VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Las Comunidades Eclesiales de Base de Sucumbíos están de fiesta por cumplirse 50 años de la labor fructífera de monseñor Gonzalo López Marañón. Monseñor Gonzalo falleció en Angola en 2016 después de haber sido expulsado de Sucumbíos en 2010 por el papa Benedicto 16. Sobre su expulsión un obispo amigo le decía: “¡La razón es que te tomaste el Evangelio demasiado en serio!”. Por este motivo las Comunidades Eclesiales de Base de Sucumbíos están de fiesta al recordar cuando comenzó su labor fructífera a partir de una reunión pastoral regional de misioneros de 5 países amazónicos en Iquitos, Perú. Era en 1971 y monseñor Gonzalo había llegado de obispo el año anterior desde España. Esta reunión profética en Iquitos fue el bautismo de monseñor Gonzalo en América Latina porque allí decidió ‘tomar en serio el Evangelio’.

Para entender las opciones de la Iglesia de Sucumbíos con monseñor Gonzalo durante 40 años hay que recordar que la década de 1960 había sido particularmente rica en acontecimientos relevantes tanto sociales como eclesiales. Al nivel social, los pueblos de América Latina, sumisos en la miseria, se rebelaban contra la opresión de los gobiernos y la explotación de sus materias primas por parte de Estados Unidos. En varios países se levantaban guerrillas para liberarse de esta doble esclavitud.

La revolución cubana había triunfado en 1959 gracias a Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. A pesar del bloqueo económico contra Cuba decidido en 1962 por el presidente John Kennedy, muchos países latinoamericanos querían seguir el mismo camino.

Al nivel eclesial el papa Juan 23 había convocado un Concilio en el Vaticano, es decir, una reunión de obispos de todos los países católicos del planeta. Ese Concilio tuvo 4 reuniones anuales de 1962 a 1965. El objetivo del papa Juan 23 era actualizar la Iglesia católica que, a lo largo de los siglos, se había alejado de la misión de Jesús que era hacer acontecer el Reino de Dios en la tierra: ya no se trabajaba mucho por la hermandad universal con horizontes de dignidad y trascendencia. En la convocación del Concilio, para aclarar su propósito, el papa Juan 23 aclaró que “la Iglesia es de todos, pero más particularmente es la Iglesia de los Pobres”.

En América Latina, afín de “aplicar el Concilio a la realidad latinoamericana”, los obispos decidieron reunirse en Medellín, Colombia, en 1968, para hacer realidad el sueño del papa Juan 23: Ser la Iglesia de los Pobres agobiados por la explotación y la miseria mediante una evangelización liberadora. En 1975, el papa Pablo 6° confirmaba esta línea pastoral en su carta encíclica ‘la Evangelización del mundo contemporáneo’ confirmaba las opciones de Medellín: “El Reino es lo único absoluto y todo el resto es relativo… La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de ser testimonio de la misma, de hacer que sea total”.

La reunión pastoral de Iquitos en 1971 tenía estos propósitos tales como comenzaban a hacerse realidad en varios países de América Latina: Ser la Iglesia de los Pobres construyendo el Reino de Dios al colaborar a la liberación integral de todos partiendo de los pobres organizados en Comunidades Eclesiales de Base y Organizaciones sociales. También en Iquitos se dio una especial atención a los Pueblos nativos que vivían en la Amazonía para que se respete su cultura, su sabiduría y sus creencias.

Con todo esto se buscaba ser fieles a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús de Nazaret, a las palabras de los papas Juan 23 y Pablo 6°, y a las orientaciones del Concilio y de la reunión de Medellín. Desde esa fecha, hace 50 años, en Sucumbíos se puso decididamente en marcha esta línea pastoral. Se reconoce al nivel de América Latina y de España la labor incansable y ejemplar de monseñor Gonzalo, de los sacerdotes y de las y los misioneros que lo acompañaron con mucha dedicación como también de las Comunidades que respondieron muy favorablemente.

El testimonio de los mismos católicos de Sucumbíos confirma esta gran labor eclesial y social al felicitar a monseñor Gonzalo por sus cumpleaños: “Usted no está en persona con nosotros, pero vive en nuestros corazones, eso nos anima a seguir adelante, como usted nos decía a caminar con los dos pies y bien firmes…” “Gracias por esa linda herencia que nos dejó y nos da mucho orgullo transmitirla…” “Que sigas cumpliendo muchísimos años más para que nos sigas enseñando hacer comunidades vivas en la fe y seguidoras de Jesucristo…” Esta herencia de Iquitos es el corazón de las conversiones eclesiales y los cambios sociales que quiso el Sínodo sobre la Amazonía quiere el papa Francisco para toda la Iglesia católica, eso es una Iglesia sinodal, es decir, en manos de los laicos y al servicio de los pobres y en defensa de la naturaleza.

Lastimosamente después de la expulsión de monseñor Gonzalo en 2010, las comunidades cristianas viven “la noche oscura colectiva”. Primero vinieron numerosos y prepotentes los Heraldos del Evangelio con una línea pastoral de las más tradicionalistas y se dedicaron, con la ayuda de sacerdotes ecuatorianos traídos por ellos, a destruir sistemáticamente la labor de monseñor Gonzalo. Los mismos católicos de Sucumbíos lograron que se fueran después de 3 años de resistencia y protestas.

Luego en 2013 llegó un nuevo obispo que trató de reconciliar la feligresía sin lograrlo todavía hoy. Desafortunadamente no retomó la línea pastoral liberadora de una Iglesia verdaderamente latinoamericana e indígena. No logra cumplir a cabalidad lo que escribía el obispo profeta Gonzalo un año antes de morir a la Federación de Mujeres de Sucumbíos: “Yo les animo a ustedes a ser fieles, a no fallarle a Jesús y que seamos de tal calibre, de tal calidad, que no nos rompa nadie la vida ni la esperanza…” A pesar de todo continúan presentes las Comunidades Eclesiales de Base que sí logran cumplir lo que le dijo a monseñor Gonzalo el papa Francisco en una entrevista con él en 2015 confirmándolo y agradeciéndolo: “¡Usted tiene que resucitar!”. Eso es lo que están celebrando esperanzadas las CEBs de Sucumbíos. Nos alegramos con ellas y las animamos a no desmayar en esta gran tarea.

   
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