tan distinta en que los gobiernos na-cionales y las altasesferas de la UE reaccionan a las personas que intentan llegar a Europa‖, tuiteó Lena Ka-ramanidou, una investigadora independiente en materia de migración y asilo en Grecia.Jeff Crisp, exdirector de política, desarrollo y evaluación de Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Uni-das para los Refugiados coincidió en que la raza y la religión influían en el trato que se les brinda a los refu-giados.

Al igual que muchos, quedó sorprendido con la doble moral.―Países que han sido realmente negativos en el tema de los refugiados y que han entorpecido el desarrollo de una política coherente de refugiados para la UE en la última década de repente se muestran con una res-puesta mucho más positiva‖, destacó Crisp.Buena parte de la oposición de Orban a la inmigración se fundamenta en su creencia de que para ―preservar la homogeneidad cultural y étnica‖, Hungría no debería aceptar a refugiados de otras culturas o religiones.Miembros de partido nacionalista conservador que go-bierna Polonia también han respaldado consistente-mente la postura de Orban sobre la migración para pro-teger la identidad polaca como una na-ción cristiana y garantizar su seguridad, argumentando que las grandes pobla-ciones musulmanas podrían elevar el riesgo de amena-zas terroristas.Pero no han aplicado ninguno de estos argumentos a sus vecinos ucranianos, con quienes comparten víncu-los históricos y culturales. Partes de la Ucrania actual fueron en algún momento partes de Polonia y Hungría. Más de un millón de ucranianos viven y trabajan en Po-lonia y cientos de miles más se encuentran esparcidos en toda Europa.

Alrededor de 150.000 húngaros étnicos viven en el oeste de Ucrania, muchos de los cuales tie-nen pasaportes húngaros.―No es algo completamente extraño que las personas se sientan más cómodas con personas que vienen de cerca, que hablan idiomas similares o tienen una cultu-ra similar‖, dijo Crisp.Pero mientras cada vez más personas intentaban de huir de la aproximación rusa, surgieron varios reportes de residentes ucranianos pertenecientes a otras razas, incluyendo nigerianos, indios y libaneses, que no po-dían cruzar hacia Polonia.Videos publicados en redes sociales bajo la etiqueta africanos en Ucrania, supuestamente mostraban a es-tudiantes africanos a los que se les impedía abordar trenes para salir de Ucrania, a fin de que más ucrania-nos pudieran subir.Con material de agencias(jornada.com.mx) 28/02/202

   
© 2012 Redes Cristianas Suffusion theme by Sayontan Sinha