images3Es la fiesta conmemorativa del nacimiento de Jesucristo. La Navidad nos abre a la esperanza de paz y prosperidad para personas, familias, etnias y pueblos marginados.

Viene entre los humildes

En las naciones de la Tierra, los seres humanos se dividen en minorías de enriquecidos y mayorías de empobrecidos. La Biblia nos comunica la revelación de Dios amor y verdad para todos y todas, pero con predilección por los humildes y humillados.

Los seres humanos, individual y colectivamente, están sometidos a escasez de bienes materiales por catástrofes naturales (como sequías, inundaciones o terremotos); también padecen injusticias inmorales y opresiones escandalosas (como salarios de miseria, hambrunas o genocidios). Pero estos males naturales y humanos, a las clases adineradas y opulentas apenas les afectan; sin embargo, las clases empobrecidas malviven inmersas en las situaciones de desdichas y angustias.

El Evangelio de Lucas nos comunica un poema impresionantemente bello y esperanzador, el “Magníficat”. Ahora tenemos la seguridad de que Dios se fijó en la insignificancia y el anonimato de las mujeres humildes simbolizadas en la joven María. Las esperanzas de las empobrecidas unidas a la fe de María, se centran en que “otro mundo es posible”. La vida sencilla de las empobrecidas las afirma como alumbradoras de Salvación. Con María, Dios se acerca a todas las personas que deambulan en los ambientes “silenciados” del mundo. Sorprendente revelación en una sociedad patriarcal y clasista, pues Jesús no nacerá de una familia enriquecida y poderosa, sino de una pareja marginal y marginada. Antiguamente, en las familias los importantes eran los padres varones, pero Yahvé dignificó a las madres y a las mujeres en María, con lo que quedan desautorizadas las sociedades patriarcales.  Jesús tiene como progenitores a María, a Israel y a la Humanidad.

María mostró a las empobrecidas y a los empobrecidos un camino de dicha y esperanza en medio de tristezas y sufrimientos: admirar, contemplar, agradecer y alabar a Yahvé-Dios como liberador de los pueblos oprimidos y de la propia nación marginal de Israel.

Dios con nosotros

En Navidad reconocemos a Jesús como Emmanuel (Dios con nosotros), que nació humildemente en la “fallida” nación judía colonizada por Roma, bien sea en Nazaret (lo más probable, como dicen Marcos y Juan) o bien en Belén (como expresan Mateo y Lucas, en sendas expresiones teológicas). Es verdad que Jerusalén, tumba de Jesús, no cuenta entre los lugares que proféticamente  dan buenas noticias sobre el Mesías. Pero, a la vista de lo que está ocurriendo en estos días, ¿cómo podría nacer hoy día Jesús en una ciudad imperialmente sometida y arrebatada a los pobres lugareños, teniendo que vivir en su ciudad militarmente ocupada?

Navidad significa que, en Jesús Dios es hermano para que nosotros seamos hijos de Dios. Jesús vivió empobrecido en casi toda su vida, como simple obrero-artesano en la aldea desconocida y escasamente importante de Nazaret.

Navidad simboliza que en Jesús Dios es liberación-salvación (temporal y eterna). Por ello, Jesús anunció el Evangelio de la fraternidad universal con acciones compasivas para enfermos, pobres y pecadores, al mismo tiempo que anunciaba el Reino de Dios de igualdad y de vida, de justicia y de paz.

La Navidad muestra a Dios identificado con Jesús como víctima divina de todo poder inhumano (simbolizado en el poder romano como bestia apocalíptica). Es el Dios solidario con todas las víctimas atropelladas por los poderes políticos, económicos y militares de este mundo.

Navidad, jubilosa esperanza, pues Jesús es la Resurrección y la vida para que la humanidad alcance un nuevo universo sin homicidios criminales, ni explotaciones injustas, ni enfermedades sin asistencia; es decir, para que vivamos sin que el hombre sea “lobo para el hombre”, sin opresiones, sin represiones y sin guerras.

 La liberación está en marcha

Jesús,  primogénito entre los seres humanos,  nació, vivió, murió por todas las personas, razas y pueblos. Jesús resucitado vive entre nosotros para estar siempre a nuestro lado; para ofrecernos su amistad; para confortarnos en la angustia, para liberarnos de toda opresión. Jesús salvador es siempre niño, adulto y resucitado para nosotros.

La Navidad, no sólo es un suceso histórico, sino un acontecimiento terrestre y cósmico. Dios,  en Jesús,  se humaniza para que las personas,  por Jesús, se divinicen.

La Navidad nos muestra a Jesús como expresión, figura y modelo humano de Dios. Viendo a Jesús como niño, trabajador, misionero o víctima, vemos al Dios misterio insondable que nadie nunca vio, ni oyó, ni comprendió. Sigamos a Jesús, teniendo en cuenta los signos de los tiempos actuales, trabajando por los más necesitados y liberando a los oprimidos.

Jesús,  por su resurrección,  es, desde su nacimiento hasta su muerte, patrimonio universal no sólo de los cristianos sino de toda la humanidad.

Navidad en España

Como pueblo cristiano, los españoles y las españolas celebran y festejan el nacimiento de Jesús. Pero la Navidad se realiza liberando al oprimido, levantando a los humildes y colmando de bienes a los hambrientos; aunque les pese a los soberbios, a los poderosos y a los ricos de este país nuestro y diverso. Realicemos la Navidad comprometidos en la obra de la renovación del Estado, para que la justicia y la concordia entre los pueblos y nacionalidades de España resplandezcan entre nosotros como el sol de mediodía. La Navidad nos compromete a la reforma de estructuras que den paso a un sistema comunitario humanista en donde no tenga cabida el inhumano sistema capitalista neoliberal.

   
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